
El funeral ha estado muy concurrido. /Agencias
Jade Goody quería que su funeral fuese un gran acontecimiento. Hoy, el deseo de la concursante de ‘Gran Hermano’ más famosa de la historia de la telerrealidad se ha visto cumplido con creces. Una multitud ha seguido su cortejo fúnebre desde el barrio de Bermondsey, al sureste de Londres, hasta la iglesia de San Juan Bautista en Buckhurst hill, en el distrito de Essex. La ceremonia, seguida por los admiradores a través de unas pantallas gigantes instaladas en el exterior del templo, cierra la historia de la joven que en poco más de cinco años pasó de ser «la mujer más despreciable del Reino Unido» a convertirse en una heroína de la lucha contra el cáncer.
Jade llegó a ser el personaje predilecto de los tabloides británicos cuando participó en la edición inglesa de ‘Gran Hermano’ en 2002, en la que protagonizó todo tipo de trifulcas y anécdotas, la mayor parte fruto de su incultura. Su pregunta «¿Río de Janeiro es una persona?» fue muy celebrada por la prensa sensacionalista, que la convirtió en la hazmerreír nacional y destacó sus meteduras de pata, como su desconocimiento de la existencia de los espárragos o su creencia de que Cambridge era un barrio de Londres. La joven alcanzó la cumbre en una versión india del mismo concurso, en la que hizo comentarios racistas contra la actriz de Bollywood Shilpa Shetty.
En ese mismo programa, Jade descubrió que padecía un cáncer de útero. La estrella de la telebasura decidió convertir su lucha contra la enfermedad en el centro de atención de los medios y, cuando supo que no iba a vencer, vendió la exclusiva de sus últimos días a la revista del corazón ‘OK!’. La maniobra fue criticada, pero aclaró que la primicia no incluía la filmación de su agonía y que el objetivo era asegurar que sus hijos –Bobby y Freddy, de cinco y cuatro años– tuvieran recursos económicos para salir adelante sin ella. Entonces se convirtió en una heroína y una mártir. Recibió el apoyo de personalidades como el primer ministro Gordon Brown, el arzobispo de Canterbury y hasta Michael Jackson, que manifestó su deseo de conocerla. No pudo ser porque Jade falleció a los 27 años el pasado 22 de marzo, pocos días después de casarse con su novio, Jack Tweed, de 21.
Hoy, el paso del Rolls fúnebre cubierto de ramos de flores y coronas que transportaba su ataúd blanco ha sido contemplado por miles de fans. Algunos habían pasado la noche al raso para ocupar un buen sitio y otros viajaron hasta siete horas para poder asistir. El funeral, transmitido por televisión, ha sido oficiado por la reverendo Corinne Brixton, la misma que bautizó a Jade y sus dos hijos el mes pasado, y por el reverendo Ian Farley. Siguiendo sus deseos, sus hijos no han asistido y están de vacaciones en Australia con su padre, Jeff Brazier. El entierro se ha llevado a cabo en la intimidad y en un lugar que se ha mantenido en secreto.