Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Bilbao Basket

IURBENTIA 76- 67 KK ZADAR

El iurbentia, a semifinales de la Eurocup al iniciar y finalizar con brillantez un partido que el Zadar casi voltea

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Y el sueño continúa
Seibutis, en segundo plano, Salgado, Paco Vázquez, Tomas Hampl, Blums y Salva Guardia celebran extasiados la victoria ante el KK Zadar . / FOTOGRAFÍAS: BORJA AGUDO
Ojos llorosos a las once de la noche en el Palaisozaki. ¿Quién dice que los hombres no lloran? Y las mujeres. Incluso algún niño que podrá contar aquello del «yo estuve allí». No era para menos. El iurbentia se acababa de plantar en las semifinales de la Eurocup. Había vuelto a ganar el partido más importante de su historia. Van unos cuantos. Tantos que renueva la meta a cada paso que avanza. El próximo será el de esta noche (21 horas) en el mismo escenario. Entonces sólo estará a 40 minutos de la antesala del cielo. El fulgor de las estrellas le ciega por la cercanía.
Para que se notara su procedencia, el Bilbao Basket planteó el mejor inicio de partido de los cuatro que han conformado las cribas ya consumadas. ¡Cómo se nota cuando alguien empolla, desgasta codos y hace y repasa los deberes! Fue como si los hombres de negro afrontaran un duelo ya celebrado. Se anticiparon a cada acción, movimiento e intención que llevaban seño croata. Y en ataque no fallaban. Todo pasaba por el aro. 12-0 en el marcador cenital del escenario turinés. Histeria en las gradas, sonrisas en el banquillo, miradas de complacencia entre quienes cortan el bacalao. Párrafos que se completaban a la velocidad del rayo en los ordenadores de los periodistas. «Que bote, que bote Isaiah Thomas», provocaban con sorna los 'iurbentinos'. Vamos, una fiesta en toda regla.
Y al final, lo mismo. De eso se trata. No es que el relleno, el jamón del bocata carezca de interés o importancia. No. Los nutrientes lo son por algo. Pero a estas citas se viene a seguir en liza, a prolongar al máximo la estancia, a no componer las maletas hasta que el cuerpo no incluya una percepción resacosa de la vida. Si ayer sufrió el iurbentia no más de la cuenta, sino más de lo imaginado por tan espectacular estampida fue por el efecto de la crisis. Física, que también pasa factura.
Con Marko Banic ocultado entre bambalinas hasta el último momento -su rostro era un poema tras la noche de vomitonas padecida-, el iurbentia confiaba en que, más que nunca, sus jugadores entendieran la importancia de cerrar filas, de ayudarse, de ser más compactos que nunca. No ayudó el cansancio que fue limitando la capacidad para pensar, ni el arbitraje que a bandazos repartía faltas hasta poner en serios apuros la capacidad de elección de Txus Vidorreta. La cuesta se empinó y el desarrollo montado no ayudaba a economizar en cada pedalada.
Quince puntos de ventaja
Dos ventajas máximas de quince puntos al comienzo del tercer cuarto hacían presagiar, no obstante, un camino más tranquilo. Pero la gasolina se acababa y las estaciones de servicio que aparecían en el itinerario estaban cerradas. Es lo que tienen estos horarios 'europeos'. Llegó la deflación. Siete minutos con sólo dos tiros libres transformados para solaz de un Zadar al que también se le había hecho daño, que iba a quemar sus naves con su base Stipcevic hasta las últimas consecuencias.
La reacción croata enfrió los ánimos. Fue sólo un ejercicio de reagrupamiento. Con un triple sobre la bocina de Rancik para empatar a 53 el choque en la conclusión del tercer acto, el escenario estaba dispuesto para el gran número final. Como si fuera la despedida de un musical de Broadway con quinquenios de vida en cartel, todo el mundo quería participar. El gran trabajo previo del núcleo duro de Vidorreta (Blums, otra vez excelso, Seibutis, Paco Vázquez el veterano de guerra y Salva Guardia en el papel de detronador) conminó a todos a rematar la faena. Sin fallos. Arrimándose, pero pendientes de los enganchones.
Y quién mejor que Salva Guardia para catalizar la transformación. Su cuajo dio forma al manjar de la noche, un postre sublime de sabor y textura y más que correcto en la presentación. El valenciano dinamitó el partido con un par de zarpazos, Salgado cobró con intereses faltas y ¡por fin! ejecutó a Stipcevic -sin relevo durante los 37 minutos en los que acumuló las cinco personales- para colocar el martillo de la sentencia en la línea de tiros libres.
Prueba superada. «Sí, sí, sí, seguimos en Turín» ¡Por supuesto! Una marea negra no se borra así como así. Sin tiempo, con una fortaleza inferior de cuerpo, que no de mente, buscará hoy la franquicia vizcaína poner patas arriba la provincia con su duelo al anochecer frente al todopoderoso Khimki. Difícil, claro. ¿Imposible? Se percibe en el ambiente un aroma a sueño cumplido. Eso dicen.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS