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Cultura

04.04.09 -

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Luis Peña Ganchegui encontró la señal para orientarse en la arquitectura después de una visita a Pío Baroja en su casa de la calle Ruiz Alarcón de Madrid. Como el escritor, él quería mantenerse fiel al País Vasco, pero alejándose del provincianismo. En consecuencia, y desde sus inicios profesionales con la construcción de viviendas en Mutriku, dejó claro que iba a aprovechar la sobriedad lineal de la arquitectura moderna y el recuerdo de las casas tradicionales, para que los edificios no parecieran cubos fabricados en serie en algún lugar desconocido.
El arquitecto, nacido en Oñati en 1926, murió el pasado jueves en su casa de San Sebastián después de una larga enfermedad. Peña Ganchegui ubicó el modernismo arquitectónico en el suelo vasco, educó a cientos de profesionales en la Facultad de Arquitectura de la UPV y dejó las huellas de su labor en proyectos como 'El peine del viento' en San Sebastián, la controvertida Plaza de los Fueros en Vitoria y las lujosas casas de Abandoibarra en Bilbao, lindantes con el hotel Sheraton.
Un sitio no es un lugar, solía decir Peña Ganchegui, y una las misiones de la arquitectura consiste en transformar una cosa en la otra, los espacios naturales en espacios humanos, sin agresiones ni prepotencia. El arquitecto aplicó esta filosofía a una plaza tan singular como la de La Trinidad, en San Sebastián, un proyecto fechado en 1961 que imaginó al descubrir en los almacenes del Ayuntamiento unos adoquines sin uso aparente. Con aquellas 'sobras' cambió una trasera que acumulaba desperdicios, al pie del monte Urgull, en uno de los espacios más íntimos y acogedores de la Parte Vieja, escenario del festival de jazz muy alabado por los músicos, y que se ha visto sometido a polémicas modificaciones sin contar con el permiso del arquitecto.
El espectáculo del mar
Como los primeros teóricos del modernismo en la arquitectura, Peña Ganchegui aborrecía los ornamentos, lo superfluo, y se veía reflejado en la etiqueta del minimalismo siempre y cuando no derivara en una insulsa repetición de modelos.
En este sentido, 'El peine del viento' era para él minimalista, puesto que no sobra nada, no hay un adorno injustificado, toda la obra se pone al servicio del espectáculo del mar y de su sonido. La complicidad con su gran amigo Eduardo Chillida dio origen en 1975 a este sencillo y espectacular mirador al oleaje del Cantábrico, situado al final del donostiarra paseo de Ondarreta.
Un año después comenzaría, también con Chillida, la Plaza de los Fueros en Vitoria, encargo de la Diputación alavesa para conmemorar el centenario del régimen foral y que desde el comienzo recibió las críticas de los vitorianos. Primero fue el coste del proyecto, 40 millones de pesetas, que subieron hasta 100 cuando se terminó la obra, compuesta de granito rosa tallado a mano.
También hubo polémica con la altura de las murallas que abrazan la escultura de Chillida, que en principio estaban diseñadas para erigirse desde el nivel de la calle. La presión de los comerciantes y de la Caja Vital logró que se situara por debajo de la línea del suelo, hasta que un accidente de un niño de cinco años, que se cayó desde lo alto de los muros, obligó al Ayuntamiento a cubrir parte de la intervención arquitectónica y artística con una tarima de madera.
A mediados de los noventa, el Consistorio elevó las torres algo más de metro y medio y recientemente el alcalde Patxi Lazcoz se comprometió a restablecer el espíritu inicial de la obra con unas modificaciones que se realizarán a lo largo de este año, y que satisfacen tanto a la familia Chillida como a la de Peña Ganchegui. Lazcoz lamentó ayer que el arquitecto no pudiera ver la obra terminada, aunque sí conoció el acuerdo de restauración.
Siempre al corriente de las discusiones que se producen en el ámbito de la arquitectura, Peña Ganchegui resaltaba que el deseo de impactar con formas espectaculares no es nuevo, ya que viene de la afición por el escándalo de las vanguardias artísticas. Las instituciones, los grandes clientes de la época actual, se debaten entre elegir un arquitecto sobrio que no provoque las iras de la opinión popular, y otro mediático y extranjero que dé fama a la ciudad y al político a la cabeza del encargo.
El estudio del arquitecto, dirigido ahora por su hija Rocío y su yerno Mario Sangalli, construyó en Bilbao el edificio de viviendas de lujo situado enfrente del centro comercial Zubiarte. Erigido al calor del 'efecto Guggenheim', el metro cuadrado empezó a cotizar a los 6.000 euros y con el 'boom' inmobiliario llegó a los 7.000.
Peña Ganchegui tenía sus propias opiniones sobre el museo de Bilbao. Pensaba que era un «edificio pop debido a su estrategia de aumentar y variar la escala» para llamar la atención, y le parecía «una obra 'kitsch'», un poco pretenciosa, pero hecha con la finura de un dandi, Frank Gehry.

i.esteban@diario-elcorreo.com
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