El sonido de la máquina registradora de los terroristas volvió a escucharse ayer en Amorebieta. ETA hizo estallar una bomba con dos kilos de explosivos en la vivienda del empresario vasco José Manuel Arana. La detonación no provocó heridos pero sí daños en el muro exterior de la vivienda. Arana, presidente de Astilleros Murueta, se habían negado a someterse a la extorsión terrorista.
El atentado -el segundo contra el dueño de una compañía después del asesinato de Inaxio Uria el 3 de diciembre pasado- se produce en un momento en el que la banda ha convertido el envío de cartas de extorsión en una constante que sufren los empresarios vascos. En los últimos años se ha pasado de hablar de oleadas puntuales a un envío constante de misivas -«un goteo», en palabras de los portavoces de la patronal- en el que los terroristas, para elevar la presión de su chantaje, amenazan también a esposas e hijos de los afectados.
La bomba colocada contra Arana se enmarca, según las fuentes consultadas por este periódico, en las remesas remitidas en meses recientes, en lo que se interpreta como un intento de la banda de acelerar la recaudación ante los previsibles problemas económicos que puede estar sufriendo en estos momentos. Además, que se haya pasado de la amenaza escrita a la colocación de un explosivo implica también que los etarras no quieren que la imagen de debilidad que están ofreciendo a consecuencia de los últimos golpes policiales anime a más empresarios a rechazar la extorsión. En este sentido, el paso a la acción directa podría ser un signo, según los expertos, de que un número importante de empresarios ha dejado de pagar, con lo que se ha mermado considerablemente los ingresos para mantener la estructura terroristas.
Muro exterior
Diversas fuentes señalaron a EL CORREO que la empresa de Juan Manuel Arana había recibido varias cartas en las que se le exigía el pago del denominado 'impuesto revolucionario'. El siguiente paso de su cadena de amenazas tuvo lugar a la una de madrugada de ayer en el barrio Betarragane de Amorebieta. Según las investigaciones preliminares llevadas a cabo por la Ertzaintza, los etarras escogieron como objetivo el muro exterior de la vivienda, situado justo en el arcén de una pequeña carretera, en una zona aislada y sin ningún tipo de vigilancia. Los etarras colocaron la bomba en el suelo, justo en la parte más baja de la pared y al lado de una caseta dedicada a guardar las herramientas de mantenimiento del jardín.
La bomba estalló sin provocar apenas daños. Al parecer gran parte de la carga se incendió sin llegar a detonar, por lo que ni siquiera los inquilinos del chalet se dieron cuenta de que acababan de sufrir un atentado. Los vecinos de los alrededores que escucharon el pequeño estallido fueron quienes avisaron a la Ertzaintza, cuerpo que se encargaría de avisar al propio Juan Manuel Arana. Los terroristas no habían realizado ninguna llamada previa de advertencia para alertar de la inminencia de la deflagración.
La primera tarea de los agentes de la Policía autónoma que se acercaron al domicilio fue comprobar las inmediaciones, siguiendo los procedimientos de trabajo de la Ertzaintza en los que se extreman las precauciones para evitar trampas de los terroristas. Posteriormente, tras comprobar que los daños eran mínimos y apenas afectaban a la fachada exterior, decidieron que ni siquiera era necesario llevar a cabo la evacuación de las casas de los alrededores o la de los Arana.
Sin movilizaciones
A lo largo de la mañana, los expertos de la Unidad de Desactivación de Explosivos de la Ertzaintza (UEDE) se dedicaron a rastrear las inmediaciones para reunir restos de la bomba, en busca de indicios sobre los autores. Las pesquisas preliminares han permitido determinar que el artefacto estaba fabricado con alrededor de dos kilos de un explosivo aún por determinar. En sus últimos atentados, la banda ha estado empleando materiales de elaboración artesanal como el amonitol o el amonal, constituidos a partir de productos químicos robados en Francia.
A lo largo de la mañana se acercaron hasta la vivienda de Juan Manuel Arana el alcalde de Amorebieta, David Latxaga, así como concejales de PNV, EB y PP, para expresar su condena y solidaridad. El primer edil de la localidad vizcaína afirmó, tras hablar con el empresario, que Arana se encontraba «bastante entero». «Es un hombre de una pieza», señaló tras asegurar que el propio afectado le había pedido que no se llevasen a cabo movilizaciones de protesta, motivo por el que el Consistorio no organizará ningún acto de condena.