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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

Vizcaya

08.02.09 -

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U n grupo de cocineros vizcaínos ha pasado unos días en Japón celebrando un encuentro gastronómico organizado por el Ayuntamiento de Bilbao. La idea era promocionar las virtudes culinarias de la villa y que nuestros chefs intercambiasen conocimientos con sus colegas nipones. Los cocineros del Yandiola, el Azurmendi, el Aizian, el Gaminiz, el Mina y el Guggenheim han viajado a Kioto para imbuirse de la sabiduría culinaria oriental y para iniciar a los japoneses en los secretos de la cocina vasca.
O sea, que hemos tenido a la gastrocracia de la provincia en Japón, en plan Erasmus. ¿Y qué han hecho por allí? Pues cosas japonesas, japonerías. Nada más llegar fueron a comprarle cuchillos al maestro Masaharu Morimoto. Después visitaron al maestro Yoshihiro Murata. En Japón abundan los particulares a los que se les otorga el título de 'maestro'. Ocurre lo mismo entre los sevillanos del barrio de Triana, curiosamente.
El fin de fiesta tuvo lugar ayer con una sesión en la que los vizcaínos realizaron recetas vascas utilizando técnicas japonesas. Lo hicieron en una Academia Gastronómica y causaron gran efecto. Cómo para no causarlo. Según parece, uno de los nuestros se dedicó a inyectar caldo concentrado de txipiron en un huevo. La alta cocina, en fin, es una disciplina extraña.
Parece que la experiencia japonesa ha sido un gran éxito. Lo celebramos, aunque es el viaje de vuelta lo que nos da más miedo. El vuelo desde Japón es largo y nuestros chefs son tipos propensos a la ensoñación, las metáforas y el pensamiento arborescente. Ya les veo en el avión, planeando nuevas recetas al tiempo vascas y orientalizantes: sushi al pil-pil, marmitako zen, merluza sintoísta, sardinas de Santurtzi a la Matsuo Basho.
Es un mundo raro el de la gastronomía de élite. Raro y bastante absurdo. En casa del maestro Morimoto nuestros muchachos comieron semen de ballena y pez venenoso. Yo creo que Juan Bas coge esta expedición culinaria, le añade una banda de samuráis locos, un compositor de haikus adicto al sake, cinco yakuzas y cien o doscientas geishas y se marca la novela del año.
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