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Sociedad

GENERAL

Quienes han rechazado el piso al no poder acceder a una hipoteca lamentan haber perdido una oportunidad única
09.02.09 -

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¿Se imagina que le toca la lotería y no puede cobrar el billete? Con todas las salvedades que se quieran, en los casos que se exponen a continuación sucede algo parecido. Sus 'afortunados' protagonistas fueron agraciados con un piso protegido, pero se han visto obligados a decir 'no' porque no encuentran un solo banco con el que hipotecarse para toda la vida.
Son mileuristas, algunos con trabajo fijo, pero también nuevos parados. De cualquier manera, 'proscritos' para las ahora tan conservadoras entidades financieras, que no les fían o les dibujan un panorama tan crudo que les obliga a echarse para atrás. A punto de cumplir los treinta -la edad a la que la gente que puede se emancipa en estos tiempos-, y de ahí para arriba. Parejas jóvenes, madres solteras y padres de familia que viven de alquiler o en el hogar paterno y que presienten que acaban de perder un tren para el que había pocos billetes a la venta. «Con lo difícil que es que te toque una VPO... ¡Y encima tenemos que rechazarla! Era una oportunidad única», se lamentan con razón.
«ME DIJERON QUE LO TENÍA REALMENTE JODIDO»
Dice Iñaki S. que disfruta de «una infancia eterna». Muy a su pesar. «Tengo 27 años y todavía duermo en el mismo cuarto que cuando era un crío». Este joven fresador con empleo fijo y un sueldo de mileurista vio en el sorteo de viviendas tasadas que celebraban en la ciudad vizcaína de Orduña una buena oportunidad para empezar por su cuenta. Su nombre salió el sexto entre catorce agraciados y eligió un piso de 210.000 euros.
Con su nómina y miles de planes de futuro se plantó en su banco «de toda la vida», donde no tardaron en echarle abajo el ánimo. «Me dijeron que estamos en crisis y que lo tenía realmente jodido. Me desaconsejaron comprarlo porque la propuesta era pagar 900 euros al mes durante cincuenta años. ¡Pero si yo gano mil euros! Eso no es un préstamo, es una sentencia», denuncia Iñaki, y se acuerda de una pareja amiga suya «con empleo los dos, a los que tampoco les concedieron un crédito hipotecario porque trabajaban en la misma empresa».
Se queja de que «el banco no se casa ni con Dios» y le parece «una vergüenza» que «los pisos protegidos sean tan caros y se tengan que volver a sortear porque la gente los rechace por problemas económicos». «Están jugando con nuestros sueños», se duele.
«YA IBA CON EL 'NO', PERO ME HAN DECEPCIONADO»
La tercera bola del bombo en el sorteo de 46 viviendas tasadas de la localidad vizcaína de Zaldibar llevaba el nombre de Alberto S., un treintañero del pueblo que lleva ocho años viviendo de alquiler. Trabaja en una fábrica y gana 1.100 euros al mes, un sueldo ajustado que no le permite grandes dispendios. Por eso, y aunque podía elegir cualquiera, escogió un piso de los pequeños, de 42 metros cuadrados con una sola habitación. Salía por unos 150.000 euros -«carísimo», critica- y le daban una semana para pensárselo. No necesitó ni dos días. «Ya iba con el 'no' pero me presenté en el banco a ver qué me decían». Relata que los responsables de la entidad financiera «estuvieron haciendo sus cálculos» y le desaconsejaron pedir el crédito. «Me dijeron que me lo pensara mucho, que con lo que gano apenas me iba a quedar nada de sobra. No tenía muchas esperanzas, pero me decepcionaron». Así que antes de recibir un 'no' rotundo se echó para atrás. «Total, al final tampoco me lo iban a dar. Si ganase 1.800 euros...».
«TENDRÉ QUE SEGUIR VIVIENDO EN ESTA CAJA DE CERILLAS»
Como los sobres de publicidad que se tiran a la basura casi sin abrir, con este ánimo recibió Ángel Manuel C. la misiva con sello del Ayuntamiento de Vitoria en la que se le informaba de que había resultado adjudicatario de una VPO municipal. Una de las 736 que se han levantado en Borinbizkarra, Elejalde y Zabalgana norte y para las que se recibieron más de 13.500 solicitudes. No sabe cuál es la suya ni lo que cuesta. «Me parece que tenía tres habitaciones», es lo único que recuerda de las líneas que leyó este ecuatoriano de 44 años pero con nacionalidad española, casado y con cuatro hijos.
Tampoco se ha preocupado de saber más porque va a tener que rechazar la casa. «Trabajaba en la construcción pero estoy sin empleo desde noviembre, cuando se sortearon los pisos. Con mis condiciones es imposible que el banco me dé un crédito, cada vez que pienso en ello...», se lamenta Ángel Manuel, resignado a seguir viviendo en «la caja de cerillas» en la que habita con su familia y por la que paga unos 400 euros, «más calefacción, luz...»
Ahora mira con envidia sana a su Ecuador natal. «Allí las cosas están mejor que cuando vine, hace diez años, pero mis hijos se han criado aquí». Sin recursos económicos para mudarse a un nuevo hogar más espacioso, Ángel Manuel se encomienda «a la fe y a la esperanza».
«PODRÍAN ALQUILAR LOS PISOS QUE NO SE VENDAN»
Alicia S. es una trabajadora afectada por un expediente de regulación de empleo que le ha dejado el sueldo en 1.000 euros pelados. En el sorteo de 14 viviendas tasadas en el centro de Orduña se quedó a las puertas, en la lista de espera, pero hubo tantas renuncias que al final le tocó el turno.
Le ofrecían una buhardilla de dos habitaciones por la que le pedían casi 163.000 euros. En otras circunstancias casi le habría parecido barato, pero no en las suyas. Con su nómina recortada por el ERE, bien entrada en la treintena y madre soltera «¿qué esperan en el banco, que tenga un estupendísimo aval por detrás?», se pregunta. Segura de que no le van a dar el crédito, ni lo ha pedido.
La situación le provoca «desesperanza» y busca una alternativa. Entonces mira al Ayuntamiento. «Ya que está renunciando tanta gente podían sacar estos pisos de alquiler», propone esta vecina de la localidad, consciente de que su sugerencia caerá casi seguro en saco roto.
«NOS PEDÍAN EL 30% AL FIRMAR EL CONTRATO»
A Ainara M. y a su novio les ha tocado un piso en el peor momento. Ella trabaja, pero a su pareja, que ha vuelto a estudiar, se le ha acabado el paro. Y en éstas les llega la 'buena nueva': han resultado adjudicatarios de una vivienda tasada de algo más de 250.000 euros en el centro de Zaldibar.
«Nos exigían pagar un 30% al firmar el contrato, pero ¿quién nos va a dar el dinero?. En las condiciones en las que estamos no nos van a conceder el crédito, así que nos hemos echado para atrás por miedo a no poder pagar luego la hipoteca».
Ainara, que tiene 25 años, los mismos que su compañero, no oculta la «rabia» que le da dejar pasar «esta oportunidad». «Vale que el piso no era una ganga, pero tampoco valía 60 millones. Lástima que nos haya tocado en un momento tan malo...», lamenta la joven, que esperará a la siguiente oportunidad en el hogar paterno. Al traste con los planes de vivir en pareja.
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