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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Política

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ETA busca cómo garantizarse la supervivencia tras los múltiples problemas de operatividad que le han ocasionado los sucesivos golpes policiales y la detención de la jefatura que encarnaban 'Txeroki' y 'Gurbitz'. A la dificultad de encontrar activistas con experiencia para formar una nueva cúpula -la banda ha pensado incluso en traerse a veteranos etarras residentes en Latinoamérica-, se agregan las complicaciones logísticas y la presión de las Fuerzas de Seguridad del Estado, que han puesto en jaque la red de zulos e incluso la posibilidad de mantener comandos en activo en Euskadi. Tanto es así que la organización terrorista se ha visto abocada a un proceso de recomposición de sus estructuras y a abrir un debate sobre su propio futuro inmediato.
Las fuerzas de seguridad atribuyen la baja actividad de ETA en los últimos meses a los problemas surgidos a la hora de recuperarse del efecto de las detenciones consecutivas de sus principales dirigentes: Garikoitz Aspiazu, 'Txeroki', y Aitzol Iriondo, 'Gurbitz'. Según fuentes consultadas por este periódico, la debilidad ha llegado a tal extremo que la única prioridad que en estos momentos ocupa a la banda es cómo superar esa situación y como reestructurarse para sortear la presión policial.
La detención de 'Txeroki' tuvo lugar el 18 de noviembre en Francia y la de Aitzol Iriondo, el 8 de diciembre. Entre ambos arrestos se produjo el asesinato del empresario Inaxio Uria en Azpeitia. Sin embargo, tras la captura de sus dos jefes, ETA sólo ha llevado a cabo cuatro atentados con explosivos, sin causar víctimas. Esta cadena de acciones se ha producido además en una etapa en que los analistas antiterroristas esperaban una fuerte y violenta ofensiva con motivo de la campaña electoral vasca y la ilegalización de D3M y Askatasuna, las dos listas con que la izquierda abertzale radical pretendía concurrir a los comicios. Sin embargo, únicamente se produjo un ataque contra la sede del PSE de Lazkao, que no provocó heridos.
Tras la caída de uno de sus dirigentes, ETA siempre se da un periodo de tiempo para comprobar qué parte de la actividad controlada por ese responsable está 'quemada'. Ese tiempo sirve para verificar las citas marcadas por los terroristas o el control de los zulos y las casas de seguridad e implica una ralentización de todas las acciones de la organización.
Tras la detención de 'Txeroki', su lugarteniente, Aitzol Iriondo, fue arrestado cuando asistía a una cita en la localidad de Bagneres de Bigorre para ponerse en contacto con un activista que acababa de huir de Vizcaya. Según las fuentes consultadas, que el sustituto de 'Txeroki' cayera precisamente en una cita tuvo que despertar necesariamente todas las alarmas en la banda. Los expertos deducen que una operación de ese tipo significó sumir a la organización terrorista en un letargo en el que la seguridad se ha convertido en su principal obsesión.
Sustituto de 'Txeroki'
Las fuerzas de seguridad no saben con certeza quién ha podido sustituir a Garikoitz Aspiazu y 'Gurbitz' al frente de los comandos. En distintos momentos se ha especulado con la posibilidad de que el nuevo jefe sea Jurdan Martutegi, uno de los miembros del 'comando Vizcaya' huidos en el verano pasado, o el jefe de explosivos, Eneko Gogeaskoetxea. Un tercer nombre que se baraja como responsable de la cúpula militar es Iurgi Mendinueta Mintegi, 'Aitor', que también había ejercido funciones de lugarteniente de 'Txeroki'. Sin embargo, todas esas identidades no pasan de ser meras hipótesis. De lo que sí están convencidos los investigadores policiales es de que el terrorista que haya asumido la jefatura militar se habrá centrado en crear un nuevo esquema de organización, en el que también intente salvar parte de la estructura que heredó de sus predecesores pero con el objetivo preferente de crear una trama lo más impermeable posible a la presión de las fuerzas de seguridad.
Un dato importante en la evaluación del estado actual de la banda procede de las operaciones llevadas a cabo por la Ertzaintza en el País Vasco a comienzos de este mes de marzo. Éstas revelaron que el peso de ETA recaía sobre comandos formados por un 'liberado' -a sueldo de la organización- apoyado por una red de 'legales' -sin fichar-. La huida de los responsables de estas células también habrá puesto en apuros a la propia organización, ante las dificultades existentes para sustituirles y, al mismo tiempo, garantizar la seguridad de los etarras que han cruzado la frontera.
Las fugas de terroristas habrían revelado, por otra parte, que la presencia de la banda en Euskadi era bastante débil, en especial, después de que la Guardia Civil hubiera desmantelado en verano de 2008 el 'núcleo duro' del 'comando Vizcaya' y localizado gran parte de los arsenales de la célula.
La 'oficina politica', tocada
En ese contexto, los expertos sostienen que todos los esfuerzos de ETA se dirigen a superar su debilidad. Cuando se produjo el arresto de 'Txeroki', el ministro de Interior aseguró que en el seno de la organización existía una división entre quienes cuestionaban el uso de la violencia y los que querían «matar mucho para intentar que el Gobierno volviera a negociar». Fuentes consultadas por este periódico consideran que, en la actual coyuntura, los militantes de ETA han aplazado este debate para concentrarse en cómo preservar sus estructuras y soslayar la presión policial.
Los mismos expertos destacan que uno de los datos que mejor reflejan la situación interna actual es que la dirección etarra no ha difundido entre sus bases ningún zutabe, boletín interno, desde octubre de 2007. Esta circunstancia resulta especialmente significativa cuando desde esa fecha se ha celebrado incluso una asamblea virtual entre los propios activistas, que no ha quedado reflejada en órgano alguno de difusión de la banda.
La lectura que las fuerzas de seguridad hacen de este silencio es doble: por una parte, dan por hecho que la 'oficina política' de ETA ha quedado afectada por las operaciones policiales, pero también sospechan que a la cúpula terrorista no le interesa la discusión interna en este momento. Al contrario, para la banda puede ser mucho más perentorio y urgente presentar una imagen de fortaleza, conscientes de que su declive implica también que las voces disidentes dentro de la propia izquierda abertzale se expresen cada vez con mayor contudencia.
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