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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Gente

ISRAEL

Grupos de ciudadanos vigilan cámara en mano el cumplimiento de la ley que impide vender productos con levadura en la Pascua israelí

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Ni una miga de pan
Se hacen llamar 'los soplones de la levadura' y amenazan con llevar hasta la Policía y el Ministerio del Interior a todo establecimiento que estos días ose despachar una simple rebanada de pan, un pastel o una porción de pizza a la vista del público en cualquier rincón de Israel. Mientras la Cristiandad celebra la Semana Santa, el Estado judío se encuentra desde ayer sumergido en los rigores del Pesaj, la ancestral Pascua que evoca la huida de Egipto, durante la que los hebreos no tuvieron ni tiempo de fermentar el pan.
Es un periodo estrictamente sujeto a la Ley de Dios, que en el Éxodo advierte con «cortar de Israel» el alma de quien coma leudados. Las familias más observantes acometen una frenética limpieza de los hogares para borrar de ellos todo rastro de la maldita levadura: el denominado 'hametz'. Ni una miga suelta. Las vajillas se depuran al rojo vivo, se queman los muebles que puedan tener trazas de pan, que los más piadosos tratan de eliminar de sus bocas incluso raspándose los dientes. Para la Torá, la transgresión de esta norma se cataloga entre las 36 que merecen castigo de muerte.
Pero es también en Israel una semana sujeta a la ley de los hombres: la de Prohibición de la Levadura que en 1986 aprobó el Gobierno, y que un Tribunal de Jerusalén modificó el año pasado para permitir -como gesto hacia la mayoría secular y ante el escaso poder de persuasión de las multas- la venta y consumo de los productos proscritos. Siempre que se haga en el interior de locales y no pueda verse desde la calle.
Con la reforma, lo que antes eran piquetes de violentos ultraortodoxos dispuestos cual inquisidores a dar su merecido a los que merendaban sándwiches o té con pastas en una terraza, ha dado lugar a una nueva forma de brigadas de pureza ciudadana. Lo que antes eran ataques y advertencias apocalípticas a los restaurantes se ha transformado en una campaña de ojeo: cámara en mano, los 'soplones' vigilarán desde fuera. Dispuestos a denunciar ante la autoridad cualquier ilícito culinario. También aceptan quejas anónimas: el negocio de la cadena de hamburgueserías más famosa del mundo que funciona en Haifa está ya en el punto de mira.
'Striptease' protesta
«El carácter judío de este Estado está en juego», ha proclamado Nachi Eyal, jefe del Fórum Legal para la Tierra de Israel, compuesto en su mayoría por religiosos observantes. «Este es el único Estado judío en el mundo, y tenemos obligación de asegurarnos de que la esfera pública queda libre de 'hametz'. Tras la reforma del año pasado, hemos decidido que lo que queda de la ley debe cumplirse».
No todos han asumido las novedades de la ley con igual urbanidad. En Tel Aviv, la pasada semana era detenido un estudiante de una escuela talmúdica, Aryeh Yarushalmi, de 27 años, después de que protagonizara un 'striptease' en un supermercado en protesta por los frescos aires de modernidad que han venido a relajar las tradicionales prohibiciones de Pesaj. En su descargo, el joven explicó al tribunal que su desnudo no podía ser considerado una provocación, ya que reunía las mismas condiciones de reserva y discreción que hoy se aplican a la venta sacrílega de la levadura: lo hizo dentro del establecimiento, y sin que se pudiera ver desde la calle. El juez lo ha mandado a su casa.
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