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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Jueves, 9 febrero 2012

Política

POLÍTICA

Ocho víctimas de grupos terroristas relatan sus desgarradoras historias personales en un homenaje celebrado en las Juntas Generales de Guipúzcoa

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Una mirada en el «espejo» de la violencia
Rafaela Romero, presidenta de las Juntas, junto con Sandra Carrasco, Josu Elespe y Pilar Elías. / EFE
Son tan plurales como la sociedad, como bien reivindicaron ayer, pero todas comparten la dramática experiencia de haber sufrido en directo la violencia o el acoso terrorista. Ayer, las Juntas Generales de Guipúzcoa reunieron a numerosas víctimas de ETA, del entorno radical de la izquierda abertzale o del terrorismo islamista para rendirles un homenaje que contribuya a «construir la memoria pública colectiva que merecen».
Hubo ocho testimonios personales, desgarradores, que atraparon en «el espejo que no engaña», el de las víctimas, la atención de la Cámara foral, abierta ayer a «la narración de terribles historias de violaciones de los derechos humanos», según señaló su presidenta. Rafaela Romero defendió la tesis de la politóloga alemana Hanna Harent de que el relato «de lo que ha sucedido» es el mecanismo para «llegar a superar el pasado». Y recordó que «el futuro de una sociedad y el porvenir de un país jamás pueden construirse sobre el olvido del sufrimiento injusto de su ciudadanía».
Romero reivindicó el deber de la sociedad de «asistir» a las víctimas en la «defensa de la plenitud de la ciudadanía» que vieron vulnerada; y en esa obligación situó a las instituciones públicas como las máximas responsables de «poner los mimbres» para que «la agresión» sufrida «forme parte de la historia y nos sirva para ser ciudadanos más tolerantes y más libres».
«Un antes y un después»
La presidenta del Parlamento foral explicó que «hay un antes y un después» en la vida de los ciudadanos que sufren actos terroristas. En el País Vasco, aseguró, «el antes es la normalidad 'anormal' que tiene el ambiente afectado de miedo y falta de libertad». Pero el después, añadió, «rompe en mil pedazos la vida de la persona y su familia, que sufre el tormento, el desconsuelo, el calvario de ser perseguido y la angustia de tener que huir de su país».
Acompañada por numerosos representantes políticos e institucionales como Izaskun Bilbao -que saludó a la candidata a sucederle, Arantza Quiroga-, Markel Olano o Miren Azkarate, la presidenta de las Juntas consideró que «lo más lacerante y desolador» es saber que el acto terrorista ocurrió «por nada», que fue «gratuito y sin razón, porque la violencia nunca estará justificada».
Tras su introducción, Romero cedió la tribuna de oradores a ocho de los protagonistas. Josu Elespe, hijo del teniente de alcalde de Lasarte-Oria, relató cómo ETA, tras asesinar a su padre a las 14.40 horas del 20 de marzo de 2001, le «convirtió en un joven de 25 años amargado e inmaduro» que durante los primeros años odiaba «de modo irracional a todo ese mundo». Elespe, en un testimonio sincero y sin tapujos, criticó «la utilización» de unos políticos y «la ignorancia» de otros hacia las víctimas.
A continuación, tomó la palabra Jorge Mota, hermano del funcionario de la prisión de Martutene Ángel Mota, abatido por ETA en 1990 en San Sebastián. «El atentado me produjo una transformación, empecé a sentir odio y rabia por esta tierra y me generó un sentimiento de venganza», reconoció. Pero con el tiempo, «retomé los valores que me inculcaron en mi niñez para educar a mis hijos sin rabia».
Sandra Carrasco, hija del militante del PSE asesinado el pasado año en Mondragón, recordó con detalle los últimos momentos de vida de su padre Isaías. Reconoció la «rabia» que siente cuando ve homenajes a miembros de la izquierda abertzale, como es la alcaldesa de su pueblo.
La concejal del PNV en Altzo Pilar Zubiarrain superó «el dolor» que le produce recordar y narró algunos de los episodios de violencia de persecución que sufrió. Un «acoso y amenaza continuos» que el ex alcalde de Hernani, Josean Rekondo, también padeció. En el entorno abertzale más radical «le llamaban socialización del sufrimiento», recordó. El periodista José María Calleja explicó que «uno no elige ser víctima», pero cuando «lo eres, ya no se sale de ahí». Y Pilar Elías, viuda de Ramón Baglietto, aseguró que «no claudicará al chantaje terrorista ni cejará en el empeño de lograr la igualdad de derechos y la paz para todos».
Desde otro prisma, habló Jesús Ramírez, uno de los 1.800 heridos en el 11-M. «La monotonía es un privilegio que uno no valora hasta que la pierde», manifestó.
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