Aunque nadie lo diría, las buenas noticias existen. Es más: existen incluso las buenas noticias económicas. Hay que reconocer que resulta muy difícil encontrarlas, pero la realidad es que no todo son expedientes de regulación, amenazas de huelga y gráficos de ventas que se derrumban. No. Hay empresas vascas que son punteras en su sector, que aumentan sus plantillas, se expanden por el ancho mundo y reciben reconocimientos internacionales. El pasado 29 de abril, por ejemplo, la empresa Progenika recibió las llaves de Cambridge, Massachusetts, cuna de la biotecnología mundial y del legendario campus del MIT, de manos de la alcaldesa de la ciudad, Denise Simmons. Fue un reconocimiento simbólico a la firma vasca, referente mundial en la Medicina Personalizada, que acababa de inaugurar sus instalaciones en Estados Unidos.
La historia de Progenika es la de una progresión formidable. Todo comenzó en 2000, cuando el investigador pontevedrés Laureano Simón, recién llegado de la Universidad de Wisconsin, convenció al Gobierno vasco y a la Diputación de Vizcaya para que le apoyaran en un proyecto de biotecnología, sector que por entonces era un erial en Euskadi. Con el sí de las instituciones en el bolsillo, Laureano no lo dudó y llamó a sus amigos Antonio Martínez, murciano de San Pedro del Pinatar, y Corina Junquera, madrileña. Habían estudiado juntos un máster en Biotecnología en la Universidad de Navarra. Antonio y Corina trabajaban en Azertia, pero tampoco lo dudaron. Se vinieron a Vizcaya y comenzaron desde cero en una habitación minúscula del BEAZ, la incubadora de empresas de Sondika.
Al cabo de tres años, habían desarrollado el primer test para identificar las variantes genéticas responsables del colesterol hereditario, que cada año causa la muerte de 200.000 personas por infartos de miocardio. Fue un hito que mereció la portada de 'Newsweek'. Progenika comenzó entonces su expansión, que ha dado otros dos grandes frutos. Uno de ellos es el Bloodchip, que se ha convertido en el método de referencia en análisis sanguíneos. «Europa coge el liderato», tituló 'Science' cuando Progenika presentó este chip, adelantándose a una multinacional estadounidense.
La otra gran patente es el Pharmachip, un test de genotipado que permite predecir la respuesta a los fármacos. El horizonte de posibilidades que ofrece es enorme. Antonio Martínez lo confirma. «La medicina personalizada es el futuro. Estamos trabajando con el Gobierno vasco en perfiles genéticos de pacientes de Osakidetza. Es un programa único que llevará tiempo porque requiere miles de pacientes. Pero es importantísimo», asegura el fundador y consejero-delegado de Progenika, antes de hacer una puntualización que considera necesaria. «El estudio genético tiene sentido mientras puedas intervenir para cambiar tratamientos o ajustar la dosis. Yo, por ejemplo, me he hecho el test y he descubierto que metabolizo lento el paracetamol, así que tomo ibuprofeno. Piensa en las miles de personas que toman Sintron o en los pacientes de psiquiatría, a los que se medica con el sistema de prueba y error, o en los trasplantados. Lo que no tiene sentido ni es ético es utilizar el test para satisfacer una curiosidad insana. ¿Qué sentido tiene saber que tienes tres veces más posibilidades de contraer una enfermedad si no puedes hacer nada contra ella?», se pregunta.
Progenika, que está a punto de estrenar su nueva sede en el parque tecnológico de Zamudio, es ya un grupo multinacional con sedes en Estados Unidos y Emiratos Árabes que da empleo a 150 investigadores de 16 nacionalidades distintas, entre ellos 80 doctores en Biología Molecular. Para 2012 espera aumentar su plantilla hasta las 350 personas, llegar a una facturación de 200 millones -en 2007 apenas sobrepasó los 8- y realizar una inversión en I+D de 75 millones. «Somos una prueba de que cuando se invierte bien, se obtienen resultados. Lo que hemos hecho en ocho años es espectacular. Ver que chavales que estaban trabajando en Estados Unidos ahora pueden volver a casa es muy gratificante», dice Antonio Martínez. El cronista está de acuerdo. Lleva un rato paseando por uno de los laboratorios, entre ordenadores, impresoras de chips, pipetas y garrafas de etanol, y ha escuchado conceptos arduos como hibridación de DNA o grupo sanguíneo eritrocitario. La verdad es que no entiende casi nada, pero también a él le resulta gratificante.