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01.03.09 -

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E l otro día echando una ojeada a los artículos y comentarios de una revista me llamó la atención un apartado donde recogen lo que han dicho los políticos. Me detuve concretamente en un punto que resumía las declaraciones extraídas de la última reunión de la Comisión no Permanente de Seguimiento y Evaluación del Pacto de Toledo, celebrada en el Congreso de los Diputados el día 18 de noviembre de 2008. En la misma, hay unas declaraciones del secretario de Estado, Octavio Granado, que dice lo siguiente: «También hemos revisado, en cumplimiento de las recomendaciones de la Comisión, la situación de los jubilados despedidos antes de la edad legal de jubilación por sus empresas y que habían causado pensión de jubilación anticipada. Esa actuación ha permitido la mejora de las pensiones de más de 350.000 jubilados españoles, a los que hemos tenido que aplicar un sistema específico de compensación de carácter más general, en vez de una revisión imposible de cada una de las pensiones individualmente consideradas que nos hubiera llevado siete u ocho años».
Cuando leí el artículo, simplemente pensé que había un error de transcripción, y que en vez de siete u ocho años había querido decir siete u ocho meses. Como la noticia me había dejado intranquilo, me fui a la Web del Congreso, para revisar el texto íntegro de las declaraciones del señor Granado. Cuando más leía más me indignaba, hasta el punto de no entender nada de lo que pasa en este país y ni el comportamientos de los impávidos miembros de la Comisión del Pacto de Toledo.
La noticia estaba perfectamente recogida.
Yo recuerdo que hace sólo unos meses, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, reclamaba su presencia activa en la cumbre en Washington por ser la octava potencia mundial. O también al anterior ministro de Trabajo presumir de estar a la cabeza del mundo en tecnología y telecomunicaciones con un sistema tan avanzado y seguro que garantizaba el eficaz cumplimiento de la Seguridad Social. Pero cuando se tiene que demostrar la realidad a los ciudadanos, nos encontramos que para solucionar una deuda histórica, «hemos tenido que aplicar un sistema específico (un tanto alzado) por ser una revisión imposible que tardarían siete u ocho años».
Vamos a ver si nos aclaramos, y nos situamos donde nos corresponde: o somos la octava potencia mundial o estamos en el Reino de Mogambo. El secretario de Estado de Mogambo, con sus hechos aclara esta incertidumbre, a pesar de disponer de la tecnología más avanzada -bla bla bla...- y un ejército de funcionarios a sus órdenes, no utiliza fórmulas, ni respeta derechos: rompe el criterio de proporcionalidad entre lo cotizado y percibido y simplemente sube 'un tanto alzado' como en el bazar de Kan el Kalili y luego, para justificarse, hace unas declaraciones para morirse de vergüenza.
Pero a pesar de la gravedad de lo anterior, a mi humilde modo de ver, me parece más grave lo que sucedió a continuación. ¿Cómo es posible que ninguno de los presentes en aquella sala dijera nada sobre lo declarado? Aquí veo dos explicaciones posibles:
1. No estaban muy atentos. Ya se sabe, con el sopor de la comida a todos nos entra la modorra.
2. Este es un tema menor y, como ya está en marcha, qué más da.
A ver, señores de la oposición: hay que estar al loro, atento a lo que dice el Partido que gobierna, y no estar en la luna de Valencia viéndolas pasar, porque como no se pongan las pilas, van a estar ustedes en la sala de espera unos cuantos años más. Así que, o despiertan de la apatía general, o difícil lo van a tener.
Por último, voy a darle una idea gratis al secretario de Mogambo para resolver el problema en el que su administración ha demostrado su incapacidad: hay varias federaciones de prejubilados no voluntarios a nivel estatal, dispuestos a trabajar sin remuneración y resolver los 350.000 expedientes que siguen inconclusos. Aprovecho la ocasión para ofrecerme para el puesto de secretario de Estado: soy jubilado anticipado (me echaron por ser demasiado bueno), agradable presencia, tengo ilusión, ganas de trabajar, hablo varios idiomas, dispuesto a viajar, buen comunicador, y además experto en resolver conflictos humanos.
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