U n equipo de Gobierno se modifica cuando el anterior es inadecuado para enfrentarse a la situación. Eso es consustancial con todos los cambios ministeriales y admite escasa controversia. Pero la forma, -el cómo y el cuándo se hace- y el fondo -la idoneidad de los nuevos miembros del Gabinete- sí son materia apta para el análisis y la discusión. La 'forma' del cambio que anuncia Zapatero es, cuando menos, curiosa. Si su intención es dar un golpe de timón y trasladar un mensaje de ánimo y decisión a la ciudadanía, el momento elegido es el peor de los posibles: en plena Semana Santa, cuando la gente está distraída con otras ocupaciones o entregada a sus propias vacaciones. Además, hacerlo cuando sólo ha transcurrido un año de su nombramiento es la constatación del fracaso inicial en la elección de los ministros y, encima, a poco más de un mes de las elecciones europeas que se adivinan extraordinariamente difíciles para el PSOE. Si salen mal, el nuevo equipo tendrá que cargar con unas culpas pasadas que no le corresponden.
Vayamos al fondo. Estaba claro que Solbes necesitaba un relevo. Trasmitía hastío más que cansancio, y dejadez más que aburrimiento. Pero el momento es malo para el Gabinete, cuando la crisis alcanza su máxima virulencia, y peor para él. Últimamente he discrepado mucho de Solbes, que me ha decepcionado, pero de ninguna manera se merece esta salida por la puerta falsa en una especie de huida frente al enemigo de la crisis. Es una auténtica lástima que el peor capítulo de su historia profesional sea, precisamente, el último.
¿Elena Salgado? Una incógnita. Para ejercer bien la Vicepresidencia de Economía y Hacienda hay que ser excelente en el plano técnico, conocer bien los entresijos de la Administración y disponer de 'autoritas' sobre el resto de los ministros, que son unos incansables pedigüeños. Lo primero lo ignoro; lo segundo lo ha acreditado; lo tercero depende de Zapatero, que hasta ahora no ha destacado por tener una enorme sensibilidad frente a los aspectos económicos de su gestión. De entrada tendrá a José Blanco -que manda mucho más que ella- en el ministerio más gastador, en Fomento; y a Manuel Chaves, el gran componedor, en Administraciones Públicas, desde donde regará dinero para aplacar los ardores de todas las autonomías, de Cataluña para abajo. Es decir, no le resultará nada fácil mantener la ortodoxia en el gasto, -suponiendo claro que desee practicar tan olvidada virtud-, frente a rivales tan poderosos y situaciones tan acuciantes.
Adiós Solbes. Tuviste momentos mejores. Nos acordaremos de ellos. Fue un error repetir.