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Cultura

Pedro Juan Gutiérrez. Escritor

El autor cubano, que publica dos libros de poesía, asegura que le interesa sobre todo indagar en la oscuridad del ser humano
29.03.09 -

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«Un escritor es como un 'stripper'»
Pedro Juan Gutiérrez, fotografiado en su casa de La Habana. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ
Pedro Juan Gutiérrez (Matanzas, 1950) es sin duda el escritor cubano vivo más importante. Con un estilo propio, directo y descarnado, retrata su país como el escenario de una lucha continua por la supervivencia en un ambiente de miseria aliviada por la alegría de una música caliente, dosis masivas de ron y sexo promiscuo a cualquier hora y en cualquier situación. Como ha dicho más de una vez, en un país sin internet ni móvil, con poco cine y una televisión aburridísima, no queda más opción que 'templar' a ritmo de salsa, entre vaso y vaso de ron. Diez años después de la publicación de la 'Trilogía sucia de La Habana', el libro que le dio fama internacional, saca a la luz dos volúmenes de poesía: 'Lulú la perdida' (Ed. La Araña Pelúa / La Mygale à Pigalle) y 'Morir en París', a medias con Benjamín Prado (editado por la Embajada de España en Cuba). Un cambio de género radical pero manteniendo una fidelidad absoluta a sus señas de identidad. En esta entrevista, el escritor -que apenas ha sido editado en su país- repasa su carrera. Y, aunque sigue reacio a hablar de política, muestra su escepticismo tanto respecto del socialismo como del capitalismo.
-Publica un libro de poemas diez años después de la 'Trilogía sucia de La Habana'. ¿En qué ha cambiado desde entonces?
-Ahora estoy un poco más tranquilo. Entre 1994 y 1997, cuando escribía los cuentos que forman la 'Trilogía', estaba muy desesperado, muy agresivo, muy furioso. No fue un proyecto intelectual, sino una cosa espontánea: iba escribiendo cuentos casi siempre borracho, de madrugada, y los guardaba en una carpeta. Hice 'El rey de la Habana' igual, luego 'Animal tropical' ya con un poco más de ecuanimidad, después con 'El insaciable hombre araña' y 'Carne de perro' ya entramos en un proceso de desencanto y frustración total y parece ahora que me estoy como limpiando, con un mayor silencio interior y serenidad. La poesía me ayuda a pensar.
-¿La escribe a modo de descanso?
-Sí, acabo de terminar en Tenerife otro libro de poesía en el que he estado trabajando un año. Son 60 páginas, pero da mucho trabajo, aunque sea como un juego. Es un proceso de reflexión porque lo destilo mucho.
-¿Por qué ahora ese proceso de reflexión? ¿Es consecuencia de su evolución literaria o personal?
-Siempre he escrito poesía. Lo primero fue con 13 años, a una noviecita que tenía en un pueblito de Cuba. El día que me iba, a modo de despedida, le regalé un poemita y una flor, y fue maravilloso. Hoy ella tiene 58 años, mi edad, y cada vez que me ve aún se sonroja y se pone nerviosa. A partir de ahí seguí escribiendo, a veces para mujeres, otras no.
-La suya es una poesía muy narrativa.
-Sí, cuento historias. Yo siempre escribo así. Son ideas que se me ocurren... Incluso en el último libro he retirado algunos poemas, que se convertirán en cuentos.
Señas de identidad
-En esos poemas están sus temas habituales -la pobreza, el sexo, el alcohol- y sus expresiones comunes.
-La poesía te da una posibilidad de abstracción muy grande. Yo la escribo sin saber adónde voy. Me levanto por la mañana y, con el cerebro muy fresco, empiezo a escribir. No es como un cuento, que hay que saber el mecanismo exacto. Y la novela son palabras mayores; ya no es un juguete, es un 'pack' de diversiones.
-¿Ahora no le interesa la novela?
-Sí, tengo como cinco o seis proyectos de novela. Pero me da mucho trabajo arrancar. Hasta que de pronto, sin saber por qué, un buen día tengo el arranque, el título de una novela que llevo años pensando. Entonces me convierto en un alemán o un suizo, pesadísimo, trabajando con una disciplina rigurosa. El cuento es distinto: lo escribo en una mañana, de una sentada, y empleo otro día para limpiarlo.
-Usted asegura haber cambiado en estos años, pero su lenguaje sigue siendo igual de crudo. ¿Es su signo de identidad, la marca de agua de su literatura?
-Creo que voy cambiando algo también. En los cuentos que estoy escribiendo ahora hay un sentido del límite que antes no tenía, una contención nueva. Voy madurando y estoy cambiando el tono. Le pasa a cualquier artista. Uno se va atenuendo en sus expresiones, y si logras sobrevivir y no te pasa como a Bolaño o Carver, que murieron con 50 años, puedes entrar en una etapa de más serenidad y también de más compasión. Y eso se refleja en el lenguaje, que se adapta a lo que necesitas en ese momento.
-Como usted deje de ser radical, sus lectores lo van a echar en falta, porque buscarán eso en sus libros.
-Soy consciente de ello. Un escritor es como un 'stripper': el público espera que al final del espectáculo tenga una erección enorme y si eyacula sin tocarse pues mucho mejor. Pero yo escribo sin tener en cuenta a los lectores. De verdad le digo que no pienso nunca en lo que esperan de mis libros.
-Sus libros reflejan la miseria y las dificultades de la vida cotidiana en La Habana y llegaron a Europa en un momento de euforia económica. ¿Cree que ahora, con la crisis, van a ser leídos de distinta forma?
