El 'asesino silencioso' se ha cobrado la vida de cuatro personas en Palencia, una familia entera. Un matrimonio de 38 y 42 años, su bebé, de casi dos, y la abuela, de 73, murieron al inhalar monóxido de carbono por el mal funcionamiento de la caldera de gas del domicilio. El único superviviente es un joven de 20 años, hijo de la mujer fallecida y hermanastro del pequeño, que se encuentra extremadamente grave, en coma profundo. La tragedia ocurrió en un piso de una barriada conocida como 'las casas de Renfe'. En ese inmueble residía la abuela, Montserrat Calderón, viuda de un ferroviario, que había recibido la visita de una de sus hijas, Begoña Allende, afincada en Madrid, su yerno Pablo González, y sus nietos: el pequeño Pablo, de 20 meses, y Ramón, fruto de un matrimonio anterior de su hija (su padre falleció en un accidente de tráfico).
Todos habían ido a pasar el fin de semana con la abuela, que estaba aún convaleciente de una fractura de hombro que había sufrido hace algunos meses. Tenían previsto visitarla durante un par de días y regresar con ella el domingo a Madrid, para pasar la Semana Santa. Pero la fatalidad truncó sus planes.
A lo largo del domingo, un fallo en la caldera del domicilio desató una emanación de CO, un gas letal que se genera por una mala combustión. El monóxido de carbono es incoloro, inodoro e insípido y es ahí donde reside su verdadero peligro, en su capacidad para pasar desapercibido. Probablemente, las víctimas no fueron conscientes de que se estaban intoxicando; se sintieron indispuestas antes de caer en un profundo sopor del que ya no despertaron. Eso explicaría por qué el cuerpo de la madre estaba abrazado al del bebé, que había vomitado, y por qué el botiquín estaba revuelto. Así es la 'muerte dulce'.
Goretti, la otra hija de Montserrat y hermana de Begoña, fue la que dio la voz de alarma. Ayer, sobre las diez y media de la mañana, fue como todos los días a casa de su madre y se dio de bruces con la tragedia. Todo apunta a que las muertes se produjeron a lo largo del domingo. Una vecina vio por la mañana a la abuela comprando el pan.
Los equipos de emergencia que se desplazaron al domicilio detectaron con sus sensores «altas concentraciones» de monóxido de carbono. «Abrimos las ventanas para ventilar las estancias, que es la única forma de eliminar el gas», relató uno de los efectivos. La abuela Montserrat se encontraba en una de las habitaciones; en otra hallaron a Begoña y al pequeño Pablo, al que intentaba confortar. El padre y Ramón estaban en el cuarto de baño; el primero muerto y el segundo, inconsciente pero aún con vida.
Cámara hiperbárica
Rápidamente, el único superviviente fue trasladado en una ambulancia al hospital palentino de Río Carrión. Según los facultativos, el joven ingresó en estado de coma profundo, provocado por una «insuficiencia renal y un trastorno metabólico por destrucción celular». Ante la gravedad de su estado, fue estabilizado y evacuado en helicóptero al hospital de Valdecilla (Santander), un centro de referencia en este tipo de intoxicaciones, con el fin de administrarle un tratamiento de oxígeno en su cámara hiperbárica. «Está muy grave», indicaron fuentes hospitalarias.
Cada año, el 'asesino silencioso' se cobra en España más de 125 vidas en sucesos similares. Ahora, el Juzgado número 2 de Palencia deberá esclarecer por qué se produjo la defectuosa combustión en la caldera de gas. Serán necesarios los informes de la Policía Judicial, del servicio de extinción de incendios y de la empresa Gas Natural.