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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Sociedad

CRIMEN EN VIZCAYA

La Ertzaintza cree que el asesinato está relacionado con «las drogas»

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Muere cosido a puñaladas a la puerta de la casa de su padre en Zierbena
La Policía científica busca pruebas en el patio de la casa. / LUIS CALABOR
José Antonio G., de 45 años, murió ayer cosido a puñaladas en el zaguán de la casa de su familia, en el barrio de Kardeo, en el municipio vizcaíno de Zierbena. El cadáver, que presentaba siete heridas de arma blanca y un fuerte golpe en la cabeza, fue hallado alrededor de las dos de la tarde, pero la Ertzaintza cree que el asesinato se produjo de madrugada. Fuentes de la Policía autonómica desvelaron ayer a este diario que trabajan con la hipótesis de que el crimen esté relacionado «con un asunto de drogas».
La voz de alarma la dio una pareja de sanitarios que acudía a diario al número 13 del barrio de Kardeo para atender al padre de la víctima, que se encuentra enfermo e impedido. Alrededor de las dos y media de la tarde, los médicos vieron la puerta entornada y, al no responder nadie a su llamada, decidieron acceder a la vivienda, que cuenta con dos alturas. En el vestíbulo se encontraron a José Antonio tumbado boca abajo sobre un charco de sangre. No pudieron hacer nada. Estaba muerto. Al parecer, su progenitor, que descansaba en el piso de arriba, ni siquiera se percató de lo sucedido y pasó toda la noche esperando la llegada de su hijo. A media tarde, el anciano fue trasladado al hospital de Cruces al empeorar su estado de salud.
Pero los sanitarios no fueron los únicos en toparse con el cadáver. Los operarios que trabajaban en la construcción de un chalé cercano se aproximaron a la casa para protestar porque un vehículo bloqueaba el camino de acceso a su obra y pensaron que se trataba del del fallecido. Los empleados se toparon con un escenario dantesco: «Había sangre en el patio y por todos los lados, como si hubieran arrastrado el cuerpo hacia dentro», relató uno de ellos.
La llegada de varias patrullas de la Ertzaintza rompió la tranquilidad de este barrio rural ubicado en una vaguada que conduce a la playa de La Arena. «Aquí nos conocemos todos. Es una familia que no ha dado problemas, pero sabíamos que allí había meneo», afirmaba un vecino. Según fuentes oficiales, José Antonio había estado relacionado con el mundo de las drogas. También su hermano mayor, que falleció hace dos años sin que pudiera abandonar su adicción a los estupefacientes, precisaron las mismas fuentes.
El escenario del crimen fue rápidamente tomado por la Policía. La Unidad Científica recogió varios objetos como pruebas y peinó la zona en busca del arma homicida. Algunos agentes inspeccionaron -al parecer sin éxito- papeleras y alcantarillas. Los efectivos desplazados también se llevaron para su análisis un 'Citroën Xsara' gris metalizado y un 'Renault Clio' amarillo, propiedad del fallecido. Además, varios perros rastrearon la zona. La célula canina suele actuar en estos casos también para buscar narcóticos. El resultado de estas investigaciones no ha trascendido.
Por último, la Ertzaintza entregó un perro y un periquito de la familia al Ayuntamiento para que las autoridades locales se hicieran cargo de los animales. El alcalde, Marce Elorza, paso buena parte de la tarde en el lugar del suceso.
«Ahora estaba centrado»
La noticia del asesinato de José Antonio conmocionó al barrio. «Su padre fue un futbolista muy conocido. Jugó en los buenos tiempos del Sestao y también en el Abanto y el Arenas. Era muy buena gente», recordaba uno de los habitantes de este apartado barrio de la localidad marinera. «La madre murió hace tiempo y el chico se hacía cargo del padre. También le ayudaba una mujer relacionada con la familia de su madre», terciaba otro de los vecinos. «Aunque no trabajaba, ahora se le veía más centrado. Es una pena», añadió.
La noticia del crimen corrió como la pólvora por todo el municipio, de apenas 1.300 habitantes. En el puerto, algunos patrones miraban el bote del que era propietario José Antonio. «Qué lástima», lamentaron.
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