Un joven de unos 30 años, al que la bomba que ETA colocó en la casa del pueblo de Lazkao el pasado lunes destrozó por completo su vivienda, situada sobre la sede socialista, entró ayer en la herriko taberna de la localidad guipuzcoana, que se encontraba cerrada, rompiendo con una maza todo lo que se encontró a su paso: puertas, cristales, televisores... El joven, que también quitó las pancartas que se encontraban en el bar de la izquierda abertzale y arrancó varios carteles de la plataforma D3M, fue reducido pacíficamente por la Ertzaintza, y trasladado a comisaría, donde a primera hora de la tarde fue puesto en libertad a la espera de ser citado por el juez.
«Ojo por ojo, y diente por diente. Hijos de puta», repetía, con voz apagada, junto a varios ertzainas que aguardaban a ponerle las esposas para trasladarlo a comisaría. «Me habéis destrozado la casa y ahora yo os destrozo la vuestra», volvía a repetir, esta vez, elevando más el tono de voz, con los nudillos sangrando.
Apenas diez minutos antes, cuando el reloj justo acababa de dejar atrás las 12.30 horas, la plaza del ayuntamiento de Lazkao había recuperado su estado habitual de un martes por la mañana, tras la concentración de repulsa del atentado de ETA que había reunido a representantes de todos los grupos políticos en la localidad guipuzcoana. La calma, sin embargo, volvía a ser interrumpida, aunque esta vez por ruidos de cristales rotos que procedían de la parte trasera de la plaza. «Creo que es la herriko», comentaba un vecino de Lazkao, que intentaba averiguar la escena desde lejos.
Cristales despedidos
Tras el ayuntamiento, a unos 200 metros, y ante la mirada sorprendida de apenas un puñado de vecinos que pasaban junto a la Ansoategi Herrikoa, un hombre con una maza arremetía contra todo lo que encontraba a su paso. Los cristales salían despedidos, rotos, en mil pedazos. Una ventana tras otra.
A excepción de varios periodistas, nadie se atrevió a acercarse a la puerta hasta que llegó la Ertzaintza, que instó al joven a abandonar el local. No hubo ni discusión ni forcejeos. El joven atravesó el cristal de la puerta que había roto para acceder al interior del bar, y fue cacheado por los agentes. Mirando fijamente al suelo, tranquilo, mientras los nudillos admitían el impacto de los cristales en sus manos, apenas abrió ligeramente la boca para justificar su acción. «Ojo por ojo y diente por diente», alegaba a punto de ser esposado.
La acción del joven lazkaotarra corrió como la pólvora hasta llegar al barrio de San Prudentzio, donde sus vecinos no daban crédito a lo sucedido. «Ayer estaba tranquilo. Esta mañana le he visto y le he saludado. No sé lo que le habrá pasado por la cabeza. La verdad es que su casa está destrozada», señalaba afligido un vecino suyo.
La familia del joven detenido vive desde hace años en Lazkao. «Él nació aquí y sus padres también son de Lazkao. Vive en el piso de arriba, encima de la casa del pueblo. Acababa de comprar la vivienda de su tío, que falleció. A sus otros tíos les dio la parte que les correspondía por el piso», comentaba otro vecino de San Prudentzio. «En los últimos meses, él y su novia se habían dedicado a decorarla y a dejarla a su gusto. Y mira, ahora se la han destrozado», añadía.
Carteles contra él
Junto a él, otra joven del barrio lazkaotarra lloraba desconsolada, sin dejar de preocuparse por la suerte de su vecino, tras conocer que la Ertzaintza se lo había llevado a comisaría. «Ayer la bomba y ahora esto. Ellos están libres y a este pobre le han cogido», subrayaba sin poder esconder las lágrimas. «No digas más, que aquí luego hablas y....», le interrumpía otro vecino del barrio, antes de entrar en la sociedad Danak, a apenas unos metros de la sede del PSE arrasada por ETA.
Quien sí habló fue el alcalde de la localidad, Patxi Albisu (PNV), que tras personarse en la herriko taberna aseguró «comprender» la situación, aunque rechazó los métodos utilizados y pidió a los vecinos de Lazkao que «rechacen los medios violentos».
Por la noche ya habían aparecido en el pueblo los primeros carteles de los radicales contra el joven. «Erasotzaile faxista» (agresor fascista) le llamaban.