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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Viernes, 25 abril 2014

Mundo

El largo conflicto de los Balcanes

Kosovo cumple un año de independencia sin nada que celebrar, gobernado por incompetentes, una actividad económica nula y sumido en un limbo jurídico

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Kosovo sigue igual o peor que hace un año, cuando proclamó de forma unilateral su independencia de Serbia. Llegar a Pristina en avión, por ejemplo, es mucho más caro, porque se explota el chollo del personal extranjero. Un billete llega hasta mil o dos mil euros. Las instituciones internacionales siguen siendo una de las bases de la economía local, de carácter irreal y dependiente. Aún así, los miles de millones invertidos en una década desaparecen con escasos resultados aparentes. Algún tramo de dos carriles en la entrada a Pristina y poco más. Asesores, expertos y una clase política corrupta devora la mayor parte.
La gente normal pelea el día a día con una tasa de paro del 45% y una actividad económica nula. El sueldo medio anda por los 250-300 euros, pero con precios similares a los de España, también en euros, porque Kosovo sigue sin moneda propia. Aquí, un 'mileurista' es la élite. La independencia no le ha cambiado la vida a nadie y cunde el descontento.
Para ir a Kosovo sale mejor ir a Skopje, la capital de Macedonia, a hora y media en coche, con un mastodóntico búnker de la nueva Embajada de Estados Unidos, en una colina estratégica. El interés en los Balcanes de Washington, principal impulsor de la independencia kosovar, es evidente. Obama envió ayer una carta de felicitación al primer ministro kosovar, Hashim Thaci. Tras la euforia inicial, cuando esperaban el reconocimiento de cien países, Kosovo cuenta con el apoyo de 54, de los 192 de la ONU: el núcleo es EE UU, Canadá, Japón y no toda la UE. Faltan España, Grecia, Rumanía, Chipre y Eslovaquia. Luego, potencias de la talla de Belice o Micronesia. A esta frialdad internacional, que incluso llega al mundo árabe siendo Kosovo de mayoría musulmana, se ha sumado el éxito de Serbia con su reclamación ante la Corte Internacional de Justicia, aprobada por la Asamblea General de la ONU. Seguirá congelando la cuestión un par de años.
Aspiraciones de escisión
Para Belgrado, que considera Kosovo una provincia suya, hoy es una fecha sin más. Su forma de decirlo es celebrar hoy en Mitrovica, la comarca del norte de mayoría serbia, pegada a la madre Serbia, una asamblea del Parlamento de Belgrado. El Gobierno de Pristina se verá impotente para parar los autobuses de los diputados en la frontera, porque no las controla, ni para impedir el acto, porque no tiene jurisdicción en la zona serbia. Aquí se agrupa el 40% de los 120.000 serbios de Kosovo, el núcleo más importante, con aspiraciones de escisión. El resto, desperdigado en enclaves, van tirando protegidos por la OTAN. La violencia de baja intensidad, a la espera de lo que pase hoy, es latente. El sábado, granada en Mitrovica. Anteayer, dos bombas en Presevo, un valle serbio de mayoría albanesa que quiere estar del otro lado de la frontera.
Kosovo mantiene dos administraciones paralelas y su soberanía sigue estando tutelada. Thaci puede esgrimir un himno, cuatro embajadores y, en el último mes, servicios secretos y, lo más sólido, un germen de Ejército de 2.500 miembros, ex guerrilleros. Sin embargo, la ambigüedad jurídica es el estigma de Kosovo desde que terminó la guerra en 1999 y quedó convertida en provincia de Serbia bajo administración de la ONU. El híbrido se perpetúa. La UE ha sustituido a la ONU con su misión Eulex, pero dado que actuaba sin cobertura legal, pues el Consejo de Seguridad no ha reconocido la independencia por el veto de China y Rusia, Ban Ki-Moon ha tenido que dotarle de un paraguas de Naciones Unidas. Si no, no había manera de colársela a los serbios. Ha sido otro tanto para Serbia, cuya única base legal sigue siendo la vieja resolución 1244, por la que Kosovo sigue en su territorio. De este modo, Kosovo se parece mucho a un país partido en dos, donde conviven un Estado y un protectorado.
Pristina no ha cambiado y se ven pocas banderas del nuevo país. Continúa predominando la de Albania. Proliferan los locales de tragaperras, última frontera de la desesperación para hacer dinero, y hay más mendigos en los semáforos. En éstos se ve la última ocurrencia del movimiento radical Vetëvendosja! (Autodeterminación), siempre ingenioso: en la luz roja se lee 'Eulex no' y al ponerse verde se lee '¡Autodeterminación!'. Que ése sea un lema en un país independiente es, la verdad, bastante significativo.
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