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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Economía

ECONOMÍA

La eléctrica vasca tiene en Oregón su mayor parque eólico en el mundo, la llave para acceder a la lluvia de millones del plan Obama. De paso, resucita aldeas agonizantes
12.04.09 -

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Iberdrola, a la conquista del Oeste
El parque eólico de Klondike tiene 242 molinos y abastece a 115.000 hogares.
Hablar de España en EE UU todavía es algo exótico que desata una exclamación de sorpresa. Pero Kathy Neihart ni siquiera parpadea cuando oye que esta periodista es de España. «Ya, pero de dónde», insiste con un deje de impaciencia. Para ella es de lo más normal, se conoce hasta las provincias. Estamos en Wasco, un pueblo remoto de Oregón donde no hay un sólo semáforo. Un sitio peculiar cuyos escasos 400 habitantes se han vuelto de lo más cosmopolita con cada molino de viento alineado en su horizonte.
La dueña del 'saloon', el único bar o restaurante en 12 kilómetros a la redonda, lleva puesta una sudadera gastada de Iberdrola Renovables.
La empresa española líder mundial del sector tiene en este recodo del Oeste americano su parque eólico más grande del mundo. Son 242 molinos de viento que giran pacíficamente en la desembocadura del Río Columbia, capaces de alimentar 115.000 hogares con sus 400 MW de producción. En el año 2000 no había ni uno. La mecanización de la agricultura dejaba pocos puestos de trabajo. Los pueblos empezaron a desaparecer.
Klondike ya no existe. Son sólo dos casas junto a un silo. Los hermanos Gordon y John Hilderbrand juguetean con sus tirantes mientras recuerdan divertidos dónde estaba la oficina de correos y el salón de baile donde se emborrachaban de jóvenes, pero apuntan a la nada. Lo único que queda de esa aldea es el nombre, recuperado por Iberdrola para su parque eólico.
El viento sopla enloquecedor. «Me pone de los nervios», confiesa Kathy. «Poco podía imaginarme que lo que me volvía loca de este lugar sería precisamente lo que me sacaría de la deuda». Misterios de la naturaleza. La lluvia incensante y tediosa que pinta de verde los bosques y acantilados de Oregón se detiene de golpe en el río Hood. Se abren las nubes, clarea el sol y sopla el viento con furia. Los franceses lo llamaban 'Río Huracán', y hay quien cree que de ahí viene el nombre ('le fleuve aux ouragans'). La capital del windsurf de EE UU contrasta acantilados verdes con tierras áridas y pueblos moribundos que han vuelto a la vida al ser tocadas por la energía eólica. 'I love wind energy', dice la pegatina que Kathy ha puesto en el mostrador de 'Lean to cafe and Goose Pit Saloon' ('Déjate caer por el café y el salón del hoyo de la oca').
Del hotel no queda más que el viejo cartel colgado en el salón. «Lástima que no consiguiéramos el dinero para reconstruirlo -lamenta Kathy-, habría sido un buen negocio». Porque lo que cayó sobre Wasco fueron cientos de trabajadores para instalar turbinas del tamaño de un barco sobre torres de 30 pisos de altura con aspas de tamaño avión.
La primera mujer blanca
Miles de millones de dólares plantados sobre los campos de trigo y cebada que la familia Hilderbrand sembró hace siglo y medio, cuando se abrió la conquista del Oeste. Su abuela, recuerdan estos bonachones agricultores de 80 y 82 años, fue la primera mujer blanca nacida a este lado del río Columbia.
Ellos también son pioneros, pero del viento. Desde que en los años 70 vieron un molino eólico en Texas, los hermanos Hilderbrand no han abandonado el empeño de verlos plantados en su tierra. Cuando la Nasa y Boeing desistieron del experimento, Gordon siguió midiendo los vientos en una pequeña torre aeroportuaria instalada en sus tierras y John se hizo pionero de Internet para buscar quien le ayudase en la empresa. Ahora, a la vejez, su sueño se ha hecho realidad. Y con ello un generoso cheque anual gracias al cual John presume de beber margaritas al sol en un apartamento de tiempo compartido en Puerto Vallarta (Mexico), que compró con el pago inicial. «¡Desde luego deja más que el trigo!».
