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Sociedad

09.02.09 -

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«Los Estados hacen la guerra, pero también la guerra hace Estados», escribió el historiador Charles Tilly. Desde los siglos XVI y XVII, las batallas se hicieron cada vez más cruentas; los enfrentamientos, cada vez más largos, y los esfuerzos requeridos a los contendientes, cada vez mayores. La Rusia de Pedro I, por ejemplo, llegó a dedicar el 85% de su presupuesto a estos fines, mientras que la Prusia de Federico el Grande tenía un soldado por cada 27 habitantes.
Ante esta situación, las potencias de la época tuvieron que esforzarse más y más por reclutar los soldados necesarios y obtener suficientes recursos económicos para mantenerlos. Registros de población cada vez más exhaustivos, servicios militares que alcanzaban los 25 años de duración, como en el caso ruso, e impuestos cada vez más gravosos ayudaron a que el Estado se convirtiera en lo que es hoy. De la sangre, sudor y lágrimas de miles de personas surgió, para bien o para mal, el germen de la gigantesca estructura administrativa actual.
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