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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Política

LA FORMACIÓN DEL NUEVO GOBIERNO VASCO

Sientan las bases para la investidura de López, los Presupuestos y el acceso de los populares a la presidencia del Parlamento vasco

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El cambio en Euskadi está escrito. Socialistas y populares sentaron ayer las bases de un pacto que garantiza la estabilidad del próximo Gobierno vasco y confirmaron así el anuncio de la misma noche electoral de firmar una nueva página en la política de la comunidad, después de 30 años de ejecutivos liderados por el PNV. En un documento que calificaron de «preacuerdo», las delegaciones negociadoras de PSE y PP han establecido los ejes de un entendimiento que tiene visos de convertirse en un compromiso de legislatura. A falta de pulir detalles, sobre todo de redacción, hay nueve bloques temáticos que incluyen proyectos concretos en Educación, Sanidad, política lingüística, economía, lucha antiterrorista y Tren de Alta Velocidad, entre otros.
En la medida en que se cumpla esta alianza, el Partido Popular se compromete a respaldar los Presupuestos de Patxi López, lo que asegura al líder socialista un aterrizaje en Ajuria Enea sin sobresaltos. Ésta es la novedad de una entente que asegura al secretario general del PSE la investidura como lehendakari gracias al respaldo del PP. El grupo de Antonio Basagoiti presidirá por primera vez el Parlamento. Salvo sorpresas, el documento en el que sustenta la alianza será presentado en público antes del viernes 3 de abril, puesta de largo de la Cámara.
Mientras tanto, López y Basagoiti validarán el pacto en una serie de conversaciones que incorporan el debate sobre la Diputación alavesa, apartado de la mesa de negociación para no enturbiar la búsqueda de consensos de fondo. Porque Álava sigue en el centro de la discusión, en un plano discreto, pero aún pendiente de resolución. Los populares no renuncian a asumir a corto plazo la primacía en esta institución en virtud de su victoria electoral de 2007 y desbancar de este modo al PNV. Para ello necesitan la ayuda del PSE, que estudia la posibilidad de llevar a la práctica esa demanda. Otra cosa es cuándo y cómo lo viste.
Éstas son las bases del cambio político en Euskadi. Las comisiones negociadoras dieron ayer un arreón que se presupone definitivo al Gobierno que liderará por vez primera un lehendakari no nacionalista, en una legislatura en la que el PP aspira a dejar su impronta como nunca había hecho hasta la fecha. No sólo porque hará ver a las claras que sus votos son imprescindibles para el nombramiento del jefe del Ejecutivo vasco, sino porque se ha esforzado en dar contenido a ese histórico relevo.
Mucha 'cocina' previa
La reunión de ayer, celebrada por la tarde en una sala del Parlamento vasco, había llegado precedida de mucha 'cocina'. Mientras en público los portavoces de ambos partidos parecían enredarse en la cuestión alavesa -que esto es «irrenunciable», advertían los populares; que ahora «no toca», replicaban los socialistas-, las dos partes acercaban posturas lejos de las cámaras. Tras mucho 'sms', intercambio de documentos, citas casi clandestinas y llamadas telefónicas entre sus líderes, las delegaciones dejaron anoche perfilado el pacto, aunque prefirieron llamarlo «principio de acuerdo». «Lo mejor de todo ha sido la recuperación del clima de confianza», comentó uno de los negociadores al término de la entrevista, que duró apenas una hora.
Intervinieron los equipos al completo. El PSE se presentó con el portavoz de la ejecutiva, Rodolfo Ares; su presidente, Jesús Eguiguren, y los tres líderes territoriales: José Antonio Pastor (Vizcaya), Iñaki Arriola (Guipúzcoa) y Txarli Prieto (Álava). El PP llegó también con todo. Su secretario general, Iñaki Oyarzábal; el portavoz, Leopoldo Barreda; la vicesecretaria, Arantza Quiroga, y los presidentes de Álava y Guipúzcoa, Alfonso Alonso y María José Usandizaga, quien se estrenaba en la mesa.
La reunión fue rodada. Ares y Oyarzábal, los responsables de las comisiones, llevaban reunidos dos horas antes de la llegada del resto de integrantes. De primeras, un apretón de manos con Eguiguren de testigo. Fuerte y cordial. También entre Oyarzábal y Prieto, quien ocupó un extremo de la mesa. En el otro, Alonso. Álava apenas «se tocó»; por si acaso.
Legislatura sosegada
El «principio de acuerdo» incluye un compromiso presupuestario de notable alcance para ambas partes y el sosiego de la legislatura que viene. A falta de concretar la fórmula sobre el papel, el PP está dispuesto a manifestar su vocación por el cambio con el respaldo al proyecto económico de los socialistas. Aunque reitera su voluntad de buscar el entendimiento con otras fuerzas parlamentarias, el PSE necesitaba garantizarse su Presupuesto, columna vertebral de la gestión, que se suele presentar en octubre. Y más viendo que el PNV se estrenará en la bancada de la oposición con una actitud parlamentaria beligerante.
Los populares quieren incluir en el documento por escrito que mantienen su apuesta siempre que se ejecuten los acuerdos, conocidos como «objetivos prioritarios del cambio». Aquí están los nueve bloques temáticos, incluido el autogobierno. Ambas partes tienen todavía que perfilar este punto, sobre todo por la aspiración anunciada por López de reformar el Estatuto. El grupo de Basagoiti no se cierra en banda, siempre que cualquier cambio en la Carta de Gernika se ajuste a la Constitución.
Las ejecutivas de PP y PSE se encargarán de avalar el acuerdo antes de su ratificación definitiva, algo que podría ocurrir el martes con luz y taquígrafos. Un día antes, las direcciones deberán presentar oficialmente los nombres para los puestos de la Mesa del Parlamento. De los cinco, se reparten tres, lo que les garantiza el control. Basagoiti, que logra una de sus aspiraciones originales, debatirá uno a uno con sus presidentes territoriales la persona idónea para el cargo. Aún no lo tiene decidido al cien por cien, aunque Quiroga y la portavoz de la ejecutiva alavesa, Laura Garrido, siguen siendo las máximas candidatas. En el PSE, «aún es pronto» para anunciar aspirantes a la vicepresidencia y secretaría general primeras. Lo que mantienen los socialistas es que sería mejor que en la presidencia se hable euskera.
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