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Stefano Pilati resucita el espíritu de Yves Saint Laurent y catapulta la esencia del genio francés a las pasarelas con actualizaciones de sus creaciones más relevantes
22.02.09 -

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Da vértigo pensarlo. El espíritu del genio francés fallecido el pasado junio desfila por Milán, París, Londres, Nueva York... Emerge su figura allá donde se cuece el negocio de la moda. Acapara los mejores escaparates. Saint Laurent reina muerto. Se resiste a ceder el trono. Su influencia se extiende sobre todo tipo de diseñadores. ¿Qué tiene Yves Saint Laurent para estar más de moda que nunca? ¿Cómo se explica que su heredero, Stefano Pilati, haya conseguido evocar la misma atmósfera que la del creador de las gafas de pasta e impregnar el universo más fashion con actualizaciones de los iconos que elevó a categoría de arte en vida?
Realmente, el maestro de la moda se fue... ¿O sigue entre nosotros? Parece un cuento terrorífico, pero sus emblemáticas creaciones, como la famosa sahariana, el esmoquin femenino (1966), los caftanes, las blusas transparentes, el traje pantalón (1967), los shorts, el imitadísimo jumpsuit (1968)... parecen reencarnarse fantasmagóricamente y amenazan con arrasar en verano.
Decía Catherine Deneuve -su musa- que Saint Laurent diseñaba para mujeres con una doble vida y que sus piezas permitían ir a todas partes sin despertar una atención no deseada. Mentira. Stefano Pilati ya sedujo la pasada temporada manteniendo la clásica elegancia minimalista de la 'maison'. Entalló a la mujer, recuperó la asimetría en vestidos y faldas y modernizó el corte y la costura de pantalones y chaquetas. Reinventó lo sencillo con un juego calculado no exento de riesgos: como sus futuristas chalecos armados con cadenas y piezas metálicas plagados de logos.
El director creativo italiano se atrevió también a embutir a sus clientas en ajustados escotes bañera al reinterpretar los monos bustier de pata estrecha a los que tanto se han aficionado actrices como Kristin Scott-Thomas.
Pero Pilati, amante del terciopelo, no se conforma con resucitar el espíritu de Saint Laurent. Su voracidad es insaciable. Cuenta con el unánime respaldo de la crítica. Verano 2009: anoten esta fecha en el calendario de la moda. Es la explosión de una firma que vuelve a vivir sus mejores momentos. Para cuando el calor apriete, el sucesor desnudará literalmente a sus mujeres, como acostumbraba a hacer su mentor con unas elegantes y clásicas transparencias que traslada a blusas, chaquetas, tops y sujetadores, que combinará con trajes de seda cortos y altas y entalladas faldas tulipán.
Quimonos de Kioto
Pilati beberá el próximo estío los aires asiáticos y, junto a chaquetas con pantalones que dejan la entrepierna muy baja, recupera los quimonos de los templos japoneses de Kioto. Tampoco descuida a los hombres. Les mima acortándoles los pantalones con bajos que suben por encima del tobillo o remangándoselos con un par de vueltas, aunque les ancha el corte, en un intento de dejar respirar las prendas. Y rescata los clásicos 'pisa mierdas', pero a su estilo.
Con el lujo de toda la vida. Como el que exhibe desde las impresionantes alturas de sus sandalias de vértigo: los 'Folies', convertidos en objeto de deseo a los que se encaraman todas las celebrities: Jennifer Lopez, Naomi Campbell, Claudia Schiffer, Dita von Teese... O como el que promete ser el 'must' de la temporada: los zapatos de apariencia metálica con mallas de cuero.
Entre renovarse o morir, Yves Saint Laurent no ha tenido la más mínima duda, aunque críe malvas desde hace tiempo. Más terrenal que nunca, el difunto diseñador muestra su vertiente más vanguardista. «¿Su secreto? Es un fenómeno. Mantiene su esencia, pero se ha modernizado al ritmo de como evoluciona el mundo». Así opina Isabel Fica, propietaria de Veritas, templo del lujo en Bilbao. «La que es clienta de YSL, lo es para toda la vida». Larga vida, pues, para el último genio de las agujas.
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