La mano de Iberdrola va a tocar muchas más vidas con la ayuda del plan de Obama para reactivar la economía, que destinará 317.200 millones de dólares a inversión pública, de los que 98.200 irán a energía y medio ambiente. De ellos 30.000 se dedicarán a mejorar la red eléctrica, entre otras cosas.
Ese empujón a la infraestructura de alta tensión, necesaria para transportar la energía eólica, llegará acompañado de un paquete de medidas fiscales que devolverá a las empresas de energías renovables hasta un 30% de su inversión en nuevas plantas; subsidios directos a fondo perdido; y una extensión de la ley de créditos de producción por la que el Gobierno reembolsa actualmente 2,1 centavos de dólares por cada kilowatio/hora (kwh) producido en nuevas instalaciones.
En la sede estadounidense de Iberdola Renovables, afincada en Portland (Oregón), el entusiasmo es desbordante. «Es difícil decirlo todavía porque sólo hay líneas maestras, pero podemos estar entre las empresas de energías renovables que más nos beneficiemos de las subvenciones energéticas», calcula Jan Johnson, responsable de comunicación. Como las subvenciones se darán en función de los megawatios que estén ya en régimen de operación comercial, es fácil visualizar las buenas expectativas de la empresa vasca, que el año pasado instaló en el país 1.337 MW, lo que supone un crecimiento del 87% con respecto al ejercicio anterior. Con turbinas en 14 estados de la Unión y un total de 2.876 MW, la compañía tiene ya en EE UU el 31% de toda su capacidad instalada en el mundo.
Otro proyecto Apolo
El nicho es impresionante. Apenas el 4% de la energía estadounidense procede de fuentes renovables, en comparación al 12% de España. El viento supone poco más del 1,5%, por lo que el terreno está casi virgen.
Obama se ha propuesto que para el final de su mandato, en 2012, el porcentaje de energía renovable alcance el 10%, y para el 2025 llegue al 25%. Un proyecto Apolo como la conquista de la Luna, lo llama él, con el que crear 'empleos verdes' e invertir en la infraestructura de la que adolece el país.
Todos quieren un molino de viento en su tierra. El cheque es jugoso (más de 5.000 dólares anuales por cada turbina instalada); y como dice John Hilderbrand, llega cada año llueva o no llueva, «¡y todo es neto, no hay que descontar ningún gasto!». Sólo en impuestos Iberdrola Renovables paga a las autoridades locales más de un millón de dólares al año. Gracias a eso la escuela de Wasco, en uno de los condados más pobres de Oregón por renta percápita, ha pasado de no tener ni banda de música a exhibir un impresionante ejército de autobuses amarillos, y la Fundación Atlética del condado acaba de construir una pista para lanzamiento de jabalina con 15.000 dólares que ha donado la empresa presidida por Ignacio Sánchez Galán. Más de medio siglo después, este español parece el nuevo Mr. Marshall, consciente de que las relaciones con la comunidad son claves para su negocio.
El plan energético de Obama ha puesto el ojo y el talonario en el Oeste americano al proporcionar a las autoridades de esta costa 6.400 millones de dólares en créditos para la red eléctrica de alta tensión.
Más de lo que recibirá la autoridad federal para todo el país. Esa infraestructura permitirá a Iberdrola Renovables desarrollar con más rapidez los proyectos en cartera, que en EE UU suponen el 41% de su total mundial. Si ahora es la segunda mayor compañía de energía eólica del país, las nuevas medidas legislativas le ponen a tiro a su rival, Florida Power & Light Company (FPL).
Todavía hay más. El Congreso trabaja en una ley que forzará a todos los estados de la Union a cumplir un porcentaje mínimo de energía renovable acorde al sueño de Obama, lo que obligará a otros gobiernos estatales más retrasados a buscar inversores. British Petroleum (BP) ya ha empezado a clavar sus turbinas en los alrededores de Wasco. Pero también Horizon (Portugal), Suzlon (India), Vestas (Dinamarca). La conquista del Oeste ha comenzado.
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