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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Viernes, 19 septiembre 2014

Política

ELENA SALGADO. ASUNTOS ECONÓMICOS (VICEPRESIDENTA 2ª)

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Una trabajadora inflexible
Elena Salgado, en una imagen reciente. / REUTERS
La persona encargada de tomar las medidas para hacer frente a la crisis económica más grave vivida por España en décadas colecciónó matrículas de honor y sobresalientes en su paso por la Facultad de Económicas de la Complutense y la Escuela Superior de Ingenieros Industriales de la Politécnica de Madrid. Es una trabajadora infatigable, discreta en el trato, fría de carácter y elegante de aspecto. Pero su trayectoria revela que tiene una carencia que puede tener gran relevancia en el momento actual: no conoce el significado de la palabra flexibilidad.
Elena Salgado, que está a un mes de cumplir 60 años, ha desarrollado la mitad de su carrera profesional en la Administración. Natural de Orense, pasó su infancia y juventud en Madrid. Fue alumna del colegio Decroly, una institución que pretende que sus alumnos abandonen las aulas con un conocimiento exquisito del inglés y notables habilidades para la música y el teatro. Cuando sus amigos hablan de su gran inteligencia no parecen faltar a la verdad: en su paso por las aulas de la Universidad destacó y mucho. Y no sólo por ser la única mujer que estudiaba Ingeniería Industrial en su promoción, sino sobre todo por la brillantez de sus notas.
Su primer contacto con la Administración fue temprano. Tenía sólo 33 años cuando entró en 1982 en el Gobierno de Felipe González como directora del Departamento de Estudios del Instituto de la Pequeña y Mediana Empresa, dependiente del Ministerio de Industria. Años después, sería secretaria general de Comunicaciones a las órdenes del entonces ministro José Borrell.
Disciplinada y rígida
En todo ese tiempo se forjó una imagen de trabajadora infatigable, rigurosa hasta desesperar a veces a sus subordinados, disciplinada y eficaz. Sus facetas de deportista -juega al tenis, nada, monta a caballo y alguno de sus colaboradores sostiene que ha llegado a subir al Kilimanjaro- y melómana no habían trascendido aún porque los focos todavía no iluminaban su figura.
Su nombre ocupó fugazmente los titulares de los periódicos cuando, unos meses después de haber sido nombrada presidenta de la Fundación Teatro Lírico -que rige los destinos del Real- por un acuerdo entre Cultura y el Gobierno de Ruiz Gallardón, recibió una sutil invitación del nuevo Ejecutivo de Aznar para dejar el cargo. Salgado se limitó a no escuchar la sugerencia, y el secretario de Estado Miguel Ángel Cortés se vio obligado a desalojarla del mismo por el insólito procedimiento de suprimir el puesto. Ni siquiera eso calló a la hoy vicepresidenta: recurrió a los tribunales. Sin éxito, hay que decir.
Durante las dos legislaturas de Aznar, Salgado se retiró a la empresa privada. Fue primero consejera delegada de Vallehermoso y luego presidenta de la compañía de información telefónica '11811'. Ahí estaba cuando la llamó Rodríguez Zapatero para que ocupara la cartera de Sanidad, avalada también por Alfredo Pérez Rubalcaba, peso pesado dentro del partido primero y del Gobierno más tarde, con quien mantiene una larga amistad.
Nadie le negará que durante los tres años que ocupó el cargo consiguió reducir el consumo de tabaco en los espacios públicos pese a que la ley que promovió ha sido objeto de un incumplimiento generalizado. Pero en no pocos casos la ley fue torpedeada desde la propia Administración. La ministra pudo comprobar cómo en cualquier cafetería próxima a su despacho no se reservaba espacio a los no fumadores amparándose en un ambiguo desarrollo de la norma aprobado por el Gobierno regional de Esperanza Aguirre.
El gran desafío
Sin embargo, fracasó con su candidatura a director general de la Organización Mundial de la Salud y en la tarea menos importante en el ámbito internacional, pero más relevante de cara al interior, de promover una legislación contra el consumo de alcohol de los jóvenes. También protagonizó polémicas con numerosos colectivos: lo mismo los modistos, a cuenta de las tallas, que la multinacional Burger King por uno de sus productos; los viticultores o la clase médica, que no guarda un buen recuerdo de ella. ¿El problema principal? Su falta de cintura, su incapacidad para convencer y negociar. Tanto es así que, cuando dejó Sanidad, la Asociación Defensor del Paciente dijo de ella que había sido la segunda peor ministra del ramo en tiempo de democracia, sólo por detrás de Celia Villalobos, cuya gestión fue calificada de catástrofe sin paliativos.
Ahora llega a la Vicepresidencia para Asuntos Económicos tras haber pasado por Administraciones Públicas con toda discreción. Un clásico diría 'sin romperla ni mancharla'. El suyo ha sido un ministerio menor comparado con el 'miura' que la espera y su nombramiento ha sorprendido en el seno del PSOE, donde más de uno piensa que será Zapatero quien diseñe las líneas generales de la política económica y Salgado quien deba llevarlas a la práctica. Sea así o no, su tarea sólo puede compararse a la que tuvo que afrontar Enrique Fuentes Quintana cuando la desastrosa situación económica del país comprometía la transición democrática. A Salgado, casada y madre de un hijo, la avala su rigor cartesiano y su capacidad de trabajo. Puede incluso que su autodominio, cultivado en largas sesiones de yoga, haga que no pierda los nervios con facilidad ante los desoladores datos económicos a los que tendrá que enfrentarse desde hoy. Pero carece de la enorme autoridad moral e intelectual del ya desaparecido profesor, sin duda el ministro económico de más prestigio desde la República.
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