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12.02.09 -

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Psicología aplicada a la crisis
El psicólogo Isidro Carbonero, ayer, en una calle logroñesa. / M. H.
La crisis económica ha golpeado y apeado del mercado laboral a cientos de trabajadores riojanos. El estrés se apodera de muchos, la autoestima se hunde y la ansiedad provoca un indeseado malestar en el desocupado. Atendiendo a este diagnóstico social, Psicorioja pondrá en marcha cursos de autoayuda. Un trabajador despedido es una persona 'tocada'.
«El otro día me decía una chica: 'Ya no sé qué hacer, he sembrado Logroño de currículos'», explica el psicólogo Isidro Carbonero, quien añade que la persona en esa situación «empieza a desprestigiarse a sí misma, porque la primera referencia que tiene es que, quizá, no está suficientemente preparada».
Afirma que en este estado se bloquea la creatividad, la imaginación y la posibilidad de emprender. «El parado se va arrinconando», resume el organizador de los cursos. Y recurre a un símil como ejemplo de depresión: «Es como el ratón que se metía en la jaula, se le daba descargas en las patas, podía escapar y luego se repetía la experiencia sin que quisiese escapar, acababa arrinconándose». ¿Que cómo es el estrés del parado? «Desánimo, empieza a abandonarse, a quedarse en casa, a no querer salir, a deprimirse, se va acrisolando una depresión que le lleva a sentirse fatal», diagnostica el psicólogo.
Que estar sin empleo es nocivo para la salud, nadie lo discute. «Ahora mismo los médicos de atención primaria están sorprendidos y asustados por la gran cantidad de personas que acuden por problemas de ansiedad, estrés y depresión», certifica Carbonero.
Hay personas que ignoran al especialista para no reconocer su fracaso laboral, especialmente hombres. «Más que fracaso laboral, hablaría de su propia incapacidad para salir de la situación en la que se encuentra. No es fácil. Hay dos cosas que no se pueden perder en tiempo de crisis: la esperanza y la creatividad», aconseja el especialista.
Capaz de hacerlo
Plantea al parado recibir formación, no desistir. «Tiene que decirse a sí mismo que se merece lo mejor porque ha demostrado durante su vida laboral que fue capaz de hacerlo, y que por una circunstancia ajena a él, se encuentro sin empleo», sugiere desde Carbonero.
El desempleo se comporta como un arma arrojadiza en el entorno familiar. Lo corrobora el experto: «Hay casos en los que se llega a la ruptura de la pareja. No por el despido, sino por la consecuencia que eso arrastra de agresividad, de malhumor, de continuas disputas», advierte.
El afectado con frecuencia se ensimisma y maldice su mala suerte hacia adentro. «La sintomatología tiene un triple componente: cognitivo, en el que una persona tiene componentes autoculpabilizantes, es decir, el responsable soy yo, he sido una calamidad; luego el fisiológico, que conlleva palpitaciones, sudoración, estómago encogido, insomnio, perdida de apetito y hasta alopecia. El ansiolítico es un parche. Y el tercer componente es el conductual, referido a lo que haga o no haga cada uno».
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