La remodelación del Gobierno emprendida por José Luis Rodríguez Zapatero ha tenido un mayor calado del anunciado el pasado domingo. El jefe del Ejecutivo ha introducido finalmente cambios en cinco ministerios y ha llamado a su lado a los pesos pesados del PSOE. En el Gabinete, que hoy celebra su primer Consejo tras prometer ayer sus nuevos miembros sus cargos ante el Rey, se sentarán, por primera vez en la historia, el secretario general, el presidente y el vicesecretario general del partido, además de dos destacados miembros de la dirección.
La llegada de Manuel Chaves, José Blanco y Trinidad Jiménez -añadida a la presencia de Alfredo Pérez Rubalcaba- evidencia que el nuevo Gabinete tendrá el mayor perfil político desde que Zapatero accediera al poder en 2004. «Es un equipo fuerte, activo y con un gran peso político», advirtió él mismo. Con una consigna clara: reforzar la imagen de la gestión gubernamental, saber vender a la ciudadanía las decisiones que se toman desde La Moncloa en tiempos de zozobra financiera y recuperar una iniciativa que parecía perdida en un Gobierno que daba señales de estar noqueado ante los malos datos económicos. «Debemos dar la sensación de que aún tenemos recursos y capital suficiente para sacar esto adelante», aseguran fuentes socialistas
Las dificultades para transmitir a los electores las medidas que ha sacado adelante han sido constantes en los ejecutivos del PSOE. El propio presidente ha reconocido a sus compañeros de Ferraz cómo esta incapacidad les ha lastrado electoralmente. Hasta el punto de que cree que les impidió sumar una mayor ventaja frente al PP en las generales del año pasado, después de una primera legislatura con decisiones de gran calado como la retirada de las tropas de Irak, la aprobación del matrimonio entre homosexuales, la Ley de Dependencia y la de la Memoria Histórica.
A todo ello se le había añadido un problema mayor en los últimos meses: ante la voraz crisis, faltaba pegada política en el Gobierno para ofrecer imagen de solvencia y coordinación entre ministerios. Los mimbres gubernamentales -reconocen fuentes socialistas- no servían para encarar la recesión y superar el aislamiento parlamentario.
En un intento de paliar estos déficits, retomar la iniciativa y poner a trabajar la Administración pública con nuevos proyectos que permitan reflotar la economía y recuperar la confianza del electorado, Zapatero ha prescindido de experimentos y ha buscado en su partido. Esta vez ha optado por nombres en absoluto anónimos y ha reclutado a sus correligionarios más fieles y a quienes, como Blanco y Jiménez, le auparon al liderazgo del PSOE en 2000, a través de la corriente Nueva Vía.
Medir el 'efecto ZP'
El jefe del Ejecutivo rectifica las líneas generales de un Gabinete que no tenía ni un año de existencia -el viernes hubiera cumplido su primer aniversario- y que confeccionó como un guiño a las mujeres, con más presencia femenina que masculina. Su composición no fue todo lo acertada que se esperaba ante el 'crack' económico que sacude España. Ante el temor a que la recesión pase factura en las urnas al PSOE y asome el final del 'efecto ZP', su líder ha realizado una profunda remodelación del Ejecutivo. El momento de los cambios coincide con unas elecciones europeas a dos meses vista en las que los primeros sondeos dan vencedor al PP, que acaba de arrebatar a los socialistas la Xunta de Galicia. Los populares llevan semanas anunciando un «cambio de ciclo» y su retorno a La Moncloa en 2012 «o antes».
El presidente mantiene el mismo número de ministerios -catorce-, aunque añade una tercera vicepresidencia: la que ocupará el hasta ayer presidente de la Junta de Andalucía. Y redistribuye algunas competencias que estaban descompensadas. Desaparece Administraciones Públicas, 'engullida' por la vicepresidencia de Chaves; la secretaría de Estado de Universidades sale de Ciencia e Innovación -la cartera de la donostiarra Cristina Garmendia- para pasar a Educación; y las Políticas Sociales dejan de estar dispersas en Educación y Sanidad para concentrarse en este último. Zapatero evita cumplir su promesa de crear un Ministerio de Deportes, pero, a cambio, incluye la secretaría de Estado de este área en el organigrama de La Moncloa.
