D icen los astrónomos, o así lo tengo yo al menos entendido, que la Luna, pese a su rotación en torno a la Tierra, nos muestra siempre la misma cara, dejándonos oculta aquella otra que sólo se nos haría visible mediante un viaje espacial que la rodee. Pues bien, la primera impresión que un buen número de ciudadanos vascos habrá obtenido de la lectura del acuerdo que ayer hicieron público el PSE y el PP será, con toda probabilidad, la de haberse embarcado en un viaje de ese tipo y asomado a esa otra cara de su país que nunca habían contemplado.
Tiempo habrá para desmenuzar el texto del acuerdo en todos sus detalles. De momento, parece más interesante detenerse en esa primera impresión que, como suele ocurrir con todas las de su género, recoge acertadamente el meollo de lo que pretenden decir las once páginas que componen el documento.
Libertades, pluralismo, tolerancia, paz o igualdad son palabras a las que los ciudadanos de Euskadi estábamos muy habituados. Sin embargo, al leerlas en el contexto de este acuerdo, parecen adquirir significados que antes no tenían. Como si, al escucharlas desde la perspectiva de quienes ahora las pronuncian, nos obligaran a volver la mirada hacia aquellas partes del paisaje de cuya presencia en el cuadro no nos habíamos percatado. «O sea -pensamos sorprendidos- que para algunos aún no había libertades, el pluralismo no los abarcaba, se sentían poco o mal tolerados, la paz les sonaba a renuncia y la igualdad era, más que un dato de la realidad, un objeto de conquista».
A ese buen número de ciudadanos la impresión que ha sacado de la lectura del acuerdo lo habrá dejado, cuando menos, perplejo. Unos se habrán sentido ofendidos. Otros se habrán declarado incrédulos. Pero habrá también, sin duda, un puñado de gente al que esa su primera impresión le habrá creado desasosiego. Pese a haber estado imbuido de lo que se le había hecho social y políticamente correcto, está dispuesto a escuchar en las palabras que acaba de leer, tan usadas y manidas por otra parte, una llamada de atención que le habrá removido la conciencia. Es este puñado de gente el que, si acaba con bien esta especie de viaje espacial que le proponen en su acuerdo socialistas y populares, habrá podido contemplar, por primera vez en su vida, la cara oculta de su propio país. Pues bien, eso era el cambio.