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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

Vizcaya

DE CUANDO EN CUANDO

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V amos a vivir unos minutos en aquellas calles del Bilbao de antaño, cuando circulaban por ellas incluso los carros de bueyes, porque en mi archivo de noticias retrospectivas poseo como prueba varias gacetillas que dan cuenta de algún choque en el que intervenía un carro de bueyes y se citaba más de una vez el detalle que quiero comentar con ustedes y que da título a mi comentario. El detalle del cuerno.
En el caso de que un carro de bueyes choque con otro carro, e incluso con un tranvía, ¿cuál creen ustedes que era la parte anatómica del buey más expuesta a sufrir las consecuencias? ¿Las patas? Pues no, señores. La parte que pagaba casi siempre las consecuencias del accidente era ese detalle que da título a mi comentario; el cuerno.
En mi último libro, 'Cómo cambian los tiempos don Marcelino', incluyo el choque ocurrido en la calle Barroeta Aldamar en 1903, en el cual, aparte de los desperfectos de los carros, uno de los bueyes (copio) «resultó con la rotura de un asta».
Yo pensé que lo del cuerno había sido una casualidad, pero veo que no, que los cuernos eran la parte más vulnerable de los bueyes en caso de impacto, porque he encontrado otras dos noticias anteriores que dan fe de mi afirmación respecto a la fragilidad de este elemento.
Una de ellas dice así: «El tranvía de las cuatro y media de ayer que venía de Santurce tropezó con un carro de bueyes en el puente del Arenal, arrancando a uno de los animales el cuerno derecho».
En la otra, que es del mismo año, podemos leer lo siguiente: «Una pareja de bueyes tropezó ayer con un carro cerca del Teatro Antiguo, resultado con un asta de menos uno de los bueyes».
Resulta difícil de entender este detalle de los cuernos, teniendo en cuenta, sobre todo, la velocidad lenta que suelen llevar los bueyes, vayan o no vayan uncidos a un carro, pero las noticias testimonian esta curiosa circunstancia 'córnea'. Afortunadamente para el carretero, los cuernos no influían para nada en la eficacia de aquel sistema de tracción que, para bien o para mal, ha desapareció hace tiempo de nuestras calles.
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