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Vizcaya

07.04.09 -

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E l tiempo pasa deprisa y más en el Bilbao contemporáneo, esa metáfora en movimiento. Nos hablan, por ejemplo, de las gasolineras urbanas y tenemos que esforzarnos para situar en el mapa del recuerdo las que había hace tan sólo unos años en la ciudad. ¿Recuerdan aquellos surtidores encajonados entre edificios? Estaba la de Begoña, la de la plaza Arriquíbar o la del puente de Deusto.
Aquellas gasolineras componían grasientos cromos de otra época y nos recordaban que un día tuvimos menos dinero y menos melindres, y a nadie le importaba el CO2, ni tampoco que hubiese unas cuantas toneladas de combustible almacenadas bajo su balcón.
Ya casi nos habíamos olvidado de las gasolineras urbanas cuando una sentencia del Tribunal Supremo nos refresca la memoria, provocándonos una sonrisa algo nostálgica. Eso a nosotros, claro, porque a Bilbao Ría 2000 el recuerdo no va a hacerle ninguna gracia y va a costarle una pasta.
Tras quince años de litigio, el Supremo ha condenado a Bilbao Ría 2000 por la expropiación de la gasolinera de Mazarredo. Hace ya casi siete años que el céntrico surtidor fue demolido. Los planes del nuevo Bilbao exigían que sobre él creciese un bloque de pisos de lujo. Los propietarios de la gasolinera no aceptaron la indemnización que les ofrecían y comenzaron una batalla judicial que se resuelve ahora a su favor.
El Supremo estima que Bilbao Ría 2000 y el Gobierno vasco no actuaron en aquella expropiación «de buena fe» y les condena a pagar una cantidad que puede superar el medio millón de euros. Es curioso lo de la buena fe. Laurence Sterne escribió hace tres siglos que dos hombres que van a hacer el más simple de los negocios se disponen siempre el uno contra el otro como si fuesen a batirse en duelo. Como es sabido, en los duelos no hay lugar para la buena fe y suele haber heridos. A veces -nos lo recuerdan ahora los tribunales-, en los duelos también hay sorpresas y no siempre el participante más poderoso es el que sale mejor parado.
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