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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Economía

ECONOMÍA

El entusiasmo de Berlusconi disgustó a la reina y las esposas de los líderes conocieron un avance de la nueva obra de J. K. Rowling

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Gritos y Harry Potter
Michelle y la reina Isabel conversan en Buckingham. / AP
Casi nadie dudaba ya de que la familia real británica tiene algo de gafe y que la reina Isabel colecciona disgustos. Esta semana se confirmó. La cumbre del G-20 volvió a poner en aprietos a la octogenaria monarca durante alguno de esos episodios intrascendentes que aportan la nota frívola a las ocasiones solemnes. Y eso que la cosa había empezado bien el miércoles, cuando se reunió con el presidente norteamericano y recibió de Barack Obama, como regalo, un Ipod con las fotos de su última visita a EE UU. El encuentro fue «maravilloso», según el líder estadounidense, y la reina estuvo «encantadora».
Así de plácida discurría la reunión hasta que el príncipe Felipe de Edimburgo, esposo de la monarca y célebre por sus meteduras de pata, entró en la conversación para decirles a sus invitados «¡seguro que les está costando mantenerse despiertos!». Obama le quitó importancia al largo viaje que habían hecho e incluso le explicó que ya se había reunido con el presidente británico, Gordon Brown, el líder de la oposición, David Cameron, y el presidente ruso, Dmitri Medvédev. Según el diario inglés The Independent, el príncipe, quizás queriendo ser ingenioso, le espetó «¿es que puede distinguirlos a unos de otros?». Y ya estaba montado otro lío por un comportamiento que los medios británicos tildaron de «vergonzoso».
Aún se estaba preguntando la reina Isabel por qué tenían que pasarle estas cosas cuando tocó hacerse la foto de familia con los líderes mundiales en el Palacio de Buckingham. Todo tranquilo, protocolario, casi aburrido. Hasta que el personal rompió filas cuando se apagaron los flashes. Entonces alguien gritó «¡Mister Obamaaaaaaa!» con tal énfasis que la soberana pegó un respingo, puso gesto de disgusto y preguntó «¿pero quién es...?». Era Silvio Berlusconi, cuyo entusiasmo provocó las carcajadas de la concurrencia, aunque no de la monarca.
Nunca estaban todos
En realidad, las fotos de familia suelen ser campo abonado para el desmelene. Y ayer, en el encuentro que quería cambiar el mundo, el que pasará a la historia, no hubo manera de retratar a los veinte líderes juntos. Tras hacer la primera foto alguien constató que faltaba el presidente canadiense, cuyos asesores se apresuraron en negar que estuviese en el baño. En el segundo intento quien faltaba era el presidente italiano. Y como todos tenían prisa, no hubo tercer intento.
A pocos kilómetros, las esposas de los líderes pasaban el día en ocupaciones menos ambiciosas. A primera hora de la mañana quedaron en la Royal Opera House, en Convent Garden, para una jornada ociosa. Escucharon a la Royal Opera Orchestra, disfrutaron con el Ballet Real, que representó la obra de Igor Stravinski 'The Firebird', y hasta tuvieron su momento literario. Fue de la mano de J. K. Rowling, la creadora de Harry Potter, quien leyó una serie de extractos de su última obra, 'Cuentos de Beedle el bardo'. Por supuesto, sus indumentarias y sana camaradería fueron objeto de análisis y, a veces, de admiración.
Mientras eso sucedía en amplios salones y espacios enmoquetados, en la calle los manifestantes pedían cambios. El día duro fue el miércoles, con miles de personas protestando, 109 detenidos y un fallecido por causas naturales en plena zona conflictiva. Ayer sólo unos cientos salieron para, en un ambiente carnavalesco, criticar a quienes, según ellos, tratan de arreglar la crisis después de haberla provocado. También las ONGs se dejaron ver para hablar de la dimensión real de las cosas. Según Oxfam Internacional, los 8,4 billones de dólares comprometidos por los países ricos para salvar a sus bancos serían suficientes «para acabar con la pobreza extrema durante 50 años».
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