El asalto corsario al buque de bandera estadounidense 'Alabama' cuando navegaba el miércoles por aguas del Índico se complicó ayer con la presencia de barcos de guerra y dos lanchas de piratas fuertemente armados que habían salido del puerto somalí de Haradheere para ayudar a sus compinches.
En medio de una escena que Hollywood aún no ha alcanzado ni a imaginar, un bote salvavidas del propio barco mercante daba vueltas sin rumbo con cuatro piratas y el capitán del 'Alabama', Richard Philips, como rehén, a bordo. Según manifestó la secretaria de Estado, Hillary Clinton, «parece que se están quedando sin combustible».
Un elemento de la historia que la convertía en 'reality show' fue la capacidad de algunos medios para contactar telefónicamente con parte de los protagonistas del drama en alta mar. Primero fue la CNN, que habló con un tripulante aturdido que había pasado doce horas negociando con los piratas para intercambiar rehenes.
Los filibusteros se habían alejado del 'Alabama' en un bote, acompañados del capitán, que se había ofrecido voluntario. Los veinte hombres de la tripulación se quedaron con un pirata al que habían reducido y atado durante la rebelión por la que retomaron el control del barco. «Nosotros se lo entregamos (al pirata) pero ellos no nos devolvieron a nuestro capitán», contó acongojado Ken Quinn, en directo a la CNN. «Estamos ofreciéndoles lo que podemos, comida, pero no está funcionando muy bien», admitió.
Tripulación con arrojo
Su voz trémula y confundida, que acabó de golpe con un «me tengo que ir», conmovió a los estadounidenses. Sólo el año pasado medio centenar de barcos fueron secuestrados en las aguas del Índico, entre ellos un pesquero español, pero EE UU nunca se había visto tocado por esta tragedia que se sucede junto a las costas sin ley de Somalia. Y ninguna otra tripulación había intentado ser Rambo y enfrentarse desarmada a sus asaltantes.
Aún más sorprendente fue que la agencia Reuters lograra contactar, también por teléfono satélite, con los cuatro piratas que retienen al capitán Philips. «Estamos rodeados de barcos de guerra», le dijo el retenido responsable del 'Alabama', también asustado. «No tengo tiempo para hablar. Reza por nosotros, por favor», zanjó. El FBI se encarga ya de las negociaciones con los piratas, que probablemente no saben las muchas limitaciones políticas que tienen los barcos de guerra estadounidenses para actuar en aguas internacionales.
En el puerto pirata de Haradheere, un compinche de la banda asaltante advertía de que sus colegas estaban armados y listos para defenderse. «El capitán es nuestro escudo. Mientras esté a bordo no destruirán el bote», declaró. Luego, con voz nerviosa, añadió que «si no se aceptan nuestras condiciones los compañeros matarán al capitán. Queremos que los navíos de guerra abandonen la zona, para que la lancha llegue a la costa, y que los estadounidenses paguen un rescate y una compensación por la embarcación que destruyeron durante la lucha».
Según señaló esta pasada madrugada la compañía danesa propietaria del buque, «el capitán está ileso», aunque evitó dar más detalles «por motivos de seguridad». Mientras tanto, el jefe del Mando Conjunto Central de EE UU, el general David Petraeus, anunció que se incrementará la presencia de barcos estadounidenses en el Cuerno de África en las siguientes 48 horas para asegurar el despliegue necesario en la zona «ante lo que pueda venir en los próximos días».