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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Bilbao Basket

Bilbao Basket

La marea negra toma la ciudad y hoy volverá a teñir las gradas del Palaisozaki para empujar al iurbentia hacia la final
04.04.09 -

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Desde Arangoiti a Turín. Y desde Basauri. Y de Algorta y Berango. También desde Etxebarri y Lemoa. Por supuesto, desde Bilbao. La marea negra rivalizó ayer con las oscuras y revueltas aguas del Po que amenazaban con inundar los Murazzi, una de las ingeniosas propuestas del Ayuntamiento para recuperar para el ocio las zonas que otrora fueron un hervidero en la actividad fluvial industrial de la ciudad.
Camisetas, sudaderas y banderas. Del Bilbao Basket, del Athletic, ikurriñas. Pancartas. Peña Marko Banic, presente, como rezan las telas en los estadios argentinos. Y la de La Casilla. Y la Hirukoa. Y la 2,18-Fred Weis, nobleza obliga. También en primera línea las de Javi Salgado y Txus Vidorreta. Y la de los 'Leones italianos', autóctona turinesa y rojiblanca, que contó con una recepción y entrega de recuerdos por parte del club. Nudos en la garganta al hablar con seguidores que se han gastado, en algunos casos, casi lo que no tienen o echarán de menos para estar aquí con los suyos. Como los integrantes del autobús que partía el jueves a las diez de la noche de Bilbao para llegar ayer a Turín después de las 14 horas. De genuflexión. Hoy tendrán su premio: la semifinal.
Las calles del centro de la ciudad estuvieron todo el día animadas. Algún seguidor del Pamesa por acá, rusos con cara de resaca por allá, multitud de escolares compartiendo colas y visitas turísticas con los grupos más numerosos, con mucho rango familiar, de aficionados vizcaínos, en el Museo Egipcio, el Palacio Carignano o la Mole Antonelliana, cuyo ascensor jugó una mala pasada a los visitantes al estropearse en plena hora punta. O buena, porque hubo quien se lo tomó como una señal divina premonitoria del 'vuelva usted mañana', lo que implica que habrá un hoy para el iurbentia camino de la gran final.
El 'shopping' por las principales arterias de un casco histórico con edificios que resumen la vida de una nación. Recuerdos de la 'Juve' -nadie es perfecto, teniendo al gran 'toro' como símbolo auténtico para los turineses-, furtivas escapadas a la calle Lagrange, donde los escaparates y las firmas teletransportan al paseante al planeta del lujo. La jornada pasó con una lentitud que de repente, desde la hora del almuerzo se tornó en ansiedad por llegar al Palaisozaki, para dar sentido a tan apetecible viaje.
Y mereció la pena. Frente al banquillo que ocupó el Zadar, un sector de las gradas convertido en territorio vizcaíno. Era la porción más densa de la marea negra. Pero el chapapote salpicaba otros enclaves. Incluso entre los seguidores del Khimki, que contaron con la 'colaboración' de dos espontáneos bilbaínos dignos de un documental.
Eran las siete y media de la tarde y el iurbentia hizo acto de aparición en el escenario de la Final a Ocho. Se asustaron hasta los jugadores y árbitros del Khimki-Pamesa. Explosión a lo Astondoa, rayos de ánimo que alimentaron desde tan pronto a los hombres de negro. Algunos saludaban, otros preferían casi ni mirar por la emoción que soportaban. Hoy volverán de nuevo, fieles, para teñir de ilusión las gradas del Palaisozaki. La afición vizcaína empujará al Bilbao Basket hacia la gran final.
Y lo que pasó ayer, sencillamente inenarrable. Cuarenta minutos continuos, jugándose de verdad el partido en la grada y en la pista. Sufrir y gozar en idénticas proporciones. De eso se trata, de vivir en comunión con un equipo, mimetizarse con él. La conexión bilbaína fue perfecta. Que siga así.
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