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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Economía

14.03.09 -

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A la hora de analizar la situación del BBVA hay dos enfoques diferentes que nos conducen a conclusiones muy dispares. Una es mirarlo en relativo, en comparación con sus colegas. Visto así, la realidad del banco es impresionante. Ocupa el lugar 22 en la lista de bancos ordenada por el volumen de los activos bajo gestión, pero salta a la séptima plaza de la clasificación por capitalización y, desde ahí, se alza con la segunda posición en el ránking de los beneficios obtenidos. Ahí es nada. Sus espectaculares ratios de eficacia y sus contenidas tasas de mora le permiten mantener una posición que, sin duda, es la envidia de todos sus competidores. Otro dato, por si fuera necesario: entre todos los jugadores de las grandes ligas mundiales tan sólo hay dos bancos que no han recibido apoyo del Gobierno ni han acudido al mercado con una ampliación de capital. Y, de ellos, el Intesa-San Paolo no ha repartido beneficios; el BBVA, sí.
En estos momentos de tormenta financiera, las ayudas de los gobiernos son imprescindibles para aquellas instituciones que las necesiten, pero conllevan la importante contrapartida de abrir la puerta de los bancos y las cajas a nuevas y considerables restricciones operativas, a condicionantes de gestión y a presiones de comportamiento. La otra alternativa, la ampliación de capital, está más en línea con los usos habituales de la banca; pero, tal y como están las cosas, los mercados imponen la exigencia de hacerla con descuento sobre la cotización y eso, en la práctica, supone hacerla por debajo del valor en libros. En resumen, visto en comparativo, la situación del BBVA es mejor que buena: es óptima.
La otra manera de verlo, en individual, ya no es tan complaciente. Desde los máximos obtenidos, el banco ha cedido el 75% de su valor en Bolsa. Vuelve a ser menos que lo perdido por la mayoría de sus competidores, pero es una pérdida muy considerable que se une a la decisión de dar el dividendo complementario en 'papeles' y a la noticia de reducir el 'pay-out' del próximo ejercicio al 30% del beneficio. Todo esto es bueno para el futuro del banco porque consolida sus ratios de capital y lo refuerza para afrontar mejor las dificultades del porvenir, pero son noticias desagradables para los accionistas actuales. Antes, cuando la cotización caía, el accionista encontraba en el dividendo el consuelo para sus penas. Ahora, las dudas sobre la rentabilidad se suman a la certeza de una pérdida patrimonial. Cosas de la crisis.
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