-Mis libros no son 'best-sellers'. Mi editor dice que son 'long sellers'; es decir, que se venden bien durante un período largo de tiempo. Yo creo que tengo un público fiel que sigue mis novelas, los cuentos, hasta los cuadros que pinto, y espero que sigan ahí, aunque cambie la coyuntura.
-¿Y le siguen igual en todas partes, con esos libros tan enraizados en una ciudad y un tiempo concretos?
-Creo que el escritor no puede prever dónde van a acogerle mejor. Por ventas, mis libros donde mejor funcionan es en Alemania y cuánta distancia hay respecto de La Habana. Pero creo que el público con el que mejor me comunico es el de Italia y Brasil, aunque debería ser el español, por la simple razón del idioma. Y la acogida en países escandinavos ha sido estupenda. Eso me ha sorprendido mucho. Yo pensaba que mis libros no se entenderían bien en países tan ricos.
Un mundo en crisis
-¿Ha llegado a encontrar alguna explicación?
-Sí, que todos los humanos somos iguales, tenemos las mismas preocupaciones, sufrimos la misma soledad. La miseria es el 'leit motiv' de mi literatura. Mis protagonistas buscan cariño, compañía, sexo, amor... y eso es igual en todas partes.
-Uno de sus poemas termina así: «El mundo que se cae a pedazos/ y yo/ destrozado/ tragando alcohol». ¿Influye sólo en su literatura lo que pasa en Cuba o quiere reflejar también el estado del mundo?
-Un escritor lo único que hace es reflexionar sobre lo que lo rodea. Y eso cambia. Yo ahora escribo cuentos que toman elementos de España, donde paso temporadas. La literatura es sólo eso, y lo normal es que coloques la vista en lo que tienes cerca. Llega un momento en que escribes sobre eso que llevas viendo un tiempo.
-Después de escribir tanto sobre los buscavidas de su país, ¿no le atrae escribir sobre gente como Madoff, que se ha hecho famoso por arruinar a tantas personas?
-Estoy incorporando a mi literatura, a lo que ahora estoy escribiendo, a gente parecida a Madoff. Personas no tan célebres ni que han hecho estafas tan grandes, pero sí personajes ligeros que se empapan de todo lo que hay, de las oportunidades del momento, para sobrevivir. Me interesa mucho indagar en la oscuridad de los seres humanos para hacer un retrato lo más completo posible. Madoff escondía su avaricia tras un manto de respetabilidad, incluso de misantropía. Eso es lo que me interesa del ser humano. Y eso es lo que busco.
-¿Como en sus tiempos de periodista?
-Sí, claro. Hace unos meses estuve en la isla de Guadalupe, a recoger un premio que me dieron por 'El nido de la serpiente'. El premio lo organiza una familia que debe de ser dueña de media isla. Llegas allí y ves que todo es como en 'Lo que el viento se llevó', con todos sus contrastes. Son esos contrastes lo que me interesa. Y eso supone un punto de contacto entre el escritor y el periodista.
La sociedad cubana
-¿Cómo vive la sociedad cubana el desplome de algunos símbolos del capitalismo?
-Allá nadie tiene una cuenta bancaria, y casi nadie dispone de móvil o internet. Son mecanismos que allí no funcionan. Y los periódicos lo han contado con distancia, como si estuviera sucediendo en la Luna.
-Hace un tiempo dijo que la sociedad cubana estaba a la espera. ¿Cómo la ve ahora?
-Sigue siendo un país a la espera. A la espera de que pase algo. En el mundo cultural oficial se están moviendo cosas: una pequeña editorial me va a publicar 'El rey de La Habana' y la Bienal de La Habana cuenta con propuestas interesantes y distintas a las que se han visto hasta ahora. Es muy difícil entender lo que allí sucede desde fuera.
-Pablo Milanés hizo unas sorprendentes declaraciones hace unos meses, diciendo que el socialismo cubano se ha estancado y pidiendo un relevo generacional. ¿Le sorprendió?
-No, en absoluto. Somos muy amigos desde hace muchos años y él sabe perfectamente lo que está pasando allí.
-Pero es extraño que lo dijera alguien que está muy integrado en el sistema.
-Pertenece al sistema como yo: ambos vivimos en La Habana, aunque en distintos barrios. Y ahora ya no es diputado. El asunto es que los políticos pasan y lo que queda es el arte. La obra de Dostoyevski está ahí, y en cambio nadie recuerda qué zar reinaba en Rusia en ese tiempo. Estoy convencido de que 'Yolanda' se seguirá escuchando y mis libros se seguirán leyendo dentro de 50 años. No sé dentro de 300, pero sí dentro de 50. Y a los políticos de hoy nadie los recordará. Eso es lo que les duele.
-Aquí había una efervescencia cultural muy grande en los últimos años del franquismo. ¿Se está produciendo algo parecido en Cuba?
-Desde hace unos años, quizá diez o incluso más, hay una vitalidad enorme de las artes. Hay cineastas, pintores, escritores, músicos que tienen textos fotocopiados, películas guardadas en DVD, grabaciones artesanales... El problema es que la mayor parte de eso no llega a las salas. Pero circula en algunos ambientes. Los jóvenes experimentan y hay una explosión muy fuerte de creatividad. Algunos se van fuera, pero otros se quedan y siguen creando, aunque sea en esas condiciones.
-Usted se ha quedado, pero como casi no le publican vive en el anonimato.
-En mi barrio ya hay gente que sabe que soy escritor, pero mantengo la ventaja de que no me conocen. Cuando editaron 'Nuestro GG en La Habana', pedí que no sacaran mi foto en la contraportada. Insistieron diciéndome que la colección contemplaba una foto del autor, pero les amenacé con no autorizar la publicación si incluían una fotografía. El anonimato me da mucha tranquilidad a la hora de escribir.


c.coca@diario-elcorreo.com
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