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Bilbao Basket

EUROCUP | iurbentia

El iurbentia aparca sus últimas decepciones para embarcarse en un viaje a Charleroi que le devuelva las buenas sensaciones y el sabor de la victoria

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Orgullo y mucho más
El iurbentia ha llegado a Bélgica con la seguridad de poder exprimir su orgullo y calidad. / MITXEL ATRIO
Camino de Charleroi, un indicador anuncia el desvío para acceder a Waterloo. Los bosques aparecen difuminados por la lluvia, que no cesó de caer del cielo belga desde que ayer llegó el iurbentia a su siguiente estación de paso camino de Turín. Los ecos de una de las batallas imprescindibles en la historia, aquella en la que un combinado internacional liderado por Wellington con apoyo de los prusianos de Blücher le dieron para el pelo a Napoleón tras su fuga de la isla de Elba, no le eran ajeno a nadie. Por cien días se prolongaron las hostilidades. A cuarenta minutos quedarán reducidos, salvo prórroga, los mandoblazos que hoy se repartan en el Spiroudôme los líderes del grupo y un Bilbao Basket que no había erradicado todavía de sus comentarios la cantada protagonizada frente al Granada.
Quieren construir desde los cimientos de una semana particularmente dura -dos derrotas por una desventaja total de tres puntos- una nueva dimensión que apacigüe los ánimos y abone con un compuesto más longevo el germen de la temporada. Que se sepa no se ha secado, aunque su floración pueda llegar retrasada.
Lo mejor es mirar adelante. No olvidar, pero tampoco conduce a nada la flagelación multitudinaria. Está en juego tensar la recta final del Top-16 o conducirla a un paso fronterizo en el que presentarse con todos los papeles en regla. Perder esta noche en un abarrotado Spiroudôme supondría un camino sin retorno. Con el Charleroi con pie y medio en la Final a Ocho, al iurbentia no le quedaría otra que ganar el resto: a los belgas y lituanos en La Casilla y al Dragons en Artland.
Pero el optimismo debe ser la bandera impregnada de orgullo y mucho más. Del escozor de la derrota ante Granada se sacó la mejor de las moralejas: ganando hoy se sentirá exactamente lo contrario. Y se puede hacer porque el Spirou no ha estado particularmente brillante en sus comparecencias en el 'Last 16'. Sufrió para hacer valer el factor cancha ante el Lietuvos y aprovechó su buen comienzo para mantener las riendas sujetas en su visita a los germanos. Compulsadas las plantillas, nada hace pensar en que sea una misión imposible clavar una pica en las tierras de los carolos, que llevan invictos en el Spiroudôme desde el 15 de marzo de 2008 cuando cayeron con el Bree, ahora en Segunda.
Una sorpresa
Además, la última hora del Spirou -que toma el nombre del botones del Hotel Moustique, amigo de Fantasio y dueño de Marsupilami, personaje de cómic nacido en la década de 1930- no juega en contra de los hombres de negro. Matt Walsh es baja segura y Gerrit Major no apuesta por llegar a tiempo para ayudar a su equipo por sus problemas de espalda. Además, hasta ayer no pudieron pisar los de Anzulovic el Spiroudôme al estar ocupado por un evento privado. A su favor destaca que este fin de semana han descansado en la Liga, lo que ha derivado en un mayor tiempo de preparación de este choque. El encargado del 'scouting' del Charleroi paseaba ayer con seis discos con imágenes de los partidos del iurbentia.
La llegada poco antes de las 20 horas al precioso complejo deportivo belga -se han vendido las 6.300 entradas- incluyó una sorpresa. En la cancha, junto a Anzulovic y sus hombres, una figura de prestigio: la del seleccionador croata Jasmin Repesa. Hace algo más de un mes que rescindió su contrato con la Lottomatica de Roma y pasa ahora unos días en Charleroi invitado por su amigo Anzulovic, al que parecía estar echando una mano en la sesión de ayer. «¿Qué haces aquí?», le espetó Banic antes de plantarle dos besos. «Ya ves, no puedo estar sin vosotros», contestó el viejo caimán.
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