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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Vizcaya

ARANTZA TOQUERO. PROFESORA DE ESPAÑOL E INTÉRPRETE EN CANADÁ

Esta bilbaína conoció a su marido en el Camino de Santiago y hace diez años le siguió hasta la provincia de Quebec
01.03.09 -

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«Al llegar recibí un curso acelerado de cómo no congelarme»
A pesar del frío, Arantza se ha adaptado a Canadá.
Cosas del destino, a Arantza Toquero el Camino de Santiago le condujo... hasta Montreal. Un largo viaje que esta bilbaína emprendió al poco de terminar su licenciatura de Bellas Artes y sacarse el certificado para poder dar clases. En una de las etapas, un peregrino canadiense se cruzó en su vida y ahora relata su historia desde su nuevo país de adopción, donde lleva diez años «muy feliz» junto a su marido.
En un principio, su idea era acabar los estudios y marcharse a Edimburgo para perfeccionar el inglés. Ya lo tenía todo planeado: la fecha, el billete y la residencia -«¡en unos meses me iba a Escocia!»-, pero decidió que antes le convenía una escapada. «Y qué mejor que ir a Santiago en bicicleta con un amigo», pensó. Se pusieron en marcha, pero una nevada en pleno mes de abril les impidió proseguir, así que unos meses después decidió retomar la ruta ella sola. «Me dio un ataque e hice la mochila». Fue entonces cuando conoció a su marido. En cada etapa se topaba con el grupo de Marcel, un canadiense con el que comenzó una relación. «Entonces no tenía ni móvil ni correo electrónico. Así que el día de la despedida él sólo sabía que vivía en Bilbao y la hora exacta de mi vuelo a Edimburgo», explica.
Ese dato fue más que suficiente. Mientras Toquero volaba hacia el Reino Unido, una azafata le entregó un mensaje: «Una persona se había puesto en contacto con el avión para que al aterrizar le esperara en el aeropuerto. Yo pensaba que era una amiga. Pero mi sorpresa fue cuando le vi a él», rememora.
Pasaron unos días juntos en Escocia, pero Marcel tuvo que regresar a su país. Y ella sólo tardó unos meses en seguirle. Aún recuerda a la perfección la fecha en la que voló hacia Quebec. «Fue el 7 de enero de hace diez años. En Euskadi hacía muy buena temperatura... pero en Montreal estaban a 22 grados bajo cero y había un metro y medio de nieve», apunta.
Para hacer frente a esas gélidas temperaturas, Toquero tuvo que seguir a rajatabla varios consejos. «Me dieron un curso acelerado de cómo no congelarme. ¡Y no es broma! Por ejemplo, no ponerme cosas de algodón y darme una pomada en la nariz para que no se me helara. Y en el tema de la ropa, el abrigo que usamos en Bilbao, por ejemplo, aquí nos lo ponemos en primavera. Así que cuando uno llega necesita unas buenas botas y una parka para ser feliz», sostiene con una sonrisa.
«Punto de no retorno»
Los dos primeros años fueron «espectaculares». Todo era nuevo. Diferente. Pero a partir del tercero fue todo más duro. «Cuando ya estás asentada, te cuesta hacer frente a esos inviernos tan largos», razona. No obstante, su proceso de adaptación fue fácil. Para «agilizar el papeleo», Arantza contrajo matrimonio con Marcel a los seis meses, una noticia que cogió por sorpresa a su madre. «Fue repentino. Vino a la boda y no se lo acababa de creer. Ahora está aprendiendo francés para cuando nos visita».
En el tema laboral no tuvo problemas. Pronto empezó a trabajar e incluso estuvo a punto de ser azafata de vuelo. Pero su orientación profesional se inclinaba más hacia la enseñanza. De hecho, ahora termina la licenciatura de Lingüística mientras trabaja a tiempo parcial dando clases de español y como intérprete en el hospital infantil de Montreal. «Llega mucha población latina, así que el Servicio de Inmigración de Pediatría me contrató para que acompañe a estas familias y, además, les echo una mano para que sea más fácil su integración».
En su día a día, la bilbaína mezcla varios idiomas con diferentes acentos. «Me considero bilingüe. Si me pego un martillazo, no sé si soltar un taco en español o francés». Además, Toquero ha alcanzado «'el punto de no retorno' clásico del inmigrante». «Siempre añoraré Bilbao, pero si regresara, también echaría de menos Canadá». Así que con volver cada dos veranos es suficiente, de momento. «No me gusta planificar el resto de mi vida. Pero Quebec me ofrece unas posibilidades profesionales más interesantes y una mejor calidad de vida».
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