Todo ello para dar un giro al Gabinete e intentar proteger los flancos más golpeados por la oposición. Caen Pedro Solbes, arrollado por la crisis económica, que transmitía una imagen de hastío -llegó a decir que admiraba al cesado Mariano Fernández Bermejo, que era ya «ex ministro»- y que había manifestado su desacuerdo con numerosas propuestas de gasto anunciadas por Zapatero y su equipo; así como Magdalena Álvarez, cuya gestión en Fomento le ha valido la reprobación de casi todo el arco parlamentario y que si no había dejado antes su cartera era por la insistencia de la oposición en reclamar su cese. También se van Bernat Soria (Sanidad), Mercedes Cabrera (Educación) y César Antonio Molina (Cultura), quienes, a pesar de tener un currículum inmaculado, no han sabido transmitir las bondades de su labor.
Zapatero reconoció de manera velada los fallos de su anterior diseño gubernamental. Aseguró que la remodelación obedece a la necesidad de imprimir «un cambio de ritmo» a su Ejecutivo y dar «un nuevo impulso» a las políticas destinadas a reactivar la actividad y generar empleo. El presidente destinará a esta tarea a los tres dirigentes que mayor relevancia obtienen en el Ejecutivo. Elena Salgado, al frente de la vicepresidencia segunda y del Ministerio de Economía; Manuel Chaves, como vicepresidente tercero y responsable de Cooperación Territorial; y José Blanco, en la cartera de Fomento están llamados a ser el 'motor' de la recuperación. Fuentes socialistas sostienen que serán ellos los encargados de impulsar nuevos proyectos, gestionar las inversiones y coordinar los planes con las comunidades autónomas. El objetivo es reducir el paro, que supera ya los 3,6 millones de personas y amenaza con seguir desbocado en los próximos meses. El presidente reconoció que su «preocupación fundamental» es que las medidas anticrisis lleguen cuanto antes al ciudadano.
Apoyos parlamentarios
Es la misión que ha encargado a Salgado, una de los cuatro ministros que han ido manteniéndose en los sucesivos Ejecutivos de Zapatero desde 2004, junto a María Teresa Fernández de la Vega, Miguel Ángel Moratinos y Elena Espinosa. La nueva responsable de Economía es una de las colaboradoras mejor valoradas por el jefe del Gobierno, aunque tenga fama de poca cintura negociadora. Llega con el respaldo del ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, y del jefe de gabinete presidencial, José Enrique Serrano.
Experta en las interioridades de la Administración Pública, tendrá que arriesgar, una cualidad la del riesgo en la que nunca ha destacado Solbes. De hecho, el propio Zapatero, tras alabar la «inteligencia, tenacidad y dedicación» del vicepresidente saliente, advirtió que el relevo obedece a la necesidad de imprimir un «cambio de ritmo, de acelerar y poner toda la energía que podamos en combatir la crisis económica». Salgado es la ideal, a su juicio, para esta tarea por su «extraordinaria eficacia en la gestión». El nombramiento ha causado, no obstante, sorpresa en el mundo empresarial al carecer de experiencia en este ámbito, al que ha sido destinada en una coyuntura extremadamente difícil.
El presidente subrayó que su tarea deberá estar «coordinada» con la del tercer vicepresidente, Manuel Chaves. El político andaluz deberá negociar los proyectos con las autonomías y, al mismo tiempo, atemperar la relación con los nacionalistas. El peso de pactar con partidos como CiU, PNV, ERC o Coalición Canaria recaía hasta ahora en Fernández de la Vega, como responsable de Relaciones con las Cortes, y en José Antonio Alonso, como portavoz en el Congreso. Ahora se sumará Chaves, que además tiene un buen conocimiento de todos los presidentes autonómicos, incluido el catalán José Montilla, al que intentará frenar en sus reclamaciones para sellar la financiación.
Pero Zapatero, aficionado como es a los golpes de efecto, no podía cerrar la crisis sin alguna sorpresa. La designación de Trinidad Jiménez para Sanidad no figuraba en las quinielas, aunque no sorprendió en exceso ya que es conocida la querencia que tiene el presidente hacia su hasta ahora secretaria de Estado para América Latina.
Más sorprendente fue el nombre de Ángel Gabilondo, rector de la Universidad Autónoma de Madrid, para tomar las riendas de Educación. Y lo que dejó descolocados a muchos fue la designación para Cultura de la presidenta de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas, Ángeles González-Sinde. Se sabía de su amistad personal con el jefe del Ejecutivo, pero se desconocía su vocación pública y menos su perfil político. «Como creadora y como persona es especialmente idónea para dirigir esta tarea», subrayó Zapatero.