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eurocup | Bilbao Basket

El iurbentia da un golpe en la mesa y se reivindica como candidato a la Final a Ocho en una cancha inexpugnable desde hace 11 meses

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Para lo bueno y para lo malo. Así es la relación que plantea el iurbentia a sus adeptos. Todos querrían que fuera mejor, que no se anduviera con sube y bajas capaces de marear a cualquiera. Es de suponer que todo llegará y como plantea Txus Vidorreta se alcance esa línea ascendente y en suspensión similar a las gráficas de los grandes. Mientras sucede, hay que apechugar con las peculiaridades de un conjunto que quiere estar en abril en su primera fase final europea. No se trata de usar como comodín el incontestable triunfo en Bélgica para apaciguar el dolor de la aún reciente herida abierta por el Granada. Pero tampoco es cuestión de no prolongar el exquisito sabor con que quedó impregnado el paladar de los hombres de negro.
Durante el partido se vieron marcas indelebles, que perduran pese a todo. Una de ellas, hablando del iurbentia, es su bamboleo en ataque. Quizá fue porque las notas de la cancioncita de marras taladraron los tímpanos de todos los presentes en el Spiroudôme. También, ya más en serio, porque los males no se curan de la noche a la mañana. A los hombres de negro lo mismo se les transforma el aro en un ojal (parcial de 9-0 y sin anotar en los primeros cinco minutos del segundo cuarto) o adquieren el diámetro del collar de Puppy (13 puntos en tres minutos en el tercer acto).
Cuando vienen mal dadas, el cielo se cierra y las nubes tapan los orificios por los que poco antes había entrado con generosidad la luz. De un arranque positivo, con el equipo absolutamente mentalizado y concienciado para lo que se traía entre manos (se conocía la paliza del Lietuvos al Artland en Vilnius por 105-64), con papel estelar para Pasalic y Banic, buenos momentos de juego a la mano y tres faltas endosadas a Broyles, uno de los ejes del Spirou, al secano desolador de sólo cuatro canastas de campo. Balance al descanso: alergia al aro rival; sólo 18 intentos. Anemia galopante.
Salgado y Blums
Vidorreta buscó en su maletín y encontró el antídoto. Apostó por Salgado en la reanudación, pese a que el de Santutxu no había tenido una buena entrada en cancha, siendo superado por Blums. Ambos, con el paso de los minutos, demostraron estar capacitados para guiar al equipo dependiendo de las circunstancias. El objetivo: reabrir el canal para que la barcaza llegara a posiciones interiores rebosante de suministros. Banic los esperaba como el maná para demostrar por qué es uno de los mejores pívots de Europa. Lo que no liquidaba el de Zadar lo aprovechaban sus compañeros. Como Lewis para a su vez reinaugurar la línea mágica junto a Salgado y Paco Vázquez.
El Bilbao Basket no tardó en dar un golpe sobre la mesa. Lo que en otras ocasiones le había faltado, hacer valer una ventaja en torno a la decena de puntos, en esta ocasión no fue una carencia. Al contrario. El instinto depredador asomó y los hombres de negro dieron dos vueltas más a la tuerca para desolación del conjunto belga. Rotundos en ataque con Banic ya elevado a los altares, en defensa apenas se pudo poner algún pero. Instaurado el toque de queda en Charleroi, como en la actualidad sucede en los barrios más deprimidos de la capital valona por mor del abrumador incremento de la delicuencia callejera. El Spiroudôme enmudeció ante el festín vizcaíno, aplaudido incluso en los últimos lances del juego.
El último cuarto (7-23) fue un compendio de lo que Txus Vidorreta pretende. Un equipo agresivo, sin temor al error, consciente de lo que se trae entre manos, voraz al menor síntoma de debilidad rival. Y de paso incluyó un aviso en el lote: se recortan las rotaciones. Los cambios, como la tierra, para los que la trabajan. Aunque sería más justo decir que será para quienes aporten buenas cosechas, ya que nadie se arruga ante la faena.
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