E El nuevo Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero tiene entre sus miembros a dos donostiarras: la titular de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia, y el responsable de Educación, Angel Gabilondo. Ambos nacieron en la capital guipuzcoana, pero sus trayectorias universitarias y profesionales les llevaron a asentarse fuera del País Vasco y a desarrollar sus respectivas carreras al margen de la política de Euskadi.
El Gabinete cuenta, sin embargo, con otro ministro, el andaluz Manuel Chaves, que políticamente es el más vasco de todos los miembros del nuevo Ejecutivo. Quien debe estar felicitándose a estas horas por ese nombramiento es el líder socialista Patxi López, que va a tener en Chaves un punto de apoyo fundamental.
La vinculación de Manuel Chaves con los socialistas vascos se remonta a los años 70, cuando el nuevo vicepresidente se trasladó a Bilbao, junto con Pepe Recio, para abrir en 1976 un despacho de abogados laboralistas en la calle Licenciado Poza desde el que asesorar a la UGT y al PSOE. Los socialistas guipuzcoanos tenían un despacho con gente como Txiki Benegas, José Antonio Maturana o Ramón Jáuregui, pero los vizcaínos no tenían a nadie, así que reclamaron la presencia de Recio y Chaves para instalarse en Bilbao. Fue la manifestación de un eje político entre el País Vasco y Andalucía que funcionó durante mucho tiempo en el seno del PSOE, construido en su día por Nicolás Redondo Urbieta y Felipe González.
En la capital vizcaína Manuel Chaves fue profesor de Sarriko durante un par de años y tuvo como alumno a Juan José Ibarretxe. Sin embargo, en las primeras elecciones democráticas, las de 1977, fue elegido diputado por Cádiz y tuvo que corregir los exámenes finales de ese año a salto de mata por las nuevas responsabilidades. Durante su estancia en Vizcaya, los socialistas recuerdan su presencia habitual en Portugalete, donde era aficionado a tomar vinos, a causa de su vinculación con otros dirigentes socialistas como Nicolás Redondo o Eduardo López Albizu, 'Lalo', el padre de Patxi López.
López Albizu fue también elegido diputado en el Congreso y compartió piso con Chaves en la calle del Oso, de Madrid, durante muchos años. Entre el nuevo vicepresidente y el padre del candidato a lehendakari se estableció una relación que iba mucho más allá de la política, que se basó en la amistad y el afecto compartido, afecto que Chaves ha tenido siempre por Patxi López, el hijo de su amigo.
La sintonía política de Chaves y Nicolás Redondo Urbieta quebró por las diferencias que ambos mantuvieron sobre el referéndum de la OTAN, pero la mediación de 'Lalo' evitó la ruptura total entre ambos y facilitó que el líder andaluz siguiera en la ejecutiva de la UGT.
Chaves ha mantenido una relación especial con los socialistas vascos desde entonces, que se ha traducido en constantes viajes a Euskadi para apoyar al PSE. Durante los años más duros del terrorismo de ETA, cuanto los militantes socialistas y populares eran acosados por la banda, el presidente andaluz, al igual que el de la Comunidad Valenciana, Eduardo Zaplana, o el de Castilla-La Mancha, José Bono, estuvo entregado a atender todas las solicitudes de ayuda que se le formulaban desde el País Vasco, tanto si era para los militantes del PSE como del PP. Los tres presidentes, de manera discreta, ayudaron todo lo posible para sacar del País Vasco a cargos públicos amenazados y darles un respiro, instalándoles en sus comunidades o proporcionándoles el apoyo que necesitaban. En eso, ni Chaves ni Zaplana ni Bono regatearon lo más mínimo.