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La Audiencia da la razón a Calatrava pero impone un castigo simbólico al Ayuntamiento
La sentencia considera que el enlace produce «confusión» entre los estilos de Calatrava e Isozaki, «totalmente distintos». / EL CORREO
El puente Zubi-zuri es de todos los bilbaínos, pero también de su autor. La Audiencia de Vizcaya ha estimado parcialmente el recurso presentado por el arquitecto Santiago Calatrava en el pleito que mantiene con el Ayuntamiento, un caso sin precedentes que sentará jurisprudencia y en el que entran en conflicto dos derechos: la propiedad intelectual de esta obra y su funcionalidad. En primera instancia, el juez hizo prevalecer el interés público y absolvió al Consistorio, pero este criterio ha sido revocado por la Audiencia. El derecho de Calatrava a defender la integridad de su obra «no queda anulado, solapado o excluido» por la utilidad del paso peatonal, que con su prolongación mediante un elemento añadido permite llegar desde el Campo Volantín hasta Mazarredo.
La 'pasarela de la discordia', firmada por otro arquitecto de gran prestigio, Arata Isozaki, como parte de su complejo residencial, seguirá en pie. Aunque le da la razón en el fondo del asunto, la sentencia echa por tierra las pretensiones de Calatrava a la hora de poner precio a la afrenta. Sus abogados solicitaban el derribo de la nueva estructura, «una medida absolutamente excesiva y desproporcionada» en opinión de los jueces, o una indemnización de tres millones de euros. La resolución la ha reducido a una cantidad simbólica: 30.000 euros, que abonarán a partes iguales el Ayuntamiento y las dos empresas constructoras demandadas, Vizcaína de Edificaciones y Lariam.
Pese a su escaso impacto en las arcas municipales, el fallo tiene una gran importancia no sólo para Bilbao, sino como referencia para futuros pleitos. Es la primera vez que se protege como creación artística una obra pública que no está destinada a la contemplación, sino a servir de enlace entre dos puntos de la ciudad. El titular del Juzgado de lo Mercantil número 1 de Bilbao, Edmundo Rodríguez Achútegui, ya reconoció este valor y advirtió de que la prolongación del puente «vulnera» el diseño original de Santiago Calatrava, aunque acabó inclinando la balanza en favor del interés público. La resolución de la Audiencia da un paso más.
Los magistrados que han estudiado el recurso ponen como ejemplo la Sagrada Familia de Barcelona y la Torre Eiffel al enumerar los méritos del puente como obra de arte «en la que resalta la originalidad de sus formas y el estilo de su creador»; un sello personal «absolutamente distinto» al de Arata Isozaki, lo que implica que la obra queda «irremisiblemente afectada. La alteración es puramente objetiva y se ve por sí sola» sin necesidad de complejos informes periciales, resume la sentencia, que recuerda que se eliminó parte de la barandilla para añadir el nuevo tramo.
¿Era un cambio necesario? La Audiencia considera que la conexión peatonal con el Ensanche se podía haber resuelto con otros medios -«rampas, escaleras o ascensores»- sin tocar el puente de Calatrava. Además, si el objetivo no era sólo cruzar la ría sino llegar hasta Mazarredo, otra posibilidad era encargar el trazado completo desde el principio. «Lo que no es admisible es que, construido el puente, se completaran los objetivos del Plan General a costa de dicho puente y de los derechos intelectuales de su autor», que no fue consultado por el Ayuntamiento antes de acometer la prolongación.
Hasta ahí todo claro, pero hay matices. Las autoridades municipales no actuaron «por capricho» para perjudicar al arquitecto valenciano, sino que pretendían completar la ordenación urbanística de la zona y facilitar el paso de los ciudadanos desde el Campo Volantín hasta el centro de la ciudad. Su carácter de «servicio público» -y en esto coinciden el Juzgado de lo Mercantil y la Audiencia- es un factor de peso a la hora de fijar la indemnización por el daño causado al «derecho moral» del autor. De hecho, pese a todos los argumentos expuestos, el castigo final queda reducido a una cantidad simbólica, exactamente cien veces menos de lo que se pedía.
El fallo es tan contundente al defender los méritos del puente, «que enriquece sin duda el patrimonio urbano de la villa», como al censurar las exigencias económicas del demandante, que «rebasan toda medida de prudencia». La cantidad que se reclamaba «casi quintuplica» lo que en su día cobró el arquitecto -646.965 euros, actualizando el IPC desde 1994-, algo que sólo se explica «por una autocomplacencia intolerable». A estas críticas, probablemente más dirigidas a los letrados que al propio Calatrava, les sigue una descripción final de la pasarela: pese a la «notoria» lesión infligida y el «confusionismo» de estilos arquitectónicos, no ha sido afectada «ni en su trazado ni en la mayor parte de su estructura». Se alza «majestuosa» sobre la ría y sigue presente en las publicaciones turísticas y de arquitectura como icono de la ciudad.


t.abajo@diario-elcorreo.com
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