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Vizcaya

08.02.09 -

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La escena sucedió hace unas semanas en un conocido restaurante de Bilbao donde comieron dos amigas. Nada más sentarse, una de ellas exclamó: «¡Me he comprado un bolso!». No se trataba de un bolso cualquiera. Lo acababa de adquirir en Louis Vuitton, la firma líder del lujo mundial y la última, por el momento, en aterrizar en la capital vizcaína. Sin embargo, ninguno de los comensales cercanos a la mesa de estas mujeres llegó a ver el complemento de marras, según cuenta una reconocida empresaria de la moda bilbaína. El accesorio permaneció durante toda la comida dentro de la misma bolsa en la que salió de la tienda.
Su dueña «no se atrevió a sacarlo». Patricia Álvarez comprende este tipo de actitudes. «Está mal visto derrochar», argumenta. Asegura que la nueva coyuntura económica ha acabado con «los excesos» y que se impone un lujo «razonable y austero».
A su juicio, hay mucha gente a la que la crisis no le afecta en absoluto y, por tanto, no debería tener «ningún miedo» a gastar. Pero muestra, en cambio, «cierto pudor» por exhibir estos artículos. «Les da como cargo de conciencia». Más que por el diseño o el nombre de la firma, aventura la dueña de Moca, el cliente de estas tiendas se va a decantar por un lujo «racional» que reivindica la calidad «en detrimento del logo». «La gente de dinero va a seguir comprándose cosas carísimas y bolsos de cocodrilo de 6.000 euros, pero va a valorar, sobre todo, la calidad de artículos que no den el cante», sostiene.
«Más liquidaciones»
Es un lujo, en definitiva, discreto, con el que muchos intentan pasar de puntillas. «Se acabó lo de comprar por comprar», argumenta. En Veritas, cuya propietaria acaba de regresar de los desfiles de París y Milán, también aprecian «cambios notables» en los comportamientos de su clientela. «Este año ha habido gente que nos venía diciendo 'voy a esperar a las liquidaciones'. Han sido un poquito más amplias», asegura.
De hecho, hay un dato que explica la pérdida de peso del «cliente esporádico», afectado por el frenazo económico. Las mejores ventas se registraron en los primeros compases de la temporada, entre septiembre y octubre, por parte de un público que no necesita esperar a las rebajas. «Entonces no se notó casi nada la crisis. Fueron meses buenos», dice Patricia. Izaguirre discrepa de este criterio. Asegura que la crisis se ha cebado también con «los que más tienen, por ejemplo con empresarios de la construcción, porque son los que más han perdido». El delegado de Boss coincide con Isabel Fica en que el negocio de la moda «va por ciclos. Cerrarán unos y abrirán otros. La marcha de Zegna no debe significar nuevos cierres», confían.
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