El programa electoral del PNV dedica uno de sus dos grandes apartados a la llamada normalización política, a la resolución del «conflicto vasco», al desarrollo del autogobierno y al ejercicio del derecho a decidir, pero nadie podría adivinarlo sin leer el centenar de páginas que componen la oferta electoral con la que los jeltzales concurren a los comicios. El candidato Ibarretxe apenas si lo mencionó en la presentación pública del catálogo de compromisos de su partido para la próxima legislatura, que deja claro que el PNV «no renuncia» a impulsar las consultas populares.
Acompañado por el presidente del EBB, Iñigo Urkullu, y el líder de los peneuvistas guipuzcoanos, Joseba Egibar, el lehendakari dio a conocer en el Palacio de Villasuso de Vitoria las líneas maestras del programa, aunque, en realidad, se centró únicamente en el apartado dedicado a las medidas para superar la crisis económica. Y pasó de puntillas, en cambio, sobre las propuestas agrupadas en el epígrafe 'Una nueva cultura política para la normalización y la convivencia', entre las que se incluye una de cariz novedoso: el compromiso de impulsar una ley de participación ciudadana que regule las consultas populares y defina las materias sobre las que la ciudadanía tiene derecho a ser consultada y los procedimientos a emplear, tras el «intento frustrado» de «innovación política» que supuso el plan Ibarretxe, primero, y la ley de consulta, después, «ambos rechazados por el Estado español», según consta expresamente en el texto.
Ibarretxe ni siquiera aludió a esa iniciativa durante su intervención y tampoco fue posible recabar más detalles de primera mano, porque el lehendakari dio por concluida la rueda de prensa sin admitir preguntas. No obstante, el programa, que recoge 25 objetivos estratégicos y 700 iniciativas concretas que el PNV se compromete a impulsar, es explícito al respecto: critica abiertamente la «democracia anestesiada» que practican los partidos que se oponen «a conocer la opinión de la sociedad vasca». «¿Cómo es posible gobernar un país si prohibes el poder saber qué es lo que opina la gente?». Ésa fue la única y velada alusión de Ibarretxe al espinoso asunto de la consulta, que el 'aparato' peneuvista ha decidido arrinconar en campaña en beneficio de un mensaje de excelencia en la gestión y de «confianza» en la capacidad de la sociedad vasca para «salir los primeros» de la delicada situación financiera, que ayer centró de nuevo el mensaje del aspirante jeltzale.
Nada dijo Ibarretxe, pero el desarrollo de las iniciativas de corte plebiscitario constituye una de las áreas específicas del «eje» denominado en el programa 'Una nueva cultura de democracia participativa', en el que el PNV recalca que la «consulta directa a la ciudadanía» es un «instrumento» que funciona con normalidad «en los países más avanzados» y al que «no podemos renunciar para mejorar nuestra calidad de vida». En la propuesta de ley de participación ciudadana se contempla además la reducción del número de firmas necesarias para ejercer la iniciativa legislativa popular -de las 30.000 actuales a 15.000- y la incorporación de «procesos participativos» a todos los grandes proyectos de calado social, algo que ya propuso en su día EB. Los jeltzales se comprometen asimismo a crear un «observatorio independiente» para evaluar la implicación social en las políticas públicas y a impulsar cinco «proyectos estratégicos» de «escucha social» en otras tantas áreas: la innovación, las vías para lograr energía limpia en todos los hogares, las políticas sociales, las culturales y también «el marco de relación política que deseamos plantear al Estado español».
Concierto político
Sobre el estatus vasco al que aspira el PNV el programa es claro: plantea el desarrollo íntegro del Estatuto y el traspaso de las 36 competencias pendientes pero, al mismo tiempo, insiste en el sistema de 'concierto político' que ya ha explicitado en otras ocasiones Urkullu. Se define como un «sistema bilateral de garantías» entre Euskadi y el Estado «que impida la restricción unilateral del pacto alcanzado». Los jeltzales insisten así en su propuesta de trasladar los principios del Concierto Económico al terreno político, en la necesidad de reconocer la «identidad nacional del pueblo vasco», posibilitar un marco de relaciones con Navarra e Iparralde y consolidar un autogobierno «pleno», aunque con concreciones novedosas, como el establecimiento de una relación «equitativa» que impida la suspensión directa de leyes o resoluciones vascas y la creación de una «comisión bilateral de garantías» con igual número de representantes de ambas partes que gestione «las negociaciones» sobre nuevas normativas.
En todo caso, para Ibarretxe, según recalcó, «lo urgente» es salir de la crisis «reforzados» y «lo importante» aprovechar la «fase de recuperación» para, entre otras cosas, situar a Euskadi entre los tres países europeos con mayor renta per cápita, menor desempleo y tasa más baja de pobreza.