Danilo Caldiroli, director general de Italco, sociedad con la que el Grupo Zegna opera en España, se reunió a finales del pasado octubre en Bilbao con los responsables de la tienda de Marqués del Puerto. El ejecutivo italiano vino con las ideas claras: «Nos dijeron lo que iban a hacer, pero no cuándo», afirma Iñaki García, director del establecimiento. La suerte estaba echada antes del desplome de las ventas. Zegna sentenció la defunción de un comercio que desembarcó en la villa hace más de diez años atraído por el brillo del Guggenheim.
Por aquella época, el negocio del lujo en Bilbao se limitaba a las tiendas de toda la vida. Fundamentalmente, Veritas, atendida por la empresaria Isabel Fica y su difunto marido, Ramón Armentia; Begoña Aguirre, que durante años ofreció a la clientela bilbaína lo mejor de Yves Saint Laurent; y, por supuesto, el gran clásico del lujo español: Loewe. Y poco más.
Sin embargo, la apertura del museo de Frank Gehry fue un estímulo para la moda dirigida a un público de alto poder adquisitivo. Favorecida por un clima de absoluta bonanza económica, la ciudad se convirtió en una especie de 'monopoly' y se inundó de marcas exclusivas. Llegaron Calvin Klein, La Perla, Carolina Herrera, Gucci, Donna Karan, Hugo Boss, Custo, Max Mara, Loewe hombre -que ha cerrado para concentrar la oferta en la tienda de Moyua- recientemente Louis Vuitton... Colonizaron fundamentalmente la zona bautizada como la 'milla de oro', el triángulo formado por la Gran Vía, Marqués del Puerto y Elcano. No obstante, algunas firmas ejercieron de visionarias y eligieron la arteria que enfila desde Gran Vía al Sagrado Corazón.
Este tramo, despoblado de escaparates hasta bien entrada la mitad de los noventa, se ha convertido en el más cotizado. Del mismo modo que algunas tiendas logra ron consolidarse, el paso de otras por la ciudad fue efímero. Calvin Klein y la marca de lencería La Perla aguantaron sólo seis años. La misma mala suerte corrió Bonaventure, que ocupó uno de los escaparates más espectaculares de Moyua.
Las tres plegaron velas por el mismo motivo: las bajas ventas derivadas del pronunciado descenso de turistas a raíz de la ruptura de la tregua de ETA en 2006. «Los clientes extranjeros son fundamentales para garantizar la pervivencia del comercio de lujo en Bilbao», alegó la relaciones públicas de La Perla, Silvia Escobar, para justificar la marcha. En el caso de Zegna se ha añadido un motivo preocupante: la crisis económica, que ha trasladado un ambiente de total desánimo al consumidor. «Las clientas se lo piensan ahora mucho a la hora de comprar. Antes, entraban y se llevaban lo que les gustaba sin mirar los precios», explica Carmen Andrés, propietaria de la zapatería Choses de Femme, con un surtido tan caro como selecto: Dolce&Gabbana, Jil Sander, Stella McCartney, Dsquared2...«Ahora, igual acaban comprando, pero lo primero que oyes es 'me lo voy a pensar'», subraya.
Patricia Álvarez, de Moca, cree que las tiendas más exclusivas se enfrentan a un triple problema a cuenta de la recesión. «Hay gente que ha perdido la confianza, otros han perdido, efectivamente, parte de su poder adquisitivo y hay quienes manteniéndolo no se atreven a comprar lujo porque no está muy bien visto». Sea por lo que fuere, los negocios más selectos reciben golpes por todos los lados. «El impacto se ha notado, se nota y más que se va a notar», sentencia Isabel Fica. «Ha sido un invierno duro. No se ha ganado dinero». La empresaria que introdujo en Bilbao a Armani y Valentino pone fecha a esta travesía: «Nos esperan dos años muy difíciles». La dueña de Veritas se muestra optimista, aunque tiene clara una cosa: «En el lujo sólo sobrevivirán las empresas fuertes y muy asentadas económicamente», razona.
«2009, aún peor»
Juega a su favor el perfil femenino de su clientela. Andrés, Álvarez y Fica coinciden en que «es más difícil que una mujer deje de comprar que un hombre». Tienen en contra los altísimos alquileres de la ciudad, que obligan a desembolsar a algunos empresarios casi 30.000 euros mensuales sólo por levantar cada día las persianas de sus comercios en el tramo más céntrico de la Gran Vía.
Si el pasado fue para Zegna un año para «olvidar», 2009 se presenta «aún peor», según Carmen Andrés. Isabel Fica compara el actual clima con «el vivido hace quince años». Por eso cree que hay que aprender de entonces «y trabajar más. Hay que estar al pie del cañón, acudir a todas las ferias...» Alexander Izaguirre, delegado de Hugo Boss, coincide con Fica en que la clave radica en el desarrollo de «una buena gestión», tanto cuando «las cosas van bien como cuando van mal». Su tienda ha notado «un poco» la crisis, sin registrar «una caída en picado» de las ventas. Izaguirre sostiene que hay que redoblar esfuerzos «y tomar medidas» en los momentos más complicados. «El vendedor debe mejorar su persuasión, hay que jugar con las promociones...».
Aunque la situación no es fácil, nadie quiere ver el futuro de color negro: «Tampoco hay tantas tiendas de lujo en Bilbao, y las que hay están muy consolidadas», dice Álvarez. «En cuanto escampe, seguro que vuelve a haber más aperturas que cierres», pronostica Andrés.