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Sociedad

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Las Landas reviven tras el ciclón
El ciclón derribó pinos sobre las roulottes, aplastando muchas de ellas, unos kilómetros al norte de Vieux Boucau. La imagen se tomó este miércoles. / REPORTAJE GRÁFICO: IGOR AIZPURU
Aún no ha comenzado la temporada y las pequeñas urbanizaciones de Las Landas que en vacaciones se abarrotan de turistas, miles de ellos vascos, son como pueblos del Oeste, vacíos, casi inhóspitos, donde al visitante le cuesta encontrar un lugar donde comer un menú del día. La actividad, en cambio, es frenética estos días en campings y otras zonas de alojamiento al aire libre, que en esta región francesa se cuentan por centenares. El ciclón que azotó la región a finales de enero, el mismo que puso a Euskadi en alerta roja, provocó «daños millonarios» en la infraestructura turística landesa, que trata de ponerse a punto a marchas forzadas.
Desde que escampó, la tarea prioritaria es recuperar la zona: retirar los miles de árboles arrancados, sustituir las roulottes y las casitas prefabricadas -muchas aplastadas por los pinos que el viento arrancó de cuajo y tumbó- y acondicionar los campings y las playas. Un trabajo ingente. El reto es arrancar la temporada en abril, como siempre, y atraer al primer aluvión de turistas en Semana Santa. La mayoría de los campings llegará a tiempo y los visitantes, salvo por los bosques 'pelados' del entorno, apenas notarán la diferencia. Otros, los más afectados, ya confiesan que no. «Hemos tenido que cancelar las reservas que teníamos para abril», admite Martina Gissot en el complejo Le Col Vert, un gigantesco 'resort' de acampada en caravana y 'mobile-homes' -llamarlo simplemente camping se quedaría corto- situado en la coqueta urbanización de Le Lac en Vielle Saint Girons, al norte de Vieux Boucau, uno de los centros neurálgicos del turismo vasco. «Pero abriremos el uno de mayo con todas las instalaciones a punto», asegura.
Céline Lapassouse recuerda con nitidez aquella madrugada del sábado en la que parecía que el cielo iba a derrumbarse sobre sus cabezas. «Desde las cuatro de la mañana hasta las nueve no paró el viento, fue horrible. Pasamos mucho miedo y nos despertamos sin luz y, lo que es peor, sin agua», narra apoyada en el quicio de la pequeña oficina de turismo de Saint Julien en Born, vacía ahora de visitantes. «Al salir a la calle, fue desolador. Todo estaba destrozado».
Gravísimos daños
En Francia, la ciclogénesis explosiva de los días 23, 24 y 25 de enero se conoce con el nombre de Klaus. En España, la Agencia Estatal de Meteorología no suele dar denominaciones concretas a los fenómenos singulares, lo que sí es común en Europa. De su virulencia dan testimonio sus efectos. En Las Landas se registraron rachas de viento de 141 kilómetros por hora en Biarritz, 172 en Mont-de-Marsan y 136 en Biscarrosse. Más de 800.000 hogares quedaron sin electricidad en Aquitania. Y 300.000 hectáreas de bosque resultaron gravemente dañadas, con el 60% de la superficie forestal derribada, una tragedia ecológica y económica de gran repercusión en el sector silvicultor francés. Además de provocar daños materiales, en Las Landas fallecieron tres de las doce víctimas mortales que dejó Klaus a su paso por el país vecino.
Cuarenta días después del vendaval, en el camping de la familia de Javier García se trabaja sin descanso para poner al día una instalación que se llama Les Chevreuils (Los Corzos), en la localidad de Seignosse. Javier, de 27 años, es descendiente de españoles. «Mis abuelos paternos cruzaron a pie los Pirineos huyendo de la dictadura», informa. Apura un cigarrillo y explica. «Estamos ampliando la zona de 'mobile-homes' y por eso abriremos este año a finales de mayo. A partir del que viene, lo haremos en abril», dice.
-¿Y el ciclón?
-Apenas nos afectó. Tuvimos mucha suerte. Aquel monte -dice, y señala una colina que separa el camping de la franja de litoral- nos salva siempre de los vendavales. Ya lo dijo mi abuelo cuando se instaló aquí. Y así ha sido en cada temporal. Puedes decir a los vascos que vengan -insiste al periodista-. Las playas están bien y se van a encontrar todo en condiciones.
Henry Lauque, director de turismo de la región de los Pirineos Atlánticos, lo corrobora. «En Iparralde la tormenta fue menor y hemos sufrido menos desperfectos. La temporada arrancará al 100%».
«El verano será bueno»
En Vieux Boucau se concentra buena parte del turismo vasco. Es una urbanización en torno a un lago y a pie de playa, de ese interminable arenal de 105 kilómetros desde el Adour hasta Arcachón. Los apartamentos, muchos situados a refugio de las dunas que separan la playa, apenas muestran desperfectos que se puedan atribuir al temporal. Sólo algunos árboles derribados.
En los campings de la zona se trabaja sin descanso. En el de Albret, una cuadrilla de operarios tala motosierra en mano los restos de los pinos que cayeron y se deshacen de los que quedaron a medio caer. Hace más de un mes que se dedican a esta tarea sin parar en campings y bosques landeses. En Domaine de la Marina, Donoso Muñoz, otro hijo de emigrantes, adecenta la piscina del complejo, plagado de pequeñas caravanas cuyos nombres denotan el origen de sus propietarios: 'txuri-urdin', 'lauburu'... «Vieux Boucau es como veranear en Guipúzcoa», afirma un asiduo. En otro mega-camping cercano, Le Vieux Port, una legión de operarios limpia y reconstruye. «Todo tiene que estar a punto porque el tiempo va a ser bueno este verano», apostilla García. «Lo dicen los ancianos. Y nunca se equivocan».
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