Europa pierde una de sus políticas más comprometidas con la cosa pública. La eurodiputada socialista Bárbara Dührkop ha decidido no volver a presentarse a las elecciones para la Cámara de Estrasburgo del próximo mes de junio y abandonar su dilatada carrera política. Dührkop, quien anunciará personalmente su decisión en una comparecencia pública mañana en San Sebastián, se convirtió en un símbolo de la lucha política y contra el terrorismo, a raíz del asesinato de su esposo, el senador socialista Enrique Casas, tiroteado en su propio domicilio el 23 de febrero de 1984 por los Comandos Autónomos Anticapitalistas.
Esta mujer cosmopolita nació un 27 de julio de 1945 en Hannover (Alemania). Licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad de Uppsala (Suecia), ha sido profesora en Hamburgo y catedrática adjunta en la Universidad Erlangen-Nürnberg (1974-1978). Precisamente, en 1978 ingresó en el PSE, en una época de efervescencia política. En plena Transición, colaboró en la creación de los consejos escolares desde la Federación Española de Trabajadores de la Enseñanza (FETE), adscrita a la UGT.
En 1987 fue elegida para ocupar un escaño en el Parlamento europeo, en el que ha desarrollado la mayor parte de su trabajo político como integrante, entre otras, de las comisiones de Juventud, Cultura, Educación y Derechos de la Mujer. En la actualidad es vicepresidenta del Grupo Socialista en la Cámara y representante en el área de Libertades Civiles y Justicia.
En una de las múltiples entrevistas concedidas en su condición de europarlamentaria vasca más veterana, Bárbara Dührkop recordaba que cuando ocupó el escaño todavía tenía que explicar que ETA «no era un frente de liberación». Hacía tres años que se había quedado viuda y el menor de sus cuatro hijos tenía entonces cuatro años. Pese a lo traumático de su caso, aseguraba que encontró las mismas piedras en el camino que cualquier otra madre que decidiera dedicarse a la política a tiempo completo.
La labor en Bruselas y Estrasburgo, defendía, resulta «más interesante» que la política vasca «porque no nos estamos mirando el ombligo todo el tiempo» y permite ganar en amplitud de miras. «Estamos pensando en el bien de 450 millones de personas, no nos dedicamos a tonterías», denunciaba con el denominado 'plan Ibarretxe' recién aprobado en el Parlamento vasco.
Conciliadora
Hace cinco años, en el vigésimo aniversario del asesinato de su marido, «hombre dialogante, hombre de ideas claras», Dührkop hacía gala de su talante conciliador y escribía que los socialistas vascos «seguimos reivindicando lo mismo de aquel entonces, porque nosotros no hemos cambiado, porque queremos una Euskadi desde el consenso y desde el entendimiento entre los nacionalistas y los que no lo son». Su ideario está plenamente vigente en la actualidad. «Prescindimos del choque de trenes, porque, como dice el manifiesto del PSE ante las elecciones 2004, no queremos el choque de patrias y la oposición al nacionalismo vasco con las banderas de otro nacionalismo antagónico».
«Los socialistas vascos, en el XX aniversario de Enrique Casas, queremos reivindicar la libertad para poder convivir en tolerancia y en respeto mutuo, dentro de las reglas democráticas que nos hemos dado, y dentro de la unidad en la diversidad», proclamaba.