A Isabel Steva i Hernández (Barcelona, 1944) le contaron de pequeñita que nació en una col. Y se lo creyó. Colita se ha pasado 44 años cargando cámaras -«mi favorita era la que menos pesara»-. Sus retratos de artistas e intelectuales de Barcelona en los 60 y 70 configuran en el imaginario colectivo eso que se dio en llamar 'gauche divine', una 'izquierda exquisita' que posó indolente ante su objetivo mientras tomaba copas en Bocaccio o haraganeaba en las calas de Ibiza.
La Escuela de Fotografía y Centro de Imagen de Madrid ha recopilado las fotografías de los amigos de Colita: Serrat, Antonio Gades, Terenci Moix, Gil de Biedma, Vargas Llosa, Orson Welles... «Me han encasillado en dos temas: la 'gauche divine', que era una broma que cayó en serio, y el flamenco. Pero tengo muchos otros trabajos que no ha visto nadie porque siempre me piden lo mismo, fotos de los años 60 y 70».
Colita nació en pleno Eixample burgués. Estudió en la Sorbona y aprendió el oficio con Xavier Miserachs. El rodaje de 'Los Tarantos' le inoculó la pasión por el flamenco. Fotografió a La Chunga y a Antonio Gades -«sólo Serrat se le aproxima en el tirón de auténtico macho»-. A su regreso a Barcelona colaboró con las revistas más abiertas del franquismo: 'Fotogramas', 'Tele-Expres', 'Destino'...
«Mi amigo Pepe Baeza dijo de mí una gran verdad: que hacía realmente lo que me daba la gana», reconoce. «No soy la mejor, pero sí probablemente la que más se ha divertido». Colita capturó con el mismo cariño a los integrantes de la 'nova cançó' y a los cineastas de la Escuela de Barcelona, «especialistas en imitar a pelmazos como Godard y Antonioni, en lugar de fijarse en las buenas películas americanas».
Más de 40 exposiciones y 30 libros recopilan el trabajo de una artista a la que jamás ha preocupado la técnica. «Me la he pasado por el forro. Me gusta el aquí te pillo, aquí te mato. Sé de fotografía lo que hay que saber, y si necesito saber algo más me compro un libro». Su búsqueda de la naturalidad la llevaba a compartir la intimidad de Vargas Llosa y sus hijos en Barcelona, o a sorprender a un absorto Serrat en la casa de la familia Regás.
Dalí franquista
Colita sólo se arrepiente de algunos de sus retratados -«Dalí era un cabrón, un personaje siniestro, un franquista baboso»- y echa de menos la agitación cultural de su ciudad: «Ahora sólo interesa Miró y Tapies». Su nombre permanece asociado al glamour y a una cierta frivolidad, aunque ella abomine de los paparazzi, «una raza de buitres que nada tienen que ver con la fotografía». Ha colgado las cámaras «por estar hasta el moño». Y avisa: «Como suelo hacer lo que me da la gana, igual mañana me pongo a montar un magnífico reportaje sobre banqueros en la cárcel...».