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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Política

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L a mayoría de los sondeos de opinión conocidos con anterioridad a las elecciones mostraban una posición consolidada entre los vascos favorables al entendimiento entre nacionalistas y socialistas respecto de la formación del gobierno. No creo equivocarme al manifestar que el 1 de marzo una mayoría muy relevante de los ciudadanos que depositaron su voto a favor del PNV o del PSE lo hicieron con la esperanza de que el apoyo prestado sería utilizado para restablecer ese entendimiento, hoy por hoy indispensable, entre las dos referencias históricas más importantes existentes en nuestra sociedad. Pienso que esos votantes, además del apoyo expreso al partido preferido y a su candidato, han dejado también depositada con su elección electoral una ilusión, una recomendación que funciona a modo de orientación genérica, que si bien no constituye orden ni mandato, sin embargo sí ilustra suficientemente qué es lo que se debería intentar trabajar a modo de objetivo.
Pienso que ese mensaje implícito existía ya en buena parte del electorado jeltzale aun estando vigente el tripartito. Quiero decir que esa exigencia del votante del PNV en cuanto a la orientación general del país es más estratégica que táctica, más estructural que coyuntural y, por lo tanto, no habría quedado diluida ante la eventualidad de que los jelkides hubieran obtenido con los partidos menores la suma de 38 escaños. Precisamente, ese mandato tácito a favor del entendimiento con los socialistas es consecuencia en buena parte del fracaso de la estrategia desarrollada por el PNV e Ibarretxe desde Lizarra. Ese mensaje existe igualmente en la mayoría de los votantes socialistas que sitúan al PSE-PSOE bajo las coordenadas de un acuerdo con los nacionalistas que garantice las normas básicas de la convivencia, aleje todo peligro de enfrentamiento o tensión comunitaria y ofrezca un horizonte de estabilidad institucional con políticas de integración y bienestar social. Estimo que cualquier eje de entendimiento estratégico con el PP es visto, más que como una garantía, como un riesgo que puede poner en peligro ese horizonte de esperanza al que aspiran. Cada grupo de votantes quiere que ese acuerdo sea liderado por uno de los 'suyos'. Es lógico y razonable. Pero ni siquiera los votantes de cada grupo viven tal cuestión como imprescindible, como para hacer con ello un 'casus belli'. Es cierto que entre los nacionalistas hay una parte, más o menos relevante, que no cree en el entendimiento con los socialistas. Además, tampoco lo desean porque lo que defienden es la acumulación de fuerzas abertzales. Probablemente, hoy prefieran ver a su partido en la oposición antes que en un pacto con el PSE. Pero no son mayoría, al menos hasta ahora.
Esa misma mayoría existe entre los votantes socialistas, pero sin embargo la dirección del PSE ha optado por no atender ese requerimiento razonable y está a punto de cometer un error estratégico similar al que cometió la dirección del PNV al cesar en su estrategia de colaboración con los socialistas y embarcarse en las procelosas aguas de Lizarra. Curiosamente, estas mayorías de votantes nacionalistas y socialistas, los que verdaderamente han ganado las elecciones, van a resultar a la postre los auténticos perdedores. Volvemos a perder quienes nos proclamamos defensores de la maldita estrategia de la transversalidad, aunque supuestamente seamos mayoría. Es el rencor lo que se está imponiendo, no la política.
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