El Partido Popular parece condenado a peregrinar por el desierto cada dos por tres en Euskadi. Pero esta vez, cuando sacaba la cabeza tras la traumática marcha de María San Gil con un discurso renovado y bríos nuevos, el PP vasco se ve obligado a remar contra el viento a cuenta de los escándalos en los que se ha visto envuelto el partido en Madrid. Primero, con la supuesta trama de espionaje a cargos públicos, cuya comisión de investigación abierta en la Asamblea madrileña coincide con la campaña electoral vasca. Y ahora con algo tan serio como la corrupción, palabra maldita en política. Aunque ninguno de los dos casos salpica a los populares vascos, la crisis madrileña y las noticias comprometidas que llegan desde el otro lado de la 'muga' frenan la regeneración del PP en Euskadi que impulsa Antonio Basagoiti desde que accedió a la presidencia, en julio del año pasado.
El candidato a lehendakari maneja un 'plan B' para hacer frente a la delicada situación, aun a costa de quemarse de tanta sobreexposición al foco público. Sin embargo, tendrá que revisar su mensaje para intentar tapar «los líos» de Madrid y marcar su impronta en la carrera por Ajuria Enea. Las claves del programa se mantienen firmes: crisis económica y falta de libertad. Pero deberá recurrir a conceptos del 'pasado' como «los principios y valores», estandarte del legado de San Gil y foco potencial de discrepancias con la parte más renovadora del partido.
No es que se hayan perdido esos valores, pero habían quedado, deliberadamente, algo solapados por otras señas de identidad del nuevo PP vasco: la capacidad de diálogo y acuerdo con sus rivales pese a las diferencias, la apuesta por un discurso que no sólo se centre en las víctimas del terrorismo, la oferta de una imagen más amable, la llamada 'política pop'.
Aunque ajenos, los escándalos hacen daño al PP vasco. Lo reconocen sus dirigentes en público y en privado. El propio Basagoiti, en un encuentro informativo en Madrid en el Forum Europa, admitió ayer que «no es nada bueno lo que está pasando» para sus intereses electorales y arremetió con dureza contra la trama de corrupción y tráfico de influencias que ha salpicado a cargos y ex responsables de su partido en Madrid. «Me produce repugnancia que mientras hay concejales del PP en el País Vasco que dan la vida por defender sus ideas, pueda haber por ahí algunos conseguidores que utilizando el nombre del partido sacan un dinero», se dolió.
Pese a que ese fue el mensaje que más caló, el candidato a lehendakari no estaba en Madrid para hablar de la crisis que afecta a su partido. Acompañado por Esperanza Aguirre y María Dolores de Cospedal, ofreció un discurso de campaña que pasó desapercibido. Ese es su drama. Lo intentó acusando a dirigentes del PSE de buscar un pacto a la catalana y de tener «complejo de maketos», pero nada. Entre que la atención estaba centrada en los escándalos y que quizá gran parte del público desconocía el significado de ese término despectivo, la intervención no tuvo el eco que deseaba.
Campaña polarizada
De forma consciente, Basagoiti trata de hacerse un hueco en una campaña polarizada entre Ibarretxe y López con declaraciones contundentes, asociaciones de ideas que buscan el eslogan directo y mensajes a veces de trazo demasiado grueso. Para el diario de campaña quedan conceptos como «'Patxibarretxe'», «el PSE es la lista blanca del PNV» o «txakoli amontillado».
Algo similar le pasó al secretario general del PP en Guipúzcoa, Borja Sémper, en la presentación de un logo en forma de corazón para proclamar que su partido «ama las soluciones». Sémper sólo 'vendió' un deseo: «Que el centro del debate sean los problemas de los ciudadanos».
Para evitar ahogarse en problemas ajenos, el líder de la formación en Euskadi dará un nuevo impulso a su estrategia electoral. Basagoiti buscará acallar los mensajes negativos que puedan llegar desde Madrid con una proliferación de actos públicos a su ya de por sí agotadora agenda. Valga como ejemplo que ayer desayunó en Madrid y cenó en Bruselas, donde por la tarde participó en una rueda de prensa junto al candidato europeo, Jaime Mayor Oreja, quien defendió que al PP «no debe temblarle la mano» para restaurar la credibilidad.
Aferrado a que el voto en Euskadi es «menos voluble» que en otras autonomías, Basagoiti insistió en que sus compañeros vascos están curtidos para superar la ola de Madrid sin naufragar: «Nunca lo tuvimos fácil. Estamos acostumbrados a remar con el viento en contra».