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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

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Albasini gana una etapa que fue emocionante en Urkiola y que luego se frenó por el accidente del gregario de Contador

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En Güeñes no quedan fronteras. Ganó la cuarta etapa un suizo que habla alemán y luce apellido italiano: Michael Albasini. El líder de la Vuelta al País Vasco es un madrileño de equipo kazajo, Contador. Y, a sólo ocho segundos, sus rivales son aún Samuel Sánchez, asturiano del equipo más vasco, el Euskaltel-Euskadi; Colom, un mallorquín al servicio del Katyusha, el buque insignia del ciclismo ruso, y Evans, el australiano formado en Bélgica y adiestrado por el preparador italiano Aldo Sassi. Hace tiempo que las bicicletas circulan sin aduanas. Mil idiomas en la Vuelta a Babel.
Pero todos entendieron a la primera un sonido universal. Chirriante primero; seco después. El de la caída de Horner junto a la navaja brillante de un quitamiedos a la salida de Otxandio. Hasta ahí, hasta el kilómetro 37, la etapa rodaba loca, embravecida por un ataque de Luis León Sánchez. Ahí, con ese ruido gélido, la carrera se paralizó. Se cerró la tapa del silencio. «No he querido ni mirar», dijo Contador. El pretil atemoriza. Amputa. Horner, compañero del líder, había patinado. Pasó por debajo, a nada del filo. El miedo no necesita idioma. El gregario americano de Contador sólo se había dañado la escápula, pero eso se supo luego. El susto se tragó la etapa. Todos se sintieron en la piel de Horner y frenaron. También Luis León. Ahí se acabó la carrera para todos y comenzó la victoria de Albasini. En la tregua. Tenía que ser así. Es suizo, del país neutral. Bandera blanca en la Vuelta.
La cuarta etapa nació grande, de la talla de Urkiola, y se redujo después al tamaño de una anécdota: la victoria de Albasini sobre Van den Broeck y Vandevelde. Ellos, Deignan, Arrieta y Serrano aligeraron el paso enseguida. Casi desde la salida en Eibar. Nadie volvió a verlos. Sin rastro hasta la meta. El pelotón se entretuvo en Urkiola, el primer puerto del día. Imponente. El Euskaltel-Euskadi buscó pruebas de que todavía es posible desbancar a Contador. Golpeó y pegó la oreja a la pared del puerto. Por si oía al madrileño flojear. Qué va. El líder subió en paralelo a Samuel. Exactos los dos. Arriba, por su cuenta, Luis León Sánchez metió primero el manillar en una curva y se largó. Caballo. Peligro. Un pura sangre. «Hemos visto que había flojera entre la gente y 'Luisle' ha arrancado. Eso me gusta», le felicitó el director del Caisse d'Epargne, Neil Stephens. El murciano descosió el descenso hacia Otxandio. Fuego en las emisoras. Órdenes en mil lenguas.
El equipo kazajo, el Astana, inició la caza con un español, Dani Navarro, y un estadounidense, Horner. En cabeza de la jauría. Ladridos. Otxandio, vecino del frío, asistió a un chispazo. Algo pasó bajo los pies de Navarro. «Igual se le ha roto la cadena», se oyó. Corrían los dorsales. Pero los fotogramas de la caída pasaron lentos. Navarro, como si tropezara con un obstáculo invisible, se desequilibró. Horner se quedó sin opción. Voló raso. Roce con la guillotina invertida del pretil. Presión en las gargantas de los que venían detrás. Un segundo eterno, inmóvil. El idioma del miedo. Purito Rodríguez tragó saliva y contó la escena por la emisora. Su equipo, el Caisse d'Epargne, mandó frenar a Luis León. Con él, se paralizó la etapa. Al trote. Asustados. A la espera de saber qué era de Horner. Sonreía cuando lo sacaron de la honda cuneta. El casco ladeado. Sudor rojo. Mataduras en los codos. Arrugas en el culotte. Quiso seguir. El instinto. Pero algo parecía roto. A la ambulancia. Cuando la etapa se cobró esa víctima, se firmó el pacto de no agresión. Ya cruzarán guantes en Zalla, en los dos días por cumplir.
Jornada para Albasini
Ayer era una jornada para Albasini, Van den Broeck y Vandevelde. Suizo, belga y americano. La etapa grande de Urkiola se empequeñecía hasta tener el formato de una pancarta: la de meta. Eso quedaba. Van den Broeck es un rodador. Percherón capaz de ganar en Erandio el Memorial Txuma. Vandevelde estuvo con Armstrong en los Tours de 1999 y 2001. Era el 'yankee' más prometedor de su generación. El suyo es apellido de velódromo. John, el padre, había llenado las vitrinas de casa con tres títulos nacionales de persecución individual. Son perseguidores genéticos. Cuando Christian aún no había nacido, John ya había rodado por los juegos olímpicos de 1968 y 1972. Por eso, el joven Vandevelde no creció soñando con Induráin, sino con Ekimov, el rey del anillo. Pero perseguir no es igual que remontar. Albasini sí era de Induráin. Con 12 años subió al Galibier para verle pasar. Tremendo esfuerzo para un futuro velocista. Eso fue ayer. Más rápido bajo la pancarta de Güeñes. Triunfador en la tregua. Suizo, claro.
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