«Con ese dinero no han pagado ni las cuerdas de un violín». Iñaki Pérez Ortega, bilbaíno de 52 años, es luthier; construye y repara violines, violas y otros instrumentos de cuerda desde hace 17 años. Estudió luthería en el Conservatorio de Bilbao, uno de los pocos de Europa en los que se puede aprender este oficio. En la actualidad tiene un taller en la calle José María Escuza, en pleno centro de la capital vizcaína. El pasado día 21 de febrero, sábado de carnaval, unos ladrones entraron en su despacho, ubicado en un quinto piso, y se llevaron cuatro violines de los que acababa de crear con sus propias manos. «Hasta que no me los han robado, no me he dado cuenta de lo mucho que me une a ellos. Es como si se me hubiera muerto un familiar, ¡qué vacío!», confiesa Pérez.
Se trata de «piezas únicas, que van numeradas y responden a un carácter propio de luthier, por eso tienen un precio superior al de un violín de fábrica, son para gente más exigente, dispuesta a pagar más dinero por ellos», explica. Los ladrones «no entienden lo que se han llevado, han dejado aquí una viola porque no sabían lo que era». Los músicos más eminentes suelen recurrir a instrumentos antiguos o de luthier porque creen que suenan mejor.
Iñaki diseña cada instrumento mediante una «síntesis geométrica». En concreto, los cuatro violines robados eran réplicas de modelos Guarneri y Stradivari, valorados cada uno en unos 6.000 euros. Además, también se llevaron tres arcos, la pieza con la que los músicos frotan las cuerdas y hacen sonar el instrumento, con un precio de unos 400 euros. El luthier bilbaíno mima cada pieza, viaja a Italia personalmente a comprar la madera. «Elijo las más vivas, en las que un simple toque aguanta más la vibración», detalla. Recorta las tablas, las afina y las prueba. «Hago mis pinitos. Ahora bien, de ahí a ser violinista...», admite con modestia.
Vídeos de seguridad
Los vecinos que viven junto a su taller fueron los primeros en dar la voz de alarma, alrededor de las ocho de la tarde, cuando se percataron de que la puerta del local de Iñaki estaba abierta. Él creía que se le había olvidado cerrarla porque es muy «despistado», pero al entrar, se llevó «un disgusto tremendo». Le habían robado sus relucientes violines, que estaban colgados en fila en una tabla. «Lo dejaron todo tirado, lo hicieron de prisa y corriendo, aunque la Policía no encontró huellas».
Gracias a la declaración de un testigo, la Ertzaintza localizó a uno de los tres autores del robo, confirmó ayer el Departamento de Interior, y recuperó dos de los instrumentos, los Guarneri, que aún llevaba en el vehículo. La Policía autonómica abrió diligencias contra él, que cuenta con antecedentes penales, y le imputó por los delitos de robo y receptación. Los investigadores siguieron la pista de los violines.
Ignorantes del auténtico valor del botín, vendieron los dos Stradivari, «uno de color miel y el otro marrón rojizo», en una tienda de compraventa de productos de segunda mano de Bilbao, los dos por 60 euros.
«Esperaba más colaboración por parte del comercio, sinceramente, parece que viven en otro planeta», protesta Iñaki. Asegura que al dirigirse a ellos para pedirles explicaciones, «se remitieron a la investigación de la Ertzaintza», sin aportar ningún otro dato. Por lo que él ha podido averiguar, si alguien acude a este comercio a vender un objeto, sólo le piden el número de DNI, por lo que no pueden saber si el artículo ha sido robado o no.
Al comprarlo, tampoco piden ningún dato, ni queda registrado el cliente, salvo cuando el pago se realice con tarjeta de crédito, por lo que también es difícil averiguar quién se ha llevado los valiosos violines. La Ertzaintza no da por cerrada la investigación, intenta buscar nuevas pistas en vídeos de cámaras de seguridad y rastrea el paradero de las otras dos personas implicadas en el robo, que hasta el momento no han sido encontradas, confirmó ayer Interior.
Probablemente, dos particulares adquirieran las piezas sin conocer su origen, ni probablemente su valor. «Lo que necesito ahora es recuperar los violines, lo demás me da igual, no quiero hacer mal a nadie», declara Iñaki. «Apelo a la conciencia de estas personas para que me los devuelvan».