Las últimas décadas no se han caracterizado en el norte de África precisamente por la emoción de su actividad electoral. Marruecos cuenta con una monarquía. En Libia, Muamar Gadafi lidera los destinos de la Gran Jamahiriya desde 1969. Hosni Mubarak, en Egipto, ya va por su quinto mandato después de acceder al poder tras la muerte de Anuar Sadat en 1981. En Túnez, Zine el Abidine ben Alí modificó la Constitución para poder presentarse de manera ilimitada, y gobierna desde 1987. La historia reciente demuestra que los dirigentes del Magreb tienen una especial querencia por sus sillas presidenciales.
Argelia había sido hasta hace relativamente poco una excepción en la zona. Sin embargo, todo hace prever que tras las elecciones de hoy, Abdelaziz Buteflika se unirá a la lista de presidentes vitalicios magrebíes. Sin oponentes fuertes, el actual presidente será elegido, casi con toda seguridad, jefe del Estado por tercera vez consecutiva. Antes de noviembre, este tercer mandato no hubiera sido posible. Pero el dirigente, con 72 años, consiguió sacar adelante una enmienda de la Carta Magna para presentarse indefinidamente al cargo.
Otros cinco candidatos concurren a los comicios presidenciales. Sin embargo, el contrincante más temido por Buteflika será la abstención. Los principales partidos de oposición, como la Agrupación por la Cultura y la Democracia (RCD) o el Frente de Fuerzas Socialistas (FFS), han llamado al boicot de las elecciones, y los expertos vaticinan una escasa participación.
El hastío entre la población por unos comicios que se perciben como sellados de antemano podría debilitar el futuro gobierno del actual presidente. También la falta de candidatos de peso, que han optado por mantenerse alejados de lo que Said Saadi, presidente del RCD y que representó a su partido en las dos últimas elecciones, ha calificado de «circo patético». Pero para sus seguidores, que aún tienen en mente la sangrienta década de los 90, en cuya guerra civil murieron más de 150.000 personas, Buteflika seguirá siendo el artífice de la paz. El presidente que consiguió reducir la violencia gracias a su política de «reconciliación nacional», que amnistía y rehabilita a los islamistas que dejan las armas.
El propio mandatario anunció que volvía a presentarse a la presidencia porque lo consideraba «un deber moral», y que su política será continuista. Pero para muchos analistas, esta falta de alternancia no aportará estabilidad al país. «En cambio, para una creciente juventud desafecta, la naturaleza de estas elecciones erosionará aún más la confianza en un sistema ya de por sí débil», advierte Dana Moss del Washington Institute for Near East Policy.
Candidatos sin opciones
La ruptura con ese continuismo y la apuesta por un cambio radical es la receta por la que apuestan los cinco candidatos que se verán las caras con Buteflika, la mayoría pertenecientes a partidos muy minoritarios. Entre los más conocidos se encuentra Luisa Hanun, la 'Pasionaria argelina', como la denominan en su país, y la única mujer al frente de un partido político en Argelia, el Partido de los Trabajadores (PT), de tendencia trotskista.
También se presentan Musa Tuati del Frente Nacional Argelino (FNA) y Yahid Yunsi, secretario general del único partido islamista (aunque moderado) que concurre. Todos ellos han denunciado el uso de los medios públicos a favor de la campaña electoral de Buteflika, quien se ha recorrido el país de arriba abajo en un avión privado pagado por los contribuyentes. Privilegios aparte, los candidatos de oposición poco pueden hacer contra un presidente saliente al que apoya el Ejército y todo el aparato estatal, además de los tres principales partidos: el Frente de Liberación Nacional (FLN), la Agrupación Nacional Democrática (RND) y el Movimiento de la Sociedad por la PAZ (MSP), de tendencia islamista.
La frustración que provoca en grandes regiones argelinas el estancamiento económico y los vicios de un Estado que no acaba de modernizarse ha servido de catalizador para los sectores más radicales de la sociedad. Mientras que muchos jóvenes optan por la emigración al no ver un futuro próspero en su país, otros han caído en las redes de grupos terroristas como Al-Qaida.