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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Cultura

muere mari trini

La gran dama de la canción española falleció ayer en Murcia, donde componía nuevas melodías y preparaba su concierto de despedida

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Se va la última romántica
Mari Trini otorgaba a sus canciones un toque muy personal. / EFE
Como si aquella tonadilla de 'Sin un adiós' fuera una premonición, Mari Trini apagó ayer su voz con la amargura de no haberse podido despedir del gran público. Le faltó muy poco para hacerlo. Desde que hace un año supo que quizás le quedaban unos pocos meses de vida, la popular cantautora se afanaba en preparar «el último concierto de su carrera» en la vivienda de una urbanización situada a las afueras de Murcia, según la web oficial de la artista. A sus 61 años, escribía también un amplio ramillete de nuevas canciones y un libro de poemas hasta que una larga enfermedad -que la consejería murciana de Sanidad no especificó por expreso deseo de la familia- ha acabado con su vida.
Ese trabajo inacabado no va a ser su único legado. María Trinidad Pérez de Miravete Mille se hizo un hueco en el firmamento de las estrellas de la música española en los años 70 y 80 con melodías de gran éxito como 'Yo no soy esa', 'Yo confieso' o 'Una estrella en mi jardín'. Era una mujer comprometida con su época, una «amiga con una gran simpatía», como recordaba ayer el mismísimo Manolo Escobar, que siempre trató de huir de lo comercial y preservó con un extraordinario mimo su vida privada. Sólo en sus últimos años de periplo por los escenarios no tuvo pudor en reconocer en una entrevista que en una ocasión llegó a flirtear con el ex 'beatle' Paul McCartney.
Mari Trini nació en Caravaca de la Cruz (Murcia) el 12 de julio de 1947. Coqueta confesa, solía contestar con evasivas a la pregunta sobre su edad y prefería posar con gafas de sol antes de salir en alguna fotografía sin maquillar. «Si adelgazara dos kilos quizá volvería a desnudarme», confesó a EL CORREO después de un concierto en la Aste Nagusia bilbaína en agosto del 97. Sus allegados siempre la presentaban como una mujer «independiente», algo que queda en evidencia únicamente con repasar la biografía. Sus bisoños 15 años no fueron impedimento para que se trasladara a Madrid, donde pronto comenzó a frecuentar los ambientes artísticos y musicales de la época. Allí fue descubierta por el cineasta norteamericano Nicholas Ray, quien le dio la oportunidad de viajar a Londres para estudiar Arte Dramático y preparar el lanzamiento de su carrera. De la capital británica se trasladó a París y firmó su primer contrato discográfico con el popular sello EMI Francia mientras bebía de las influencias de las 'reinas' galas de la época -desde Edith Piaf hasta Juliette Greco-, cuyo estilo importó a España en 1969 para lanzar el primer álbum. Fue el primero de 25 exitosos discos.
Temas pegadizos
Por mucho que en su última etapa lograra conquistar con nuevos temas a seguidores más jóvenes, la artista formó parte de una generación de grandes cantantes nacionales de tradición romántica. Véase si no a Camilo Sesto, Nino Bravo o Cecilia. Si algo tenían todos en común es que, a base de melodías pegadizas, narraban con textos más o menos contestatarios la historia de una España que veía cómo agonizaba el franquismo.
Y eso que, en su debut, la cantautora interpretaba canciones originales de compositores de la talla de Luis Eduardo Aute o Patxi Andión. No le fue nada mal. La fama no le tardaría en llegar con 'Amores', que permaneció doce meses en las listas de ventas.
Más tarde llegarían 'Ventanas', 'Transparencias' o 'El tiempo y yo'. Hasta finales de los 70, Mari Trini no afrontó su primera reinvención como artista de la mano del disco 'A mi aire' y, con un cambio de imagen radical, llegó a la cima de su trayectoria con los LPs 'Una estrella en mi jardín' (1982), 'Diario de una mujer' (1984) o el doble en directo 'En vivo' (1985). En los noventa le tocó el turno a la enésima renovación de la cantante murciana, que firmaba todos los temas y se atrevió con la salsa, el rock o el blues durante sus últimas giras por la geografía española.
Tal vez por su admirado buen humor, Mari Trini «era una mujer querida» y una buena muestra de ello fueron la multitud de mensajes de condolencia recibidos por la familia, que prefirió despedirla con un responso íntimo en el tanatorio Jesús de Murcia. Su amigo Alfonso Riera, que ejerció de portavoz, atribuyó la decisión al deseo de la artista de preservar «su intimidad» en los medios de comunicación.
Todos prefieren rendirle tributo en privado, aunque el mundo de la música ya se había puesto a sus pies en 2005. Junto a la publicación del recopilatorio 'Una estrella en mi jardín', Mari Trini recibió aquel año un homenaje de la SGAE en reconocimiento a su carrera y fue galardonada con un disco multidiamante por los más de 10 millones de copias vendidas después de un periplo de casi cuatro décadas por los escenarios españoles, algo sólo al alcance de unos pocos elegidos. Como ella, la gran dama de la canción moderna española.
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