De infarto. Los socialistas sacaron ayer un escaño más por Álava por cinco votos de diferencia sobre Eusko Alkartasuna. Tal cual. El recuento realizado ayer en la junta electoral alavesa reveló un total de 15 incidencias que a punto estuvieron de provocar un vuelco en el reparto de parlamentarios previsto y en las estrategias para pactar mayorías en la renovada Cámara vasca. Al final, fue más determinante la revisión por las mesas de este territorio que el escrutinio del voto extranjero, que se había presentado como clave en el cómputo. Las irregularidades obedecieron a errores de transcripción y a detalles tan aparentemente insignificantes como una raya de boli o un manchón de grasa en la papeleta. Nimiedades que podían haber alterado como mínimo la ronda de negociaciones abierta en Euskadi en la investidura del próximo lehendakari.
Aplicada la ley d'Hondt, el PSE se hizo con el representante número 25 por los pelos, lo que le permite buscar la Lehendakaritza sólo con el eventual respaldo del PP (13 representantes) y, por tanto, sin el concurso de UPD, que ayer miró con lupa los sufragios que podrían ser objeto de impugnación. Fuentes presentes en los recuentos se sorprendieron de la severidad con la que los delegados del partido de Rosa Díez examinaban una a una las papeletas, aunque eso les hiciera ponerse del lado de EA, el grupo teóricamente más interesado en llevarse el asiento a su morral. «Hasta lo celebraban cuando los socialistas perdían algún voto», apuntaron los mismos medios.
Pero UPD se jugaba en la victoria de los nacionalistas que lideraba Unai Ziarreta otro triunfo. En su estreno en el País Vasco, aspiraban a rentabilizar políticamente el escaño obtenido por Álava para tener en su mano la suma de 38 parlamentarios, la cifra mágica que da mayoría absoluta en el Parlamento. Sin embargo, socialistas y populares estarán en disposición de llegar a acuerdos sin depender de terceros invitados, sobre todo si son incómodos.
Mejor entre dos
Mejor entenderse entre dos que entre tres. UPD no será decisivo en la búsqueda de una mayoría no nacionalista que permita el cambio político en Euskadi. Aunque haya sido gracias a un recuento agónico, los socialistas dieron ayer por segura la obtención del escaño que temporalmente estaba en manos de EA por sólo 8 votos de diferencia desde el domingo pasado. Si alguien tenía dudas sobre la importancia de ir a votar, aquí tiene la prueba de que cada sufragio puede valer su peso en oro. Visto que el juego parlamentario, cuando no el futuro político de toda una comunidad, puede quedar en manos de un puñado de votantes, quizá los partidos se planteen en próximas elecciones 'saltar' el charco para convencer a la diáspora vasca. En esta ocasión, el único que ha hecho campaña en el extranjero fue el PP de Antonio Basagoiti, que pidió el voto en Londres.
El recuento del Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA) ofreció el siguiente resultado en Álava, que era donde se la jugaban PSE y EA. Los socialistas obtuvieron 140 votos y EA, 6. Para hacerse con el escaño, la formación de Patxi López necesitaba lograr nueve sufragios por cada uno del grupo nacionalista. Incluso, su victoria podía haber sido más holgada si no se hubiesen anulado alrededor de 200 papeletas por carecer de fotocopia del DNI, un requisito obligatorio en las elecciones autonómicas por primera vez para los vascos residentes en el extranjero -el mismo trámite ya se exigía en el voto por correo-.
Las angustias llegaron ayer por la mañana, cuando la junta electoral de Álava revisó las votaciones depositadas en las mesas del territorio. Trece votos menos para el PSE y siete más para EA. Esto alteraba el reparto final con la aplicación de la ley d'Hondt. Nervios, pues el margen se estrechaba. Después, la junta dio por válidos dos sufragios que apoyaban a los socialistas y que el domingo se habían anulado. Eusko Alkartasuna quiere impugnar uno de ellos porque tiene una marca de bolígrafo. El plazo de reclamaciones finaliza hoy, 24 horas después. Aun así, el grupo de López se llevaría el escaño en un territorio en el que es la primera fuerza.
El recuento hizo dos extraños compañeros de viaje: EA y UPD. Por distintos intereses, lucharon cada voto para que que no cayera del lado del PSE. El primero para mantener el escaño de Rafa Larreina, reto perdido finalmente, y el segundo para intentar ser influyente en el cambio y revalorizar su representante en la negociación abierta por los socialistas. Las 'urgencias' hicieron que EA estuviera hasta tentado de impugnar una mesa en la que se había votado con el 'carné vasco de identidad', el 'ENA'.
Tras el escrutinio, queda abierto el camino para la proclamación de parlamentarios electos. Confirmado su nuevo escaño por Álava, los socialistas sienten que se han librado de UPD y que tienen la sartén por el mango para marcar el ritmo, sin prisa pero sin pausa. No quieren precipitarse a la hora de dar el pistoletazo de salida para presentar a Patxi López al pleno de investidura, acontecimiento que promoverán cuando tengan garantizados los apoyos para ello.
Y esos respaldos sólo pasan por el PP, que tampoco era partidario de contar con el grupo de Rosa Díez en busca del cambio político. No sólo por el bocado sufrido en su flanco derecho en las elecciones. Los populares vascos se sienten satisfechos por confirmarse como «los únicos determinantes» en el desalojo del PNV y al comprobar que los votos de UPD «no sirven para nada». A su salida de Sabin Etxea, Díez se declaró «satisfecha» por un escrutinio en Álava que deja «un constitucionalista más» en la orilla de su antiguo partido, el PSE.