El diagnóstico de Corín Tellado respecto a su propia salud, cuando cumplió 80 años en 2007, era devastador en lo físico pero entusiasta en lo intelectual. «Oigo mal, veo peor, necesito un bastón y la diálisis me deja hecha trizas un día sí y otro también, pero aún dicto sin titubear». La reina de corazones, la escritora de los 4.000 libros con su firma y 400 millones de volúmenes vendidos, murió ayer a los 81 años, en un hospital de Gijón y con el título de haber sido la autora más leída en español según el Libro Guinness de 1994. El pasado miércoles había entregado a la revista 'Vanidades', dirigido al público latinoamericano y con sede en Miami, su última novela, que como en los últimos años había dictado a su nuera.
Con ella se va todo un capítulo de la historia sociocultural de la España contemporánea. El fenómeno de Corín Tellado rebasó la simple literatura de kiosko -o 'de a duro', como se la llamaba por el precio del ejemplar- y tocó de lleno la imaginación de cientos de miles de mujeres y reforzó los estereotipos femeninos de las distintas épocas en las que ejerció la escritura, desde la posguerra hasta esta misma semana.
Escasa vida amorosa
En los años cuarenta, Corín Tellado dibujó una mujer resignada, virgen antes del matrimonio y a la busca de un hombre apuesto y con una buena posición que hiciera soñar a unas lectoras marcadas por el hambre de la posguerra.
Ya en los sesenta cambió de tono y dio entrada a chicas universitarias, más libres, pero al final entregadas a la indiscutible institución del matrimonio. Y en los ochenta aportó su granito de arena al 'boom' de la novela erótica con una colección llamada 'Especial Venus', de la editorial Bruguera, que firmó con el seudónimo de Ada Miller y en la que se leían frases como éstas: «Nicole, ¿me dejas que te posea en tu cuarto antes de hacer las maletas? No decía nada. Se apretaba contra él, cruzándole el cuello con el dogal de sus brazos y se entregaba ardiente y apasionadamente».
Cuando empezó a publicar, en 1946, Corín Tellado tenía 20 años, vivía en Cádiz y desconocía por completo lo que significaba el amor. Pero ella no escribía de la realidad sino de los sueños, y la intuición le llevó a los hombres altos, fuertes, ambiciosos, solventes y en busca de la mujer casta y abnegada con la que formar una familia, justo lo que deseaban sus lectoras.
María del Socorro Tellado había nacido en Viavélez, una localidad costera del municipio asturiano de El Franco, el 26 de abril de 1926. Su padre trabajaba como maquinista en la marina mercante y al ascender a oficial le destinaron a Cádiz al terminar la Guerra Civil. La joven Corín -diminutivo de Socorro- leía novelas de Alejandro Dumas y Honoré de Balzac, pero también de Pedro Mata, un autor de novela sentimental algo picante de principios del siglo XX.
Por su primera novela, 'Atrevida apuesta', le pagaron tres mil pesetas, y su éxito le llevó a firmar el primer contrato de su vida con Bruguera. En 1951 empezó a publicar en la revista hispanoamericana 'Vanidades', que gracias a su colaboración subió de 16.000 a 68.000 ejemplares. En ella tuvo a un corrector de pruebas luego muy conocido y gran defensor de su obra, Guillermo Cabrera Infante.
«Despechada»
Maestra en narrar amores que acababan bien, su escasa vida sentimental fue un auténtico calvario. Se enamoró una vez de un marino que no le correspondió y, «despechada», como ella contaba como si fuera la protagonista de una de sus novelas, se casó en Covadonga y vestida de negro con el primero que se puso a tiro. No le duró mucho. Corín Tellado se separó de Domingo Egusquizaga, un vasco que según la autora la maltrató psicológicamente, cuatro años después, en 1962.
Para entonces ya tenía el dinero suficiente como para vivir con sus dos hijos en Gijón, su fama carecía de rivales -sólo Marcial Lafuente Estefanía le hacía sombra- y su éxito le llevó a la fotonovela, un formato en el que debutó en 1966 con unas ventas de 750.000 ejemplares por su primera entrega semanal, 'Eres una aventurera'. Su único revés editorial lo tuvo en los juzgados, cuando una sentencia de 1973 le obligó a pagar 65 millones de pesetas a Bruguera, que compensó con la escritura desenfrenada de más novelas hasta que la casa editora quebró en 1976